La Biblia dice en el Salmo 96:

Cantad a Jehová cántico nuevo; cantad a Jehová, toda la tierra. 2 Cantad a Jehová, bendecid su nombre; anunciad de día en día su salvación. 3 Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas. 4 Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; temible sobre todos los dioses. 5 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; Pero Jehová hizo los cielos. 6 Alabanza y magnificencia delante de él; poder y gloria en su santuario. 7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, dad a Jehová la gloria y el poder. 8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios. 9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra. 10 Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia. 11 Alégrense los cielos, y gócese la tierra; brame el mar y su plenitud. 12 Regocíjese el campo, y todo lo que en él está; entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento, 13 Delante de Jehová que vino; porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.

Introducción

El salmo noventa y seis coincide con la segunda parte del canto que los hebreos entonaron cuando el arca del pacto fue trasladada a Jerusalén en la época de David. El relato completo lo encontramos en el 1º libro de las Crónicas 15:1-16:43 y el salmo lo encontramos en la sección de 1º de Crónicas 16:23-33.

Por esa razón algunos piensan que el salmo servía para conmemorar el traslado del arca del pacto a Jerusalén, un evento que es recordado recitando del salmo veinticuatro en el que encontramos la jubilosa celebración por ese gran evento que David celebró de manera fastuosa con gran júbilo y regocijo.

Colocar al salmo noventa y seis en ese contexto histórico nos permite apreciar mejor el sentido que tiene y los vehementes llamados que encontramos en estos versos para rendirnos incondicionalmente al Señor que se presenta también como el gran Juez.

Son trece versos donde encontramos llamados a cantar a Dios, proclamar su salvación, a darle poder y gloria, a entregarle la honra debida a su nombre, a llevarle ofrenda y llegar ante su presencia con mucha reverencia y respeto, reconociendo su calidad de Juez de toda la tierra que ha de premiar y castigar con justicia y verdad.

El evento que David celebraba lo llenaba de emociones encontradas. Al fin había cesado la persecución de Saúl sobre su vida, terminaba una larga etapa en la que huía sin ser culpable de nada, tenía ahora la posibilidad de adorar a Dios como siempre lo había deseado y sobre todo instalaría un altar para exaltar a quien lo sostuvo en la persecución.

Había reunido a muchos levitas, a cantores, a sacerdotes para entronizar al Señor que representado en el arca del pacto, ahora moraría entre los hebreos que harían de Jerusalén la morada del Dios altísimo. No era un evento menor, ni mucho menos sin importancia. Era todo un suceso y por eso llama a todos a entregarle al Creador un nueva canción.

Por fin había terminado el deambular del arca del pacto, luego de que fue construida por Moisés y recorrió el desierto, estuvo en casa de Obed-Edom, luego en Hebrón y finalmente en Jerusalén. Dios entre los judíos merecía un canto nuevo, merecía una adoración renovada. Dios merece siempre una adoración fresca, un nuevo canto.

Salmo 96: Señor, refresca mi alabanza siempre

A. Porque lo hago de día en día para proclamar tu gloria
B. Porque tu eres grande
C. Porque la creación de adora sin cesar
D. Porque juzgas con justicia y verdad

El salmo no tiene inscripción que permita conocer a su autor o el momento en que fue escrito. Nos hemos remitido al libro de Crónicas para conocer el tiempo en que fue utilizado, y muy probablemente haya sido escrito por David, pero eso no podemos asegurarlo porque no hay inscripción alguna.

Lo que sí sabemos es que es un llamado a cantar con mucho júbilo, una santa convocatoria para celebrar alegremente el hecho de la presencia de Dios entre su pueblo y una ordenanza para hacerlo con la mejor de las actitudes.

A. Porque lo hago de día en día para proclamar tu gloria

Del verso uno al verso tres nuestro salmo dice de la siguiente manera:

Cantad a Jehová cántico nuevo; cantad a Jehová, toda la tierra. 2 Cantad a Jehová, bendecid su nombre; anunciad de día en día su salvación. 3 Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas.

En estos tres versos encontramos seis mandamientos relacionados con la exaltación a Dios. Tenemos tres veces la orden de cantar y una vez bendecid, anunciad y proclamad, respectivamente. Entendemos que el autor nos llama a cantar a Dios. Lo hace pidiéndonos que lo hagamos con una canción nueva.

La palabra nuevo en el hebreo “chadash” se traduce también como renovar, hacer de nuevo y reparar. Es decir la idea que el salmista está comunicando es que la exaltación a Dios debe renovarse, repararse y/o refrescarse para estar a tono con la nueva realidad que estaba viviendo con respecto al arca del pacto.

Dios merecía una alabanza distinta a la que se le había dado hasta antes de que el arca estuviera entre ellos en el lugar que según los judíos conectaba con la divinidad, Jerusalén, que unos cientos de años antes fue escenario de uno de los grandes eventos de adoración del patriarca Abraham que en obediencia a Dios sacrificaría a su hijo, pero Dios lo evitó.

En el monte Moriah, el mismo donde ahora reposaba el arca del pacto, fue el lugar donde el Señor mismo preparó el sacrificio que Abraham le ofreció y ahora con la presencia de Dios mismo representado en el arca del pacto debían revisar la forma en que le cantaban a Dios y debían ofrecerle una canto nuevo, un canto renovado, un canto refrescado.

Dios era y es merecedor de un canto nuevo que bendiga, anuncie y proclame su nombre entre todos los pueblos de la tierra.

B. Porque tu eres grande

Del verso cuatro al ocho encontramos lo siguiente en nuestro salmo:

Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; temible sobre todos los dioses. 5 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; Pero Jehová hizo los cielos. 6 Alabanza y magnificencia delante de él; poder y gloria en su santuario. 7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, dad a Jehová la gloria y el poder. 8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios.

Dios merece una alabanza y adoración digna de su grandeza. El salmista dice que es merecedor de suprema alabanza. Esta frase suprema alabanza es reiterativa en el libro de los salmos. La palabra supremo que utiliza la versión Reina Valera procede de la raíz hebrea “meod” que intensifica el sentido de otras palabras que acompaña.

En este caso la alabanza a Dios debe ser grande, poderosa, estruendosa, intensa. En otras palabras al decir que es digno de suprema alabanza, lo que está diciendo es que si vamos a adorar al Señor lo debemos hacer intensamente. No de manera ordinaria.

Si le vamos a cantar una hora que sea con toda intensidad. La palabra alabanza que traduce la Reina Valera 1960 procede de la raíz hebrea “halal” que significa brillar. La frase entonces quiere decir que al adorar a Dios lo debemos hacer tratando de intensificar su magnificiencia y majestad.

En otras palabras es resaltar con toda intensidad lo que representa su persona. Mostrarlo a todos, presentarlo en su máxima expresión. El salmista hace esta petición porque ningún Dios como el de Israel fue capaz de sacarlos de la esclavitud y plantarlos en la tierra que había prometido a los patriarcas.

La llegada del arca del pacto a Jerusalén era la confirmación de lo que les repitió una y otra vez que estaría con ellos y que los llevaría a la tierra que fluye leche y miel y hasta que estuvieron todos ellos instalados, entonces su presencia representada en el arca del pacto llegó a Jerusalén. Ningún dios como el Señor. Él es temible.

Esta palabra nos lleva a pensar en el miedo, el terror por algo que nos impresiona. Dios es impresionante en su esencia, pero cuando obra poderosamente, entonces, nos muestra su naturaleza y no tenemos alternativa más que honrarlo, respetarlo y venerarlo como traduce la versión hebrea de los salmos.

C. Porque la creación te adora sin cesar

Los versos nueve al doce encontramos las siguientes palabras:

Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra. 10 Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia. 11 Alégrense los cielos, y gócese la tierra; brame el mar y su plenitud. 12 Regocíjese el campo, y todo lo que en él está; entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento.

La tierra, los que en ella habitan y la naturaleza rinde tributo a Dios siempre. Los hombres celebramos a Dios reconociendo que reina y gobierna de tal manera al mundo que nosotros debemos imitar a la creación que de día y de noche bendice la grandeza de Dios y reconoce la hermosura de su santidad.

La naturaleza es convocada a participar de la adoración a Dios porque fue su autor afirmó al mundo y por lo tanto no será conmovido. Otras versiones dicen que colocado al mundo con tal firmeza que nadie lo mueve. La creación con sus cielos, tierra y mares se suman con regocijo a esta celebración.

Es interesante notar que el salmista convoca a todos a cantarle al Señor un canto nuevo, un canto renovado para celebrar su grandeza incomparable porque el gobierna el mundo y nada escapa de su conocimiento.

D. Porque juzgas con justicia y verdad

El verso trece de nuestro salmo dice de la siguiente manera:

Delante de Jehová que vino; porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.

La presencia de Dios entre el pueblo de Israel era y será la señal inequívoca que tiene todo el derecho de juzgar a la humanidad. Se trata de uno de sus grande atributos: Juez de toda la tierra. Dios se manifestó a través de Israel y va a premiar y castigar al mundo con dos forma o de dos formas: con su justicia y con su verdad.

Adoramos a Dios porque estamos convencido de que él juzgará a las naciones con dos recursos. Su justicia y su verdad.

La palabra justicia tiene el sentido de hacerlo en función de un juez en un tribunal que recibe a un acusado y luego de revisar las acusaciones y las pruebas lo declara culpable o inocente. Esa expresión es la que más se utiliza tanto en el Antiguo como Nuevo Testamento para hablar de la facultad de Dios para castigar o premiar.

Pero Dios no solo juzga con su justicia, sino también con su verdad. Dios habla verdad siempre. Nunca habla mentiras. Los hombres serán juzgados por la verdad de Dios, una verdad que se puede conocer de dos formas. A través de la naturaleza o la creación que revelan claramente la existencia de un Creador.

Pero también a través de su palabra revelada que nos muestra a un Dios que tiene un propósito y objetivo a través de todo lo que hace. En su revelación escrita encontramos su voluntad, descubrimos lo que aborrece y aprendemos a seguir la ruta que quiere que caminemos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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