La Biblia dice en el Salmo 97:

Jehová reina; regocíjese la tierra, alégrense las muchas costas. 2 Nubes y oscuridad alrededor de él; justicia y juicio son el cimiento de su trono. 3 Fuego irá delante de él, y abrasará a sus enemigos alrededor. 4 Sus relámpagos alumbraron el mundo; la tierra vio y se estremeció. 5 Los montes se derritieron como cera delante de Jehová, delante del Señor de toda la tierra. 6 Los cielos anunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria. 7 Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, los que se glorían en los ídolos. Póstrense a él todos los dioses.8 Oyó Sion, y se alegró; y las hijas de Judá, oh Jehová, se gozaron por tus juicios. 9 Porque tú, Jehová, eres excelso sobre toda la tierra; eres muy exaltado sobre todos los dioses. 10 Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; Él guarda las almas de sus santos; de mano de los impíos los libra. 11 Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón. 12 Alegraos, justos, en Jehová, y alabad la memoria de su santidad.

Introducción

Este salmo es una reiteración del reinado de Dios sobre el mundo. Desde el salmo noventa y tres encontramos la frase “Dios reina”. Lo subrayan el noventa y cinco, noventa y seis, este noventa y siete que vamos a meditar este día, noventa y ocho, noventa y nueve y el cien.

Todos estos salmos tiene como finalidad enfatizar que Dios reina. Entre el pueblo de Israel la idea de un Dios que gobernaba por encima de todas las naciones era una enseñanza que debía retener y para ello era necesario o indispensable la repetición de una verdad que servía para afrontar la realidad que enfrentaban.

Con suma facilidad uno olvida que hay un Ser que controla todas las cosas, cuando la adversidad, los problemas y dificultades se multiplican. Esta serie de salmos sirven para recordarnos que este mundo y en consecuencia nuestra vida, no se gobierna por sí mismo o accidentalmente. Siempre hay alguien dirigiéndolo.

Este salmo que hoy meditaremos tiene como finalidad mostrarnos la manifestación de Dios en la naturaleza. Solo los judíos pueden “presumir” que el Dios del cielo y la tierra los visitó en la antigüedad. En el monte Sinaí, el Señor se manifestó con todo su poder y eso es lo que describe este salmo en sus primeros seis versos.

Salmo 97: Señor, ayúdame a amar tu reino
A. Porque cuando aparezca no quiero ser avergonzado
B. Porque necesito aborrecer el mal para verlo

Los primeros seis versos de este salmo dicen de la siguiente manera:

Jehová reina; regocíjese la tierra, alégrense las muchas costas. 2 Nubes y oscuridad alrededor de él; justicia y juicio son el cimiento de su trono. 3 Fuego irá delante de él, y abrasará a sus enemigos alrededor. 4 Sus relámpagos alumbraron el mundo; la tierra vio y se estremeció. 5 Los montes se derritieron como cera delante de Jehová, delante del Señor de toda la tierra. 6 Los cielos anunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria.

Esta descripción corresponde al día cuando Dios le entregó la Torá a los judíos en el monte Sinaí. En esa ocasión Dios descendió sobre la tierra y mostró su grandeza e inmenso poder, de tal manera que los judíos quedaron completamente pasmados, anonadados e impresionados que le pidieron a Moisés que solo él tratara con el Señor.

El relato de ese día quedó plasmado en el libro de Éxodo 19: 16-19 que dice de la siguiente forma en la versión Dios Habla Hoy:

16 Al amanecer del tercer día hubo relámpagos y truenos, y una espesa nube se posó sobre el monte. Un fuerte sonido de trompetas hizo que todos en el campamento temblaran de miedo. 17 Entonces Moisés llevó al pueblo fuera del campamento para encontrarse con Dios, y se detuvieron al pie del monte. 18 Todo el monte Sinaí echaba humo debido a que el Señor había bajado a él en medio de fuego. El humo subía como de un horno, y todo el monte temblaba violentamente.19 El sonido de trompetas fue haciéndose cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le contestaba con voz de trueno.

El autor del salmo noventa y siete lo retoma para mostrar la clase de Dios que los hebreos tiene y que su reinado es sin igual, incomparable y grandioso. Tan solo una muestra, una pequeña muestra de su inmenso poder, los dejó perplejos y hasta asustados y por eso al recordar ese glorioso evento el salmista les dice que Dios se manifiesta no para infundir miedo.

La manifestación de su presencia la hace para separar, distinguir y dividir a quienes siguen a otros dioses y a quienes lo aman. El sentido del salmo es justamente mostrar a Dios con todo su poder y catalogar con toda precisión quienes son sus adversarios y quienes son los que le aman.

A. Porque cuando aparezcas no quiero ser avergonzado

Del verso siete al verso nueve encontramos las siguientes palabras del salmista:

7 Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, los que se glorían en los ídolos. Póstrense a él todos los dioses.8 Oyó Sion, y se alegró; y las hijas de Judá, oh Jehová, se gozaron por tus juicios. 9 Porque tú, Jehová, eres excelso sobre toda la tierra; eres muy exaltado sobre todos los dioses.

La presencia de Dios en el monte Sinaí supuso el fin de la idolatría entre el pueblo de Israel, pero ocurrió justamente lo contrario, luego de recibir los diez mandamientos Moisés fue requerido por Dios de nueva cuenta en el monte Sinaí para recibir la Torá hebrea y durante su ausencia los israelitas se hicieron un becerro de oro.

La palabra “avergüencense” procede de la raíz hebrea “bosh” y significa confusión, ridículo y pena. Esa será la experiencia que tuvieron y vivieron los judíos en relato que el libro de Éxodo hace cuando Moisés retornó de su encuentro con Dios en el monte Sinaí, ya que fueron grandemente reprendidos.

Así lo relata el libro de Éxodo 32: 30-35 en la versión Dios Habla Hoy:

Al día siguiente, Moisés dijo a la gente:
—Ustedes han cometido un gran pecado. Ahora voy a tener que subir a donde está el Señor, a ver si consigo que los perdone. 31 Y así Moisés volvió a donde estaba el Señor, y le dijo: —Realmente el pueblo cometió un gran pecado al hacerse un dios de oro. 32 Yo te ruego que los perdones; pero si no los perdonas, ¡borra mi nombre del libro que has escrito! 33 Pero el Señor le contestó: —Sólo borraré de mi libro al que peque contra mí. 34 Así que, anda, lleva al pueblo al lugar que te dije. Mi ángel te guiará. Y cuando llegue el día del castigo, yo los castigaré por su pecado. 35 Y el Señor envió una plaga sobre el pueblo por haber adorado al becerro que Aarón les hizo. El salmista recuerda ese relato para mostrar a los hebreos lo que sucederá los que ponen a cualquier cosa o persona antes que a Dios.

B. Porque necesito aborrecer el mal para verlo

Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; Él guarda las almas de sus santos; de mano de los impíos los libra. 11 Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón. 12 Alegraos, justos, en Jehová, y alabad la memoria de su santidad.

Aquí el salmista hace una clara diferenciación entre aquellos que no aman al Señor y se dejan seducir por los ídolos y aquellos que aman al Señor. ¿Cómo sabemos que amamos al Señor? Por el verso diez podemos contestar que se sabe que se ama al Señor si aborrecemos el mal. La palabra aborrecer tiene la idea de odiar la iniquidad.

Los que aman al Señor son santo, justos, y rectos ante el Creador. Para ellos que han renunciado a toda clase de ídolos y se han propuesto amar al Señor Dios les recuerda algunas promesas como por ejemplo que sus almas serán guardadas por Dios. Al final de cuentas lo más valioso es nuestro ser interior y no el cuerpo.

Les promete también que serán librados de la mano de los impíos. Su protección está asegurada a toda aquel que deja que Dios reine en su vida.

El verso once merece una atención especial porque es una promesa para los justos, piadosos, compasivos que se dejan dirigir por Dios: Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón. Hay una luz, la luz de Dios, no la luz natural, sino aquella que Dios ha establecido desde la eternidad para quienes caminan con el Creador.

En un mundo lleno de oscuridad que hace tropezar esta promesa nos hacen confiar en el Señor porque junto con luz nos asegura alegría, alegría entre tanta y tanta maldad como injusticia. La alegría es un don que Dios ha dejado reservado para todos los que no se doblegan ante los ídolos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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