La Biblia dice en el Salmo 110:

Salmo de David. Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 2 Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos. 3 Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud. 4 Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. 5 El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira. 6 Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; quebrantará las cabezas en muchas tierras. 7 Del arroyo beberá en el camino, por lo cual levantará la cabeza.

Introducción

El salmo ciento diez fue escrito por el rey David para ser utilizado en la ceremonia de coronación de los reyes subsecuentes a él. Algunos comentaristas dicen que posiblemente fue inspirado para la ascensión del rey Salomón, hijo de David, pero no tenemos mayor evidencia sobre ello. Lo que sí es muy cierto es que se usó para el día de toma de posesión.

Evidentemente, es un salmo mesiánico porque es citado en los evangelios por el propio Señor Jesucristo, luego por los apóstoles y la carta a los Hebreos lo utiliza ampliamente como argumento para señalar que Cristo cumplió cabalmente con todos los presupuestos para ser considerado como el Mesías del que habla ese salmo.

La idea que subyace en todo el salmo es la victoria aplastante de los reyes obtendría siempre y cuando asumieran con entrega y determinación consagrarse a Dios, algo que evidentemente no ocurrió, según nos relatan los libros de Samuel, Reyes y Crónicas donde muy pocos monarcas permitieron a Dios gobernarlos a ellos y luego a su pueblo.

David, entonces, inspirado por el Espíritu Santo escribe este breve, pero profundo salmo, para que la realeza hebrea pudiera tener en cuenta siempre que el triunfo absoluto sobre sus enemigos solo vendría como resultado de la obediencia y entrega total al Señor, asumiendo no solo su carácter de rey, pero también de sacerdote.

Aquí es muy interesante notar que no apela al sacerdocio aarónico, que estaba limitado exclusivamente a los descendientes de Aarón, el hermano de Moisés, sino al de Melquisedec, un personaje mencionado en el libro de Génesis y retomado por el autor de la carta a los Hebreos.

El rey que asumía el gobierno de Israel debía tener claro que su monarquía tenía una doble aspiración. Por un lado debía de ser un guerrero valeroso, pero por el otro lado debía de recordar su compromiso ante de Dios de acercar al pueblo ante su Creador.

La monarquía hebrea se diferenciaba de todas las existentes en esa época porque era una monarquía teocrática. Los reyes no gobernaban por sí mismos, debían gobernar bajo la tutela de Dios. David tuvo clara esta necesidad porque vivió la monarquía de Saúl que fue desechado y murió de una manera trágica.

David mismo fue rey y supo claramente que para gobernar al pueblo de Israel se necesitaba la dirección divina. El salmo los propios hebreos entendieron que apuntaba al Mesías, sin embargo fue escrito para rezarse, recitarse o repetirse en las ceremonias de consagración y ungimiento del rey para hacerles ver a la realeza davídica y al propio pueblo sus obligaciones.

Salmo 110: Señor, confío con toda seguridad en tu victoria
A. Porque harás de mis enemigos mi estrado
B. Porque te agradas de los sacrificios voluntarios
C. Porque tú no cambias
D. Porque tú juzgarás a la naciones

El rey de Israel que invocaba este salmo saldría triunfador ante sus adversarios por varias razones: la primera era que sus adversarios eran enemigos del Señor, la segunda que Dios pelearía con ellos y por ellos y en tercer lugar sería acompañado por su pueblo que se le entregaría voluntariamente.

De esta manera no debía tener la menor duda del triunfo, no debía tener temor ante el conflicto que encabezaría porque Dios le había prometido hacerlo no solo un rey guerrero, sino también una sacerdote que llevará al pueblo del Señor a su consagración y eso lo haría un vencedor.

A. Porque harás de mis enemigos mi estrado

Desde la Torá hebrea, escrita por Moisés, los hebreos supieron que llegaban a una tierra con vecinos malvados. Que si los dejaban sin desalojarlos los llevarían a la idolatría y debían combatirlos. La maldad era un distintivo de los pueblos que habitaban en la región de Israel y debían combatirlos.

El verso uno dice:

Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

El texto tiene varias connotaciones que saltan a simple vista y una de ellas es que Dios invita al rey a ponerse a su lado o diestra, una manera de expresar una invitación a compartir o departir con el poder del soberano hasta que sus enemigos quedarán por estrado de sus pies. Algunas versiones dicen tarima, otras escabel que es un taburete pequeño o banquillo que sirve para poner los pies cuando se está sentado.

La figura retórica de este verso nos hace comprender que el Señor le está prometiendo al rey una victoria completa, total, aplastante contra sus adversarios. Es un triunfo contundente e inobjetable sobre todos aquellos que se le opusieron y trataron de derrotarlo.

Hace ese ofrecimiento porque tiene la capacidad para lograrlo. No lo hace para ver si sucede o para ver si lo logra. No. Lo hace porque tiene la capacidad y la fuerza para hacer que los enemigos del monarca caigan rendidos sin posibilidad alguna de hacerle frente o al menos oponer resistencia.

La manera en que el rey logrará esa victoria radica, no en su propia fuerza, o capacidad, sino en que Dios le entregará la vara de poder. La palabra vara es traducida en otras versiones como “cetro” y “bastón de mando” y algunas más lo que hacen es llamarlo poder porque es la entrega del poder de Dios al rey.

B. Porque te agradas de los sacrificios voluntarios

Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud.

Lograr conjuntar la voluntad popular con la voluntad del gobernante es una de las máximas aspiraciones de reyes y gobernantes. Dios le promete al monarca tener un pueblo que se ofrece y se entrega de manera espontánea, es decir sin recurrir a la fuerza o violencia física para obligar a seguirlo.

La historia de Israel nos muestra que la voluntad popular no siempre estuvo con los reyes. Por ejemplo cuando murió Salomón, diez tribus abandonaron el pacto y se crearon un reino para ellos que se llamó el reino de Samaria y otras dos tribus quedaron en el sur y se conoció como el reino de Judá.

El salmista resalta aquí lo valioso que resulta siempre todo aquello que se hace de manera voluntaria. De hecho Dios se agrada de que se le dé lo que nazca de la voluntad de cada persona y no a la fuerza o presión de alguna sanción y castigo. Un rey que tiene el respaldo de su pueblo es un rey victorioso.

C. Porque tú no cambias

Los versos cuatro y cinco de nuestro salmo dicen así:

Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. 5 El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira.

Estos versos son los que comprometen al rey a estar completamente seguro de la victoria cuando, además de salir con valor y arrojo a la guerra, confía en que Dios pelea por su pueblo, siempre y cuando asuma su liderazgo entre Dios y su pueblo tal y como lo hizo Melquisedec.

La historia de Melquisedec la encontramos relatada en el libro de Génesis, que fue quien recibió a Abraham después de derrotar a Quedorlaomer y los reyes que con él estaban y le bendijó y Abraham le entregó sus diezmos.

El rey del que habla David en este verso era un rey que además de ser el monarca sería el sacerdote de su pueblo, una aspiración que se tuvo siempre y que en realidad fue el plan inicial de Dios al establecerse la corona hebrea, pero que los reyes que tuvo esa nación incumplieron.

D. Porque tú juzgarás a la naciones

Los últimos dos versos del salmo dicen de la siguiente manera:

Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; quebrantará las cabezas en muchas tierras. 7 Del arroyo beberá en el camino, por lo cual levantará la cabeza.

El triunfo del rey de Israel sería cruento y aplastante contra los enemigos de su pueblo que eran enemigos de Dios también. Una tarea ardua, compleja y agotadora, por eso al final del texto dice que beberá agua para levantar la cabeza o fortalecerse, que algunos ven como referencia de Jueces 7: 4-6.

La victoria del rey estaba garantizada como Gedeón, David, Josué y todos aquellos que lucharon con Dios. Dios garantizaba el triunfo porque su presencia iba con ellos y nadie fue derrotado mientras caminaba con Dios.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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