La Biblia dice en Salmos 142: Masquil de David. Oración que hizo cuando estaba en la cueva. Con mi voz clamaré a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia. 2 Delante de él expondré mi queja; delante de él manifestaré mi angustia. 3 Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.

4 Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer; no tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida. 5 Clamé a ti, oh Jehová; dije: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes. 6 Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.

7 Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; me rodearán los justos, porque tú me serás propicio.

Introducción

Este salmo tiene una inscripción que nos informa quién y cuando escribió esta plegaria a Dios. Fue David y lo hizo cuando tuvo que refugiarse junto con sus ancianos padres en la cueva de Adulam, ubicada en el desierto de Israel. La persecución de Saúl se había extendido y sus padres con sus hermanos lo fueron a ver cuando supieron que estaban Adulam.

Así lo establece el 1º libro de Samuel 22: 1-2

“Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. 2 Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.”

Era ya mucho tiempo que llevaba huyendo de Saúl. Años y años escapando del rey Saul sin haber cometido ningún delito, habían cansado y fatigado a David y él no podía hacer nada contra su todavía suegro porque lo consideraba el ungido del Señor y por lo tanto intocable bajo ninguna circunstancia.

Todas estas circunstancia hicieron sumatoria o se acumularon y dejaron a David con una profunda sensación de abandono. Se sentía solo, desamparado, sin amigos a quienes acudir, en una palabra se sintió solo como una ave en medio del desierto, como se siente un extranjero en tierra lejana a su país.

Y en ese momento compuso este salmo donde desahoga todo su pesar y los sentimientos que lo abruman, poniendo en las manos de Dios el profundo dolor de su corazón de sentirse sin nadie que lo pudiera entender, sin alguien que pudiera comprender la profundidad de su tristeza.

David atravesó esa horripilante sensación de sentirse solo en este mundo, de experimentar el abandono, pero no cualquier clase de abandono, sino esa clase de soledad que nos hacer creer firmemente que a nadie le interesamos, que toda la gente está en lo suyo y lo nuestro no les interesa.

Puede uno estar acompañado de mucha gente, pero esa sensación de soledad es devastadora porque nos hace creer que nadie nos entiende, nadie sabe lo que estamos viviendo y a nadie se lo podremos contar porque o nos condenarán o nos recetarán consejos para no sentirnos así. Como si fuera tan fácil de esa situación.

Señor, escúchame porque me siento solo
A. La soledad me hace vivir angustiado
B. La soledad me hace pensar que nadie cuida de mí
C. Para que no olvide que siempre estás conmigo
D. Para que no viva como si estuviera preso

A. La soledad me hace vivir angustiado

Los primeros dos versos de este salmos nos ofrecen el estado en el que vivía David en esos momentos: Con mi voz clamaré a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia. 2 Delante de él expondré mi queja; delante de él manifestaré mi angustia.

Estaba angustiado. La angustia es un estado mental donde los pensamientos que dominan nuestra mente tienen que ver con la posibilidad que nos suceda algo malo. Se sentía agobiado como si algo malo le fuera a suceder. Y también se sentía triste porque todo parecía ir en su contra.

La soledad es demoledora en nuestra vida porque nos aprisiona en la ansiedad. Pensamos y pensamos lo mismo. No nos deja alternativa, ni opción. Por eso David se dirige a Dios para suplicarle que lo escuche. Sabía perfectamente que si Dios lo oía inmediatamente sus temores, dudas e incertidumbre desaparecerían.

B. La soledad me hace pensar que nadie cuida de mí

En los versos tres y cuatro del salmo descubrimos la causa y el efecto que tenía a David en esa condición: 3 Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo. 4 Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer; no tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida.

David se sentía en esos momentos como esa clase de ave o presa que ha huido de aquí para allá y ha sorteado los peligros, pero que ha llegado el momento en el que no tiene más fuerzas y su adversario o enemigo está a punto de atraparlo para liquidarlo. Esta en ese punto donde ya no puede hacer más.

En el verso cuatro le dice a Dios: 1. No hay quien me quiera conocer. 2. No tengo refugio y 3. No hay quien cuide de mi vida.

Algunas versiones en lugar de traducir no hay quien me quiera conocer ofrecen la frase “no tengo amigos” que clarifica un poco mejor el sentido de las palabras de David porque en términos reales nadie quiere ser amigo o tener relación con un proscrito como lo era David. Los seres humanos somos muy egoístas porque cuando una persona ha sido desechada o despedida de algún lugar o es perseguida, nadie quiere ser solidaria y sobre todo si detrás de esa persecución está un hombre o mujer poderoso, entonces, nadie hará nada por él para auxiliarlo o tenderle una mano.

David había agotado los lugares para esconderse. Incluso había ido hasta la tierra de los filisteos para protegerse, pero la persecución no cesaba, por eso dice que no tiene refugio y en consecuencia nadie podía cuidar de su vida. Era una situación al límite la que David le estaba planteando a Dios.

C. Para que no olvide que siempre estás conmigo

Los versos cinco y seis dan cuenta de la esperanza que David tenía, a pesar de su lamentable situación:

5 Clamé a ti, oh Jehová; dije: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes. 6 Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.

David hizo algo que a todos nosotros nos puede servir, vertió ante Dios todo el dolor de su alma. No tenía amigos, se sentía solo, estaba abrumado y en lugar de quedarse con esas emociones, optó por decírselo al Creador para desahogar su alma delante de Dios para aquietar su corazón.

David estaba muy afligido, así se lo dice al Señor y le da una de las muchas razones para que estuviera en esa situación: le dice que lo persiguen, pero quienes lo hacen son más fuertes que él y esa afirmación nos hace comprender lo que David vivía en esos momentos: sus odiadores era más fuertes que él. No podía contra ellos. Era un lucha desigual e injusta.

D. Para que no viva como si estuviera preso

En el último verso del salmo David se presenta ante Dios como si estuviera cautivo porque le dice de la siguiente forma: 7 Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; me rodearán los justos, porque tú me serás propicio.

David se confiesa preso. Esta hundido en la desesperanza. Y también admite que en esa condición es muy difícil alabar al Señor por eso le pide que lo libere. Solo Dios puede hacer eso. Nadie más tiene esa facultad y poder. Eso nos revela que la angustia y ansiedad que llegan a nuestra vida por sentirnos solos, no es cosa de juego.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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