La Biblia dice en Salmos 144

Salmo de David. Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra; 2 misericordia mía y mi castillo, fortaleza mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que sujeta a mi pueblo debajo de mí. 3 Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él pienses, o el hijo de hombre, para que lo estimes?

4 El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa. 5 Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen. 6 Despide relámpagos y disípalos, envía tus saetas y túrbalos. 7 Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hombres extraños.

8 Cuya boca habla vanidad, y cuya diestra es diestra de mentira. 9 Oh Dios, a ti cantaré cántico nuevo; con salterio, con decacordio cantaré a ti. 10 Tú, el que da victoria a los reyes, el que rescata de maligna espada a David su siervo. 11 Rescátame, y líbrame de la mano de los hombres extraños, cuya boca habla vanidad, y cuya diestra es diestra de mentira.

12 Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas como las de un palacio; 13 nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; nuestros ganados, que se multipliquen a millares y decenas de millares en nuestros campos.

14 Nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito de alarma en nuestras plazas. 15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.

Introducción

Ningún triunfo se disfruta tanto y es tan duradero como el que las personas alcanzan cuando viven en paz en sus hogares. La mayor de las bendiciones que puede haber en este mundo es tener una familia donde cada miembro disfruta de la presencia de Dios y vive de manera armoniosa alcanzando sus objetivos de vida.

El salmo ciento cuarenta y cuatro nos conduce a reflexionar sobre la prosperidad que debemos buscar. El progreso genuino es aquel en el que ganamos materialmente sin perder lo más valioso que tenemos en esta vida: nuestra familia: esposa, hijos e hijas, quienes son invaluables.

Y esta labor requiere el mayor de nuestros esfuerzos, demanda nuestro mejor empeño y exige constantemente analizar que estamos haciendo con nuestro mayor bien y que nunca lo material podrá sustituir el bien que representa tener un hogar en paz y gozar de una familia feliz.

El hombre puede llegar a la fama, puede alcanzar el mayor de los éxitos en su vida profesional, pero si falla en el hogar, esas victorias en los negocios, los deportes o personales de nada sirven porque ha perdido lo más valioso que puede haber en este mundo. Después de la familia, nada queda.

David nos conduce por esta verdad que nos ayuda a comprender que la vida ¡claro que requiere bienes! Pero no al precio de perder a nuestra esposa o esposo ni mucho menos a nuestros hijos o hijas.

Señor, hazme victorioso en mi hogar
A. Porque solo tú puedes adiestrarme para luchar
B. Porque puedo equivocar mis batallas
C. Porque no hay nada mejor como mi familia

A. Porque solo tú puedes adiestrarme para luchar

David era un guerrero. Su valentía quedó demostrada cuando enfrentó a Goliat en un lucha desigual. Él era apenas un jovencito y Goliat un soldado consumado, además era más corpulento y experimentado, pero aun así lo enfrentó y lo derrotó de manera absoluta sorprendiendo a todo el pueblo hebreo.

Pero David sabía que esa valentía y esas capacidades para enfrentar enemigos no provenían de su talento o de su poder, sino era una concesión divina, por eso en los primeros tres versos de este salmo afirma:

Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra; 2 misericordia mía y mi castillo, fortaleza mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que sujeta a mi pueblo debajo de mí. 3 Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él pienses, o el hijo de hombre, para que lo estimes?

El dulce cantor de Israel, el hombre que tenía un corazón semejante al corazón de Dios estaba convencido que sus capacidades la guerra eran una provisión divina, que su fuerza y vigor nacían de Dios y que no era por su inteligencia o sabiduría, lo que nos lleva a pensar que David era sencillo y sabía de donde provenía su reflejos para la guerra.

Al referirnos a la familia indudablemente tenemos una lucha que debemos pelear, pero que debemos entender y comprender que esa es una de las más grandes luchas que tendremos en esta vida y que necesitamos que Dios nos dote de su gracia y compasión para llevarla adelante a fin de obtener el éxito que deseamos.

Cuando habremos de luchar por nuestra familia debemos estar conscientes de que necesitamos el favor de Dios para que nos dote de fuerza, valor y sagacidad a fin de construir un hogar y una familia temerosa del Señor.

B. Porque puedo equivocar mis batallas

Del verso cuatro al verso diez encontramos las siguientes afirmaciones de David.

4 El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa. 5 Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen. 6 Despide relámpagos y disípalos, envía tus saetas y túrbalos. 7 Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hombres extraños.

8 Cuya boca habla vanidad, y cuya diestra es diestra de mentira. 9 Oh Dios, a ti cantaré cántico nuevo; con salterio, con decacordio cantaré a ti. 10 Tú, el que da victoria a los reyes, el que rescata de maligna espada a David su siervo. 11 Rescátame, y líbrame de la mano de los hombres extraños, cuya boca habla vanidad, y cuya diestra es diestra de mentira.

David escribe este salmo para reflexionar. Es un salmo de sabiduría para compenetrarnos en temas que en ocasiones pasamos por alto o que definitivamente ignoramos ya sea porque vivimos muy rápidamente o porque simplemente no ponemos atención a lo que sucede en nuestras vidas.

Pero David no. Tenía claro que eran los hombres y el poder de Dios. El hombre cuando se mira a sí mismo se piensa invencible, capaz e incluso sin necesidad de Dios, pero cuando logra mirarse a la luz de Dios, generalmente descubre que no es sino nada frente a la grandeza de su Creador.

David le pide a Dios que se muestre en toda su grandeza para no caer en la vanidad o en el orgullo, dos grandes males que llevan al fracaso a los seres humanos y particularmente lo conducen a escoger batallas equivocadas. David quiere que los creyentes entendamos que la mejor lucha que podemos hacer es por nuestra familia.

C. Porque no hay nada mejor como mi familia

Del verso doce al verso quince encontramos en este salmo las siguientes palabras:

12 Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas como las de un palacio; 13 nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; nuestros ganados, que se multipliquen a millares y decenas de millares en nuestros campos.

14 Nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito de alarma en nuestras plazas. 15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.

Antes que la bendición material David ruega por los hijos, en ambos géneros. De esta forma señala lo que es prioritario o debe ser prioritario para los hijos de Dios. La familia o el hogar deben anteponerse al tomar una decisión que la involucre. David dice que la bendición de Dios parte de tener hijos e hijas cumpliendo su propósito de vida.

Primero la familia, luego los graneros y el ganado. No a la inversa sino siempre las personas de nuestro primer círculo viviendo bien, teniendo las herramientas para cumplir sus objetivos de vida.

David termina diciendo que la única manera de tener esta clase de bendiciones es teniendo a Dios como parte esencial de nuestras vidas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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