La Biblia dice en Salmos 104: 34

“Quiera el Señor agradarse de mis pensamientos, pues sólo en él encuentro mi alegría.”

Los seres humanos libramos diariamente un batalla sin cuartel con nuestra mente porque esa parte de nuestra naturaleza procesa cientos de pensamientos y de no controlarlos o dominarlos nos pueden llevar a una existencia completamente lejana de la realidad y hacer cosas que van contra toda lógica. 

La ansiedad, la angustia, la depresión y todas las enfermedades mentales son el resultado de la clase de pensamientos que dejamos penetrar en nuestra mente. De eso, no hay ninguna clase de duda. Somos, como enseña el libro de Proverbios, lo que pensamos. No hay verdad más valiosa que esa. 

El salmista nos ofrece una solución para batallar y ganar la guerra con las ideas que llegan a nuestro entendimiento: someterlas al escrutinio del Creador para cultivarlas o desecharlas inmediatamente: si son agradables al Señor, multiplicarlas, pero si no desagradables, entonces, deshacernos de inmediato de ellas. 

Si llevamos nuestros pensamientos a la presencia de Dios, él será el más perfecto juez para juzgarlos y señalar su validez o de plano exigirnos deshacernos de ellos, porque solo fomentarán intranquilidad y zozobra en la vida de cada uno de nosotros, que humanos como somos nos dejamos llevar siempre por nuestros sentidos.

En cambio, si nuestros pensamientos son sanos lo que producirán en nosotros es alegría porque tienen la aprobación divina, una característica fundamental para tener salud mental, es decir, para evitar la ansiedad, la depresión, la angustia, la desesperación, el estrés y todos esos males que nacen por lo que dejamos que llegue a nuestra mente. 

El salmista nos acerca al punto en el que podemos salir victoriosos ante nuestros pensamientos. Si los llevamos a Dios seguramente nos dirá si están bien o si son incorrectos, pero si nos quedamos con ellos sin la supervisión del Creador seguramente nos arrastrarán a una vida triste y sin motivación. 

Dios quiere controlar lo que pensamos para que de esa forma podamos tener la vida que él ha diseñado para cada uno de nosotros, una vida plena, segura, libre de ataduras y sobre todo, en la que ideas sin sentido no tengan cabida para llevar una existencia completamente tranquila y en paz. 

Acerquemos nuestros pensamientos al Señor, él siempre sabrá qué hacer con ellos y nosotros viviremos contentos. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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