La Biblia dice en Mateo 26: 55-56

55 En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56 Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.

Introducción

Una turba encabezada por la guardia del templo dirigida por Judas se acercó a donde Jesús estaba esa noche en la que había terminado de celebrar la pascua judía para detenerlo, procesarlo y finalmente condenarlo a morir en la cruenta cruz romana, preparada para delincuentes, a juicio de Roma, muy peligrosos.

Mateo mismo nos ofrece los pormenores de ese momento: fueron por él con espadas y palos lo que nos permite recrear la situación que se vivió: una chusma armada hasta los dientes, de manera violenta y haciendo alarde de una fuerza excesiva se presentaron a donde estaba el Señor con sus discípulos para mostrar su poder y su determinación de aprehenderlo.

Como suele ocurrir en esa clase de eventos la confusión se apoderó del Maestro y sus apóstoles, pero poco a poco se fue clarificando que iban por él. Que su objetivo era detenerlo solo a él, lo que fue confirmado con las palabras que Jesús le dirigió a los envalentonados guardias del templo que ejecutaron la detención.

Finalmente llegó el momento del que tanto les habló a sus seguidores. A él no lo tomó de sorpresa, pero a sus queridos discípulos sí. Ellos sabían que habría de ser despreciado, pero nunca se imaginaron el tamaño del odio y resentimiento que se había acrecentado entre los mal querientes de Jesús.

Los apóstoles vieron ante sí la materialización de todo lo que Jesús les dijo cuando habló que era necesario ir a Jerusalén a padecer de parte de los principales sacerdotes y fue demasiado para ellos. No pudieron resistir lo que consideraron una situación más allá de sus fuerzas.

Jesús era detenido y no oponía resistencia, no hacía uso de sus grandes poderes y mucho menos invocaba a Dios para salvarlo. ¿Qué les esperaba a ellos, entonces? Lo mejor, según ellos, era huir del lugar y esconderse en cualquier lugar para evitar ser asociado con el enemigo público del pueblo de Israel.
Los que apenas unos días antes se ufanaron de resistir cualquier clase de presión, de ir a la cárcel, incluso de morir con Jesús si era necesario, ahora salían huyendo del lugar y sobre todo dejaban solo a su Maestro. Allí quedó Jesús completamente solo. Nadie a su lado. Nadie.

Abandonado por sus seguidores

A. Cuando Jesús fue tratado como un ladrón
B. Cuando Jesús fue detenido
C. Cuando todos huyeron

A. Cuando Jesús fue tratado como un ladrón

Si a algo le temían los judíos en general y también los discípulos era a la ira o el enojo de la clase gobernante porque ellos tenían el control de los procesos judiciales en todo Israel y cuando sancionaban un pecado o lo que ellos consideraban una herejía no eran nada amables con los culpables o presuntos culpables.

Por eso cuando a Jesús se le detuvo como si fuera un ladrón ellos se fueron. Sabían que el trató que tendría el Señor sería sumamente violento. Que lo harían sufrir mucho porque sabían el talante sanguinario y diabólico de los encargados de ejecutar desde azotes a los acusados hasta la lapidación.

Los discípulos tuvieron mucho miedo cuando vieron a su maestro reducido a un simple mortal incapaz de defenderse, pero sobre todo cuando lo miraron sin ningún poder, que lo tenía, pero que había renunciado a él como parte del plan de salvación diseñado por Dios para la humanidad.

Ellos se portaron de manera muy egoísta porque mientras Jesús era popular, seguido por multitudes y manifestando el inmenso poder de Dios ellos estuvieron allí, pero cuando eso se acabó la lealtad de ellos también. No pudieron o no quisieron solidarizarse con Jesús para protegerse ellos mismos.

Los doce se comportaron como simples interesados en los buenos momentos, como esa clase de personas que están cuando todo marcha bien, pero que en los tiempos de dificultad se apartan, se retraen y se separan porque son incapaces de ser empáticos con quien ha caído en desgracia.

B. Cuando Jesús fue detenido

Se les repitió una y otra vez. Se les dijo que lo que sucedería a Jesús estaba plenamente anticipado en las Escrituras. De hecho todo lo que sucedería en esos momentos se circunscribía al plan trazado por el Señor, pero ellos lo olvidaron y lo ignoraron. No supieron cómo reaccionar ante la nueva realidad que tenían ante sí: su Maestro había sido detenido.

La detención de Jesús fue incomprensible para todos ellos. Se les hizo imposible de entender porque se habían quedado con el Jesús divino, con el Señor todopoderoso, capaz de alimentar a multitudes, lleno de gracia para perdonar pecados, repleto de fuerza del cielo para reprender demonios.

Cuando los emisarios de los principales sacerdotes pusieron manos sobre Jesús y lo llevaron a la fuerza para comparecer ante el sanedrín y el sumo sacerdote y no opuso ninguna clase de resistencia, ellos asimilaron que todos sus sueños de grandeza junto al Mesías se habían esfumado y era tiempo de alejarse de ese lugar y de él.

Jesús prescindió de sus derechos divinos. Hizo a un lado su naturaleza divina. No quiso aferrarse a ser como Dios y se puso en la condición de hombre, un simple hombre sin ninguna clase de capacidad, ni para defenderse y por eso resultó tan fácil detenerlo y tan complicado para su discípulos comprender esa realidad.

La detención de Jesús no solo implicaba para los doce el fin de sus sueños de grandeza humana, sino un grave riesgo para sus personas y ellos no estaban dispuestos a correr ninguna clase de riesgo por eso lo dejaron solo. Ellos no querían ser asociados con Jesús así. Ellos si quisieron ser sus seguidores en la popularidad, pero no en la soledad.

C. Cuando todos huyeron

La frase de Mateo es lapidaria: “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.” Con ella entendemos que todos asumieron la misma actitud. En primer lugar el evangelista resalta que le dejaron. Lo abandonaron, lo dejaron completamente solo. Nadie se quedó para ayudarlo, socorrerlo o asistirlo en esos momentos de gran necesidad.

Finalmente quien siempre estuvo con ellos. Que los ayudó en sus diferentes necesidades se quedó sin nadie. Con la frase Mateo recarga sobre los seguidores de Jesús la responsabilidad de haberse quedado, de haber permanecido con Jesús, pero eso no sucedió, al contrario huyeron.

La palabra huir procede del vocablo griego “fugate” de donde se desprenden la expresión fuga o darse a la fuga, expresión que se utiliza cuando una persona sale disparada de algún lugar donde corre riesgo o peligro. Los discípulos así salieron del lugar de la detención de Jesús: huyendo despavoridos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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