La Biblia dice en Lucas 23: 1-5

Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús a Pilato. 2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey.

3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. 4 Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. 5 Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

Introducción

Los principales sacerdotes y un muchedumbre fueron con Pilato llevando detenido a Jesús para acusarlo ante el Procurador romano que era precisamente Pilato. Lo llevaron ante él para acusarlo. Ellos ya lo habían juzgado en el sanedrín hebreo y ahora acudían a la autoridad romana para confirmar la sentencia que ellos tenían.

Pero no llevaron las mismas acusaciones, ahora, ante la autoridad civil, ellos plantearon otras que, por supuesto, eran calumniosas, sin sustento y abiertamente mentiras porque ninguna de ellas encuadraba en la conducta del acusado, pero tenía la intención de ponerlo en contra del gobierno de Roma.

Los principales sacerdotes no era ni ingenuos, ni tampoco tontos, era sumamente perspicaces y sabían que para que sus planes cuajaran debían llevar acusaciones que pegaran en el ánimo del juzgador y pudiera colocar a Jesús no solo como un peligro para ellos, sino como un potencial sedicioso ante el poder imperial.

Lucas precisa que fueron tres las acusaciones que presentaron ante Pilato los principales sacerdotes: 1. Jesús pervertía a la nación. 2. Jesús prohibía dar tributo y 3. Jesús alborotaba al pueblo. De esa manera querían colocar a Jesús como un potencial enemigo de los romanos y así propiciar y acelerar su condenación.

Pero era una hipocresía sin medida la de los principales sacerdotes y la muchedumbre porque ellos eran los principales interesados en no pagar sus impuestos a Roma, eran ellos lo que hubieran estado encantados con una revolución que les hubiera quitado la bota del cuello que el ejército tenía sobre ellos.

Pero Pilato nos les creyó y por eso ante esas acusaciones también interrogó a Jesús y a pesar de su desencuentro con él concluyó que no era culpable de ninguna de las acusaciones que hacían contra él. Pero ellos insistían en que debía condenarlo a muerte porque de no hacerlo sería su cómplice.

Jesús fue acusado dolosamente, es decir, con trampas, mentiras y medias verdades porque tenían la intención de llevarlo a la muerte a como diera lugar, aunque las acusaciones carecieran de fundamento.

Acusado dolosamente

A. Lo acusaron de pervertir a la nación
B. Lo acusaron de oponerse al pago de impuestos
C. Lo acusaron de alborotar al pueblo

A. Lo acusaron de pervertir a la nación

La primera acusación que registra en su relato Lucas es que Jesús pervertía la nación. La versión Latinoamericana traduce en lugar de pervertir, agitador. De esa forma podemos comprender que lo acusaban de agitar a todo Israel, porque cuando se usa la palabra nación tiene el sentido de país.

Los romanos tenían por norma conquistar a los pueblos y enseguida implantar sus leyes sobre ellos y luego establecer lo que los historiadores han llamado la pax romana o paz romana que consistía en someterlos a través de su sanguinario ejército y contener toda clase de rebelión matando a los cabecillas de dichas revueltas.

La palabra agitador algunas otras versiones la traducen como “inquietar”. Los hebreos estaban acusando a Jesús de quebrantar la paz social de Israel. De gestar una revuelta o revolución, lo que tanto molestaba a los romanos porque implicaba reprimir a los sediciosos a costa de una guerra que costaba dinero y vidas de sus soldados.

La pax romana era puesta a prueba cuando un grupo de personas se sublevaba y Jesús, según la falsa acusación de los principales sacerdotes estaba haciendo eso y estaba mal orientando con sus enseñanzas a un pueblo que estaba a gusto con los romanos que se sentían dichosos de ser una colonia romana. Claro que es una ironía.

B. Lo acusaron de oponerse al pago de impuestos

La acusación más infame y más dolosa de esta tres es la que decía que Jesús se oponía al pago de los impuestos. Eso era totalmente falsa. Mateo 22: 15-22 registra la ocasión cuando los religiosos del tiempo de Jesús mandaron a preguntarle directamente su posición sobre el fisco romano.

15 Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. 16 Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres.

17 Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? 18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. 20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción?

21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 22 Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.

Jesús nunca se opuso al pago de los impuestos, pero esta acusación era la más grave porque pegaba directamente en los intereses del imperio romano. Luego como argumento falaz de esa supuesta pretensión de Jesús le dijeron que se hacía pasar por rey, poniéndose en el lugar del César.

La intención con esta acusación era muy clara: de manera perversa e intrigante estaban planteando que Jesús era un peligro ya no solo para la nación hebrea sino para el propio gobierno de Roma porque estaba usurpando el título de César que solo correspondía a sus gobernantes.

C. Lo acusaron de alborotar al pueblo

Las primeras dos acusaciones no las aceptó Pilato, según nos relata Lucas y ellos dijeron una tercera, igual de descabellada que las dos anteriores.

De acuerdo a los versos cuatro y cinco así reaccionó el Procurador romano a esas acusaciones y así los principales sacerdotes. “Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. 5 Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.”

La tercera acusación dolosa fue que Jesús alborotaba al pueblo. La versión Nacar-Colunga emplea el término subleva en lugar de alborota, lo que nos ayuda a comprender mejor la acusación que había contra Jesús. Los principales sacerdotes estaban acusando a Jesús de provocar una rebelión contra Roma.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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