La Biblia dice en Lucas 23: 35-39

Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si este es el Cristo, el escogido de Dios. 36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,

37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.

Introducción

Ni aun crucificado dejaron a Jesús en paz. No les bastó verlo morir de una manera cruel y despiada para guardar silencio ante su impresionante dolor. Los gobernantes de Israel, los soldados romanos y hasta uno de los malhechores que fue crucificado con él, se burló de Jesús, lo escarnecieron para disfrutar aun más de su dolor.

Queda claro que para todos ellos no era suficiente verlo padecer y esperar unas cuantas horas más para verlo muerto. Para todos ellos era necesario reírse de su situación, alegrarse de que su fin estaba próximo lo que nos habla de una alma ennegrecida a causa de la maldad de sus corazones.

Insatisfechos con lo que sufría, los que estaban cerca de la cruz disfrutaban y gozaban hacerlo padecer más. Ellos lo increpaban a sabiendas que ya nada podía decir y mucho menos hacer. Se trataba de una actitud alevosa contra alguien que ya no tenía ninguna fuerza para defenderse.

Burlarse de Jesús fue la forma en que coronaron su desprecio para con Jesús. Fue la manera en la que le dijeron que estaban felices y contentos por todo lo que estaba viviendo y experimentando, colgado en esa horrenda cruz donde todo su cuerpo se sostenía con sus brazos y pies clavados en el madero.

Se trataba de una especie de tiro de gracia sobre el infortunado Jesús que agonizaba lentamente ante el sanguinario castigo que le proporcionaron los soldados romanos y que comenzó con un juicio en la madrugada sin haber podido descansar bien la noche anterior a la del viacrucis.
El espectáculo que significó la muerte de Jesús mostró el peor rostro que los hombres pueden tener de no compadecerse de quien muere lentamente y en lugar de quedarse callados seguir incriminándolo, persistir hasta el final en su odio enfermizo contra quien nada malo les había hecho.

Si en vida o en una situación normal, burlase de una persona es algo muy desagradable y nefasto, hacerlo cuando está luchando por vivir es deleznable, condenable y extremadamente lamentable, pero eso vivió el Señor cuando los romanos los crucificaron y dejaron que muchos estuvieran cerca de ese doloroso evento.

Escarnecido por todos

A. Se burlaron los gobernantes
B. Se burlaron los soldados
C. Se burló Pilato
D. Se burló uno de los malhechores

A. Se burlaron los gobernantes

El verso treinta y cinco nos muestra quienes estaban al pie de la cruz y lo que decían. Sobre sale la presencia de gente del pueblo y sus gobernantes, Lucas dice al respecto lo siguiente: Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si este es el Cristo, el escogido de Dios.

¿Quiénes eran los gobernantes de Israel? Gobernaba el sanedrín, un grupo, en teoría, de notables y sabios que juzgaban los asuntos civiles y penales y sobre todo sobre interpretación de la ley, todos ellos en una relación estrecha con los principales sacerdotes que hacían una especie de gobierno civil coaligado al gobierno religioso.

Ellos estaban allí. Habían juzgado a Jesús unas horas antes y ahora presenciaban el resultado de sus vehementes acusaciones contra Jesús y en sus palabras puede uno descubrir fácilmente el tamaño del odio que sentían para con el Señor: lo odiaban con todo su ser que nos les importó su condición física y le espetaron sus virulentas palabras.

Pusieron en tela de juicio su condición de Hijo de Dios al decir que era incapaz de salvarse a sí mismo, mientras que había salvado a otros. Se trataba de hacerle ver que no era el Hijo de Dios, de negar su divinidad y de paso hacerle ver que ni era el Mesías ni mucho menos el escogido de Dios.

En otras palabras se burlaban de su incapacidad para hacer algo por sí mismo, una mentira porque él podía hacer más de lo que ellos se podían imaginar, pero había decidido voluntariamente entregarse por nosotros y por ellos también para redimirnos del pecado y la maldad de la que ellos hacían alarde ante él.

El poder que ostentaban los volvió arrogantes, pensaban que su enemigo merecía más que una cruz, merecía su desprecio y sus burlas, aun cuando ya habían obtenido lo que buscaron con tanto ahínco, con tanta determinación, pensando que así habían derrotado a su gran adversario.

B. Se burlaron los soldados

Los versos treinta y seis y treinta y siete dicen lo siguiente: 36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, 37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Los soldados romanos participaban en este infame, cruel y abominable acto de burlarse de un moribundo dándole vinagre para que el sufriente Jesús no desmayara. Darle vinagre no se trataba de un acto de humanidad, sino de una miserable acción para que el reo no perdiera el sentido.

Y también lo escarnecían diciéndole que si era el Rey de los judíos se salvara por sí mismo, pero Jesús no lo iba a hacer, él estaba decidido a entregarse por cada uno de nosotros y no tenía opción o alternativa, pero llama la atención de estos hombres que se burlaban de su condición de Rey.

Ellos ignoraban que en efecto estaban ante el Rey del universo, que si él hubiera querido hubiera bajado de esa cruz y les hubiera hecho ver su suerte tanto a ellos como a los gobernantes de Israel, pero tenía que morir de esa manera para salvar a los seres humanos de la condenación eterna.

Los soldados no parecían cansarse de sus burlas. Ya se habían burlado de él cuando lo azotaron, fueron ellos lo que le tejieron la corona de espinas, fueron ellos los que también lo vistieron con una túnica purpura y también lo reverenciaban mientras reían a carcajadas porque en realidad solo se burlaban.

C. Se burló Pilato

Sobre la cabeza de Jesús había un título que Pilato había escrito sobre la cruz, según nos dice Lucas: “Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.” El famoso INRI que en latín se lee Iesus Nazarenus Rex di Iudíos, pero que lo había hecho en forma de burla.

Juan 19: 19-22 nos relata los pormenores de esta decisión:

Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.

21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
Pilato fue sarcástico al poner esa leyenda en la cruz de Cristo. Fue un exceso y una manera de burlarse del Señor porque lo hizo para que la gente viera como los romanos trataban a quienes querían desalojarlos de los territorios que habían conquistado. Pilato escarneció a Jesús con este anuncio.

D. Se burló uno de los malhechores

El verso treinta y nueve de nuestro pasaje dice de la siguiente forma: 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.

Hasta uno de los dos malhechores se burló de Jesús, con la misma premisa de los gobernantes y soldados romanos: si tú eres el Cristo y con la misma exigencia, sálvate a ti mismo y a nosotros. Se trataba de un grito desesperado, pero idéntico a quienes veían a Jesús como un simple humano .

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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