La Biblia dice en Mateo 8:20

“Jesús le contestó: Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.”

Al calor de la predicación y lleno de emoción un escriba le dijo a Jesús que lo seguiría a donde quiera que fuera, una promesa que por supuesto que entusiasmo a Jesús porque eso era lo que buscaba, seguidores. De hecho su predicación tenía ese énfasis cuando decía: Ven y sígueme.

Pero la respuesta que le dio al experto en la ley hebrea fue inusual, pero comprensible. No le dijo de inmediato: claro, ven, vamos a caminar juntos, sino más bien quiso aclararle el sentido de lo que quiere decir seguir a Jesús, una frase o expresión que muchos lanzamos sin llegar a comprender la magnitud de su significado.

El escriba vio a Jesús como tantos y tantos maestros que enseñaban los mandamientos de la ley mosaica, venerados, respetados y sobre todo con una posición de privilegio. Donde quiera que llegaban se llenaban, no solo de honores y reconocimiento, sino también de atenciones de toda clase, incluido beneficios materiales.

Seguir a un hombre así resulta, no solo fácil, sino hasta conveniente y porque no decirlo, hasta lucrativo porque definitivamente tarde o temprano los beneficios que él recibe se harán extensivos a sus discipulos, pero esa era una perspectiva completamente equivocada en la persona de Jesús.

Cuando Jesús le contestó que las zorras tienen cuevas y las aves nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza, le dio a entender las grandes limitaciones y carencias que implica seguir a Jesús donde sea. Jesús le estaba diciendo que de pronto si estaría en algún sitio donde lo honraran, pero definitivamente eso no era muy seguro.

Lo que si era seguro es que padecería condiciones de apremio, situaciones adversas y definitivamente condiciones en las que seguirlo demandaría sacrificio y mucha paciencia ante las muy probables contingencias que llegarían a la vida de sus seguidores y debían estar advertidos de esa realidad.

Seguir a Jesús es una decisión que se debe tomar no al calor de una emoción, no pensando en los honores o bienes que se recibirán, sino siempre en el grado de sacrificio que implicará estar pegados con un hombre que aclaró a sus simpatizantes que a su paso por la tierra ni siquiera tuvo un lugar donde recostar su cabeza.

Seguir a Jesús en las mejores condiciones no es difícil. Pero eso lo hacen hasta los incrédulos. Pero seguir a Jesús en las adversidades, problemas y carencias, eso sí que es de gran valor y no todos están dispuestos a padecer incomodidades por ir detrás del Maestro. Si le hemos dicho a Jesús que lo seguiremos donde sea estemos ciertos que habrá momentos complejos y debemos mantenernos en lo que le hemos prometido.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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