La Biblia dice en Mateo 11:25

“En aquel tiempo, Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos.”

El ministerio de Cristo fue mostrado y escondido a la vez. En otras palabras algunos lo llegaron a conocer y otros no lo pudieron mirar. Y no se trataba de que Cristo hubiera realizado su ministerio de manera oculta o privilegiando a unos y despreciando a otros. De ninguna manera. Al contrario fue público y notorio, pero unos lo entendieron y otros no.

Jesús adoró al Dios de Israel porque la gente sencilla, algunos traducen como niños y otros como pequeños, lograron comprender este mensaje, diseñado justamente de manera muy simple para que lo entendiera cualquier clase de persona. No tenía temas complejos o de dificil compresión y por ello fue asequible a todos.

En sentido opuesto, se encontraban los sabios y entendidos. Las palabras griegas que designa a estas personas son dos: sofistas y sunetos. Los primeros fueron conocidos como los miembros de una escuela en Atenas que privilegiaban el conocimiento a tal grado que se les conoce también como eruditos.

Los segundos son los sunetos que es una palabra que desiga la capacidad de raciocinio en el hombre, pero una capacidad limitada. Las dos palabras denotan a quienes la lógica de sus pensamientos les hizo imposible poder conocer o descubrir el reino de los cielos que Cristo vino a plantar a este mundo.

El conocimiento netamente humano jugó en contra de ellos porque les resultó inaceptable aceptar las sencillas enseñanzas de Cristo y de esa forma el mensaje de salvación y el reino de Dios quedó oculto, escondido para ellos. Se les volvió un misterio algo que estaba claro como el agua.

En cambio los sencillos, los niños o los pequeños pudieron contemplarlo, ingresaron a él y disfrutaron de sus bendiciones porque ellos no cuestionaron. Porque ellos hicieron a un lado su conocimiento y dejaron que las palabras de Cristo llegaran a su corazón y de esa forma se les reveló Cristo.

Que importante es desde entonces y siempre hacer a una lado nuestra lógica para acercarnos a Jesús. No se trata de que no pensemos. Para nada. Se trata de escuchar las palabras de Jesús y aceptarlas, aunque no las entendamos. Se trata de aceptar su verdad como un niño admite como verdad lo que le dicen los adultos.

Nuestros prejuicios nacen justamente de nuestra mente y a la hora de acercarnos a Cristo debemos hacerlos a un lado para que su verdad se revele a nuestras vidas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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