La Biblia dice en el salmo 121:

Cántico gradual. Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? 2 Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. 3 No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. 4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. 5 Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. 6 El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. 7 Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. 8 Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.

Introducción

La casa brinda a todos seguridad. Al salir de ella y viajar automáticamente se genera temor, duda, incertidumbre, zozobra y la interrogante de lo que nos sucederá al caminar fuera de nuestro hogar. Los peregrinos que dejaban su vivienda experimentaban esta sensación al salir hacia Jerusalén.

La vida como peregrinaje se parece mucho a la experiencia del peregrino porque todos saben el destino, pero se ignora por completo los acontecimientos que nos acompañarán a lo largo del recorrido. No sabemos que nos espera, ignoramos por completo el futuro y eso nos puede llenar de miedo y de angustia.

Los seres humanos somos sumamente frágiles. No tenemos la fuerza que creemos poseer porque hay circunstancias o situaciones, nuestro peregrinar sobre esta tierra transcurre con eventos que pueden hacernos resbalar. La vida misma nos puede fatigar, aun por situaciones sencillas o simples.

El salmo ciento veintiuno servía a los peregrinos hebreos para animarse y reanimarse ante las dudas de su viaje y a nosotros nos resulta muy útil para fortalecer nuestro recorrido hacia la patria celestial porque nos hace recordar que tenemos la ayuda y el cuidado del Señor, quien conoce nuestras debilidades y nos auxilia en el momento exacto.

El salmo quiere que en nuestra alma quede tatuada o quede marcada para siempre la idea y la convicción de que tenemos un Dios que nos ayuda y acompaña siempre con su cuidado y protección. De eso no debemos tener la menor duda. Cada paso que demos debemos estar ciertos de que él va con nosotros.

Se trata de uno de los salmos más necesarios en las horas y días de gra incertidumbre, en los momentos en los que parece que las circunstancias nos ahogan y someten a la desesperación.

Cánticos graduales: Señor, anímame en mi peregrinar a la patria celestial

II Salmo 121: Para no olvidar que tú eres mi protector.
A. Que siempre me ayudas
B. Que siempre me custodias

El primer verso de este salmo nos hace remontar a Dios ante la incapacidad humana para atender todas las necesidades que el ser humano tiene. Hay necesidades materiales que pueden ser suplidas por uno mismo o por otros, pero las necesidades del alma solo tienen una persona que puede atenderla.

Cuando el salmista dice “Alzaré mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi socorro? Esta alzando sus ojos por encima de lo creado para posarse en el Creador. El salmista sabe que lo creado tiene cierta capacidad para ayudar al ser humano, pero definitivamente es el Creador quiene tiente todas las respuestas que se necesitan en esta vida.

Los montes alrededor de Jerusalén impresionaban a los peregrinos como nos impresionan hoy en día a nosotros elevaciones como el Everest o los Himalayas o la Cordillera de los Andes los Pirineos que son extremadamente altas, pero que definitivamente ante el Creador son pequeñas e insignificantes.

En este peregrinar como en el de los hebreos debemos levantar los ojos por encima de lo Creado y allí justamente encontraremos lo que tanto necesitamos para dejar los miedos y las ansiedades que nos atosigan en este mundo y que desean que dejemos de caminar hacia la patria celestial.

A. Que siempre me ayudas

Del verso uno al verso tres el salmista le dice al Señor con todo su corazón:

Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? 2 Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. 3 No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda.

La palabra socorro que se usa dos veces en estos versos procede del término hebreo “ezer”, que se traduce sencillamente como ayuda. Esta palabra es la que se utiliza en la conocida frase “Eben-ezer”, que se traduce como “hasta aquí nos ha ayudado el Señor”. El salmista esta convencido de la ayuda divina para caminar hasta Jerusalén.

Es sumamente interesante notar la convicción que transmite el texto porque su autor no duda un solo momento en expresar su seguridad. El se hace una pregunta y él mismo se la contesta contudentemente, sin el menor asomo de incredulidad o inseguridad al salir de su casa en viaje a la santa ciudad.

Su confianza se basa en el principio o verdad absoluta de que Dios es el Creador de los cielos y la tierra. Su seguridad se basa en la clase de Dios en el que confía.

Los seres humanos necesitamos ayuda, pero no una ayuda de nuestros semejantes, que por cierto es muy buena, pero ante ciertas situaciones nos puede sostenernos o mantenernos de pie y es entonces cuando requerimos la fuerza del Señor, que puede cambiar circunstancias o mover corazones.

Su ayuda nos de mucha utilidad para no resbalar o tropezar.

B. Que siempre me custodias

Del verso cinco al verso ocho el autor del salmo deja plasmada su profunda seguridad en el cuidado de Dios en lo material y en lo espiritual, de día y de noche y en todo momento, de tal suerte que nadie que confíe en él esta fuera de su vista, su resguardo o su custodia como le hemos puesto a este punto.

Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.6 El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. 7 Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. 8 Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.

En estos versos la palabra dominante es “guardador”. Aparece en el original como “shamar”, que tiene diversos significados como vigilante, custodio, guardia y en ese sentido como guardaespalda, todas ellas en un sentido muy claro de alguien que esta atento para evitar que a una persona le ocurra algo o atenten contra ella.

El salmista quiere que nosotros entendamos que la protección del Señor está más cerca de lo que pensamos. Es sombra a tu mano derecha dice para expresar de manera poética lo cercano y cuidadoso que es Dios a la hora de fungir como el custodio, idéntico al que vela para que un delicuente no se escape.

No de día ni de noche cesará el cuidado de Dios. Nadie podrá quitarlo del lugar donde nos vigila para cuidarnos, pero también su cuidado va más allá de lo estrictamente físico, nos protege en lo más valioso e importante que tenemos y que es justamente nuestra alma que un día rendirá cuentas ante él.

Dios nos cuidada de día y noche, pero también en todo momento. No podemos dejar de ser resguardados por el Creador. Al entrar o salir su cuidado nos acompaña en este peregrinar que nos lleva a su presencia.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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