La Biblia dice en el Salmo 134:

Cántico gradual. Mirad, bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová, los que en la casa de Jehová estáis por las noches. 2 Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová. 3 Desde Sion te bendiga Jehová, el cual ha hecho los cielos y la tierra.

Introducción

El salmo ciento treinta y cuatro es el último cántico gradual. Son quince cantos que componen esta sección y este salmo lo cierra llevándonos a pensar sobre lo que ocurría en la noche en el templo de Jerusalén al que llegaba miles de peregrinos de todos los puntos del pueblo de Israel.

Algunos estudiosos piensan que lo entonaban los levitas y sacerdotes cuando se cambiaba el turno de quienes servían en la casa del Señor y otros creen que más bien era un canto que entonaban los peregrinos al ocultarse el sol. En cualquiera de los dos casos están seguros de que era un canto para la noche.

El salmo se utilizaba para la adoración nocturna cuando el cuerpo comienza a sentir el desgaste de energía por todo el día de actividad y requiere descanso o reposo para reponer o recuperar las fuerzas y comenzar de nueva cuenta las actividades que tenemos, pero en este caso para adorar a Dios.

El salmo está escrito para recordarnos que para adorar a Dios debemos esforzarnos y debemos tener en consideración que hasta el último gramo de fuerza debemos dedicárselo a él para engrandecerlo, lo que implica acotar a nuestro cuerpo y llevarlo a deshacerse de sus comodidades a fin de entregarse a Dios.

Cuando Jesús dijo que al Señor debíamos amarlo con toda nuestra mente, corazón, alma y fuerzas, se refería, en el caso de esto último, a desgastarnos totalmente ante la presencia de Dios y hacer a un lado nuestro confort o descanso placentero para ganarle unas horas más a cada día.

Y vaya que los peregrinos lo necesitaban. Venían ya cansados de su largo camino y subida al monte de Sion y era muy probable que al llegar quisieran descansar, pero el salmista los anima a no dejar de adorar al Señor.

Señor, anímame en mi peregrinar a la patria celestial
Salmo 134: Para bendecirte sin descanso
A. Porque soy tu siervo
B. Aun en las noches
C. Con todas mis fuerza
D. Porque así me bendices

Este cántico gradual, canción de las subidas, canto de las gradas o cántico del peregrino fue compuesto para recordarnos que aun en las noches se puede adorar al Señor y que no importa si es hora de descansar, podemos adorarle con todo el corazón y esgrime razones y particularidades de esa clase de exaltación.

A. Porque soy tu siervo

La primera oración que encontramos en el verso uno de nuestro salmo dice así: “bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová”. Es una orden que se le da a los siervos. La palabra siervos nos remite a esa clase de personas dedicadas exclusivamente al trabajo de otras personas. Un criado, un esclavo o un sirviente.

La sola palabra nos remite a una persona que debe sacar fuerzas de no sé dónde con tal de agradar o complacer a quien lo ha tomado como su sirviente. El vocablo nos lleva a pensar que se trata de alguien que sabe el tipo o grado de compromiso con quien se ha alquilado para servir.

Bajo esa perspectiva uno puede entender o comprender por qué la demanda de servir a Dios de esa manera. Nosotros éramos esclavos del pecado. La maldad nos tenía cautivos y hacía de nosotros lo que le parecía. No había hora ni fecha que importara para hacer lo que el mal nos imponía y ahora ha cambiado nuestro amo.

La maldad nos pagaba y nos pagó siempre mal, pero el Señor como veremos al final del salmo jamás deja de pagarnos por el servicio que le rendimos, y aprecia y estima en mucho cuando lo que le entregamos es lo más esforzado o más dedicado.

B. Aun en las noches

La segunda parte del verso uno que estamos meditando dice de la siguiente manera: “los que en la casa de Jehová estáis por las noches”. Con esa frase nos queda claro que este canto se entonaba cuando el sol se había ocultado y el día comenzaba a declinar y obligaba a todos a tomar un receso en sus actividades y descansar o reposar.

Las noches son el final de un día y a veces los días están cargados de trabajo y labor y ansiamos llegar pronto a casa para guarecernos y reparar las fuerzas y energía que hemos gastado a lo largo del día. Eso es lo que esperamos de la noche, pero el salmo nos dice que en esas horas podemos adorar al Señor. De hecho hay personas que le adoran.

Presentarse en la casa del Señor por las noches demanda mucha fuerza de voluntad porque es luchar contra el sueño, un silencioso enemigo que nos toma de sorpresa aún de día, pero su reinado es en la noche en la que debemos luchar contra él para adorar con todo nuestro corazón a Dios.

Derrotar al cansancio por servir al Señor resulta una de las cosas que más valora Dios porque con ello le demostramos que él es muy importante, tan importante que no nos importa no dormir con tal de bendecir su santo nombre. No dormir pone de malas a muchas personas, pero este salmo nos recuerda que debemos bendecir a Dios.

C. Con todas mis fuerzas

El verso dos de nuestro salmo dice de la siguiente manera:

Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová.

No es casual que a los que adoran a Dios les pida o se nos invite a levantar las manos. Alzar las manos tiene la connotación de una entrega incondicional a Dios. Pero también físicamente levantar las manos nos ayuda a mantener la concentración para adorar a Dios y no dejarnos dominar por el cansancio y luego el sueño.

Levantar las manos es una expresión de darle al Señor todas nuestras fuerzas. Es una manera de demostrarle que no queremos rendirnos ni caer ante el cansancio y fatiga que viene de estar en la noche en su casa, al contrario que disfrutamos gratamente una velada delante de su presencia.

Vaya que es cansado levantar las manos. Lo vemos en la historia del propio Moisés que tuvo que ser apoyado para que estuviera en esa posición por horas. Es un gran esfuerzo para todos y máxime de noche cuando ya estamos agotados.

D. Porque así me bendices

El salmo concluye de la siguiente manera:

Desde Sion te bendiga Jehová, el cual ha hecho los cielos y la tierra.

El salmista confía plenamente que una clase de adoración en la que se le tributa a Dios con todas nuestras fuerzas tiene un recompensa o galardón. El hecho de que la bendición se origine desde Sion nos muestra que la adoración que se le tributa en su presencia tiene siempre una consecuencia.

Además el salmista nos recuerda uno de los atributos del Señor al presentarlo como Creador de todo. El Creador de todo merece justamente una clase de adoración que le haga honor a su condición. El Señor de todo lo creado merece una clase de exaltación en la que se le entregue todo lo que se tiene.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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