La Biblia dice en el Salmo 127:

Cántico gradual; para Salomón. Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. 2 Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño. 3 He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. 4 Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. 5 Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.

Introducción

Este es uno de los salmos que tiene inscripción y su autor es el rey Salomón. Fue escrito por un hombre al que le gustó meditar y reflexionar. Un hombre sumamente sabio que supo que en esta vida uno debe aprovechar las oportunidades que llegan a la vida porque muchas de ellas solo aparecen en una ocasión y no vuelven nunca más.

Salomón fue un hombre sumamente observador y le gusto mirar la realidad a profundidad. No fue de aquellos que vivían sin pensar o pasaban las horas en lo superfluo o vano. Justamente a él le debemos una de las frases más profundas que la Biblia nos ofrece para entender la vida: vanidad de vanides, todo es vanidad.

Algunos optan por traducir esta frase como “en este mundo todo es una ilusión”, lo que nos lleva a una meditación amplia para entender que el hombre muchas veces sigue en esta vida una ilusión porque se deja llevar por la diversas apariencias que hay en este mundo y termina sus días frustrado o desilusionado.

Y el salmo ciento veintisiete nos lleva de nueva cuenta por esta vertiente de pensamiento. El hombre se puede equivocar y destinar lo mejor de su vida en una tarea en la que solo pierda el tiempo y eso lo va a ser sentirse muy mal a la hora de que llegue el corte de caja de su vida.

El hombre tiene que encontrar el sentido a la vida. Los seres humanos no podemos ensayar lo que habremos de hacer de nuestra vida porque no hay repuesto ni otra oportunidad. Debemos, con urgencia, encontrar el camino correcto para no errar ni perdernos en este camino llamado vida.

Y Salomón nos lleva a pensar y reflexionar en lo vano y en lo que permanece. Nos guía en este salmo a adentrarnos en estos dos escenarios de la vida: lo superfluo y lo real. Lo importante ante lo efímero.

Señor, anímame en mi peregrinar a la patria celestial

Salmo 127: Para encontrar el sentido a la vida
A. Porque puedo seguir vanidades
B. Porque hay valores eternos

El peregrino siempre tiene el riesgo de perderse. A pesar de tener la ruta trazada si no conoce bien el camino puede errar y seguir una senda equivocada que lo va a llevar a un lugar al que nunca debió llegar o no llegará a ningún lado porque el camino que tomó no iba a ninguna parte.

Esta verdad puede utilizar como metáfora en la vida de todos los seres humanos cuando de descubrir o llegar a encontrar el sentido de la vida se trata. Los hombres y mujeres pueden equivocarse garrafalmente ensayando la vida en otro lado, cuando la existencia se vive en determinada dirección.

Es un riesgo que Salomón nos presenta en este corto salmo es hacer cosas que a la larga sean inútiles.

A. Porque puedo seguir vanidades

El salmo esta claramente divido en dos partes. La primera que nos muestra los riesgos de dirigir nuestra vida sin el auxilio divino. Y la segunda llevándonos a lo realmente importante o valioso.

Los versos uno y dos dicen de la siguiente manera:

Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. 2 Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño.

El hombre puede poner todo su esfuerzo en una obra o en un proyecto, pero debe cerciorarse de que en ese plan este Dios presente. No importa el tamaño de lo que vaya a ejecutar sea pequeño o sea grande o sea para protección y cuidado de muchos en esta vida no se puede prescindir del Creador.

No hay peor tragedia en esta vida que hacer o acometer cualquier clase de obra con fuerzas exclusivamente humanas. El resultado de una acción de esa naturaleza es sencillo: es algo vano. La palabra vano que usa Salomón en este verso es la misma que utiliza decenas de veces en el Eclesiastés: querer atrapar el viento con una mano. Algo absurdo, pues.

El hombre puede hacer muchas cosas, pero al final de cuentas solo Dios es el que da el contentamiento de lo que hacemos, es decir, si dejamos que Dios nos acompañe en nuestro caminar por este mundo, el ajetreo y el afán y la ansiedad solo se evitan cuando permitimos a Dios intervenir en nuestros planes y proyectos.

Dios tiene el dominio de todo y el hombre por más que se esfuerce por alcanzar aquello que lo llene y lo haga sentir satisfecho nunca lo alcanzará si deja al Señor fuera de su vida y por supuesto fuera de sus planes.

Salomón constrata el esfuerzo humano frente al amor divino. No es que el hombre no tenga que esforzarse, al contrario debe trabajar siempre, pero lo debe hacer con la colaboración de Dios y no a sus espaldas.

B. Porque hay valores eternos

Ante la posibilidad de errar y no acertar en donde invertir nuestra vida, Salomón nos ofrece un camino que nunca falla y que siempre deja satisfacciones en la vida de quienes invierten en la familia. La familia es el núcleo social más valioso que pueda haber y el rey sabio de Israel nos conduce justamente allí.

Del verso tres al verso cinco nos dice:

He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. 4 Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. 5 Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.

La familia es importante porque procede de Dios. De la esposa Proverbios dice que el que halla esposa halla el bien y alcanza la benevolencia del Señor. Y de los hijos dice que son herencia del Señor. Amados por nacer como resultado de la unión del padre y la madre que los engendran. En los hijos o en la familia encontramos el más grande bien en esta vida.

Evidentemente muchos pueden decir, pero conozco familias o conozco padre o sé de hijos verdaderamente infames, pero hay una verdad que Salomón nos deja en estos versos. Los hijos son saetas, flechas, en manos del valiente. La paternidad que no se acobarda es la que hace descendientes llenos de éxito.

Los hijos nacidos en la juventud, dice Salomón, son flechas porque se les dirige correctamente. Porque el padre sabe para donde apuntar y conducirlos para dar en el blanco.

Los hijos pueden llenarnos de satisfacción si sabemos dirigirlos y cuando hay algún problema ellos pueden dar la cara por nosotros si supimos formarlos y criarlos con sabiduría del cielo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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