La Biblia dice en el Salmo 130:

Cántico gradual. De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. 2 Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. 3 JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? 4 Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado. 5 Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. 6 Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana. 7 Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él; 8 y él redimirá a Israel de todos sus pecados.

Introducción

El diseño del templo de Jerusalén fue pedagógico para el pueblo de Israel. Dios quería tener un punto de encuentro con su pueblo y diseñó no solo el lugar sino también los motivos: las celebraciones de pascua, pentecostés, tabernáculos e incluso el día de la expiación. De esa manera los hebreos mantenían su relación con el Padre.

Pero el Señor sabía perfectamente que su pueblo en general y sus hijos en particular lucharían con su inclinación maligna y fallarían a esta cita y aducirían como pretexto que habían pecado y ese pecado los paralizaría o detendría para reunirse con su Dios. Porque el pecado enfría el corazón y aleja de todo lo divino o las cosas de Dios.

La historia de Adán escondiéndose en el huerto del Edén luego de pecar y Dio buscándolo ilustra mucho para entender este salmo que nos ánima a seguir caminando, a mantenernos en la senda que Dios ha trazado para nuestras vidas. Él es un Dios perdonador, solo quien no acude a él a solicitar su compasión no obtiene el perdón.

Este salmo nos ánima a buscarlo y presentarnos ante él cualquiera que sea nuestra condición. Si llegamoa a él manchados por él pecado, el nos ayudará a salir adelante. Como el libro de Isaías dice: Venid y estemos a cuentas, si vuestros pecados fueren como la grana como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Ningún ser humano es perfecto. Todos podemos fallar y hemos fallado, pero la diferencia entre unos y otros radican en que los que caen se levantan y apelan a la compasión divina y otros se quedan allí. Este salmo esta construido para ayudarnos a seguir adelante, a no claudicar sobre todo cuando le hemos fallado al Señor.

El salmista nos lleva del abismo a donde nos conduce el pecado a las alturas a donde nos vuelve a poner el perdón divino. La maldad nos aleja de Dios, su perdón nos vuelve a colocar en el lugar que él diseñó para nuestras vidas, pero no podemos llegar ante él con altivez, con soberbia, sino con sencillez reconociendo nuestra culpa.

Señor, anímame en mi peregrinar a la patria celestial
Salmo 130: Para apelar a tu perdón cuando fallo
A. Para suplicar por tu compasión
B. Para alcanzar tu favor
C. Para esperar tu salvación

A. Para suplicar por tu compasión

Los dos primeros versos de este salmos nos ofrece la triste realidad del pecado porque nos lleva a lugares sombríos, a escenarios llenos de penumbra y una oscuridad donde es muy difícil tomar decisiones correctas.

De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. 2 Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.

Son dos las caracteristicas de esta plegaria: uno, desde donde se hace: de lo profundo y dos: la actitud con la que se hace esa oración, que nos ayudan a entender la situación en la que se encontraba el salmista a la hora de escribir esta plegaria para suplicar la ayuda de Dios en su existencia.

Dice el verso uno, desde lo profundo clamo a ti. Algunas versiones usan la expresión “de lo más hondo”, otras dicen “del fondo del abismo”. Evidentemente es una figura retórica para señalar su condición espiritual al estar alejado o distanciado de la presencia divina. El hombre que deja a Dios va a parar a ese lugar.

No es propiamente un lugar físico, sino más bien un sitio espiritual, un lugar donde la presencia de Dios se ha apartado y por esa razón es un lugar hondo o un abismo de donde es difícil salir con las propias fuerzas, se necesita irremediablemente que alguien nos tome de la mano y nos saqué de allí.

La actitud con la que se presenta la plegaria es de humildad, sencillez y una total ausencia de orgullo. El salmista pide al Señor que oiga su voz y que esté atento a la voz de su súplica, lo que nos muestra que se acerca al Creador de manera correcta, reconociendo que nadie más que Dios lo puede ayudar en esa situación.

B. Para alcanzar tu favor

El verso tres y el verso cuatro nos presentan una verdad profunda:

JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? 4 Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado.

La santidad de Dios es tan imponente, tan gloriosa, tan grande que ningún hombre o mujer podría estar ante su presencia, sino fuera por su gracia, por su amor incondicional, por su bondad infinita y por su misericordia constante que reluce y se manifiesta con quien reconoce su condición pecaminosa.

El salmista le dice que si buscara el pecado en la vida de los creyentes nadie podría estar sin culpa, la frase o pregunta: ¿quién podrá mantenerse?, tiene diversas traducciones. Algunas versiones optan por expresar frases como “¿quién será declarado inocente?”¿quién podría presentarse ante ti?” y “¿quién podría mantenerse en pie?”

La respuesta a estas interrogantes obviamente es nadie. Nadie puede presentarse ante Dios con sus propias fuerzas o con su propia piedad y tener comunión con él porque somos pecadores. Por eso de inmediato señala la solución a este grave problema de la humanidad: en Dios hay perdón.

Dios perdona nuestros pecados. Lo hace cuando llegamos a él arrepentidos y con la firme intención de no volver a cometerlos, pero aquí el salmista nos agrega una razón por la que somos perdonados por el Señor: para reverenciar su nombre, es decir para honrarlo o para respetarlo.

C. Para esperar tu salvación

Del verso cinco al verso ocho encontramos en la versión Reina Valera 1960 cinco veces la palabra esperar.

Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. 6 Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana. 7 Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él; 8 y él redimirá a Israel de todos sus pecados.

El salmista espera el perdón de Dios. Espera su alma. Espera en su palabra que es la que sustenta el perdón divino. Pero no es una espera común, sino una espera anhelante mucho más intensa que la que experimentan los centinelas que vigilaban o velaban a las puertas de la ciudad en las noches.

El salmista hace un llamado a Israel para que espere en el Señor por tres razones: una: en él hay misericordia; dos: tiene el poder suficiente para redimirlos o salvarlos y tres: al final Dios los liberará de todos sus pecados, un promesa del triunfo final del creyente contra el pecado que incluye tanto a Israel como a la iglesia.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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