La Biblia dice en el Salmo 131:

Cántico gradual; de David. Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí. 2 En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma. 3 Espera, oh Israel, en Jehová, desde ahora y para siempre.

Introducción

Este es una salmo muy corto que fue escrito por el rey David, según nos dice la inscripción inicial junto con la frase cántico gradual. Es un llamado para que todos los hebreos y por supuesto nosotros también, a aprender a esperar en Dios siempre con la actitud correcta que requiere esta titánica labor de dejar a Dios conducir nuestra vida.

David escribe este salmo muy probablemente ya instalado como rey de Israel, lo que se ajusta bien a su plegaria porque en ella nos muestra las dos grandes maneras de permitir que sea Dios que dirija nuestra vida: el reconoce que no ha dirigido su vida con altivez y al contrario ha asumido una conducta humilde y sencilla.

Y estos son los tres temas que se entrelazan en este breve, pero profundo salmo: aprender a esperar en el Señor haciendo a un lado la arrogancia y asumiendo una actitud dócil porque si bien esperar en Dios es una experiencia que requiere paciencia sin cruzarnos de brazos en lo que nos corresponde hacer, sí es permitirle a Dios hacer como le place.

A David le queda claro que en esta vida podemos volvernos altivos y soberbios ya sea por nuestros logros, porque al trabajar obtenemos bienes o porque por alguna razón llegamos a un posición de privilegio. En esa momento nuestro corazón se puede llenar orgullo y podemos caer en actitudes desafiantes ante Dios.

Por eso nos muestra de una manera clara y sencilla como debemos conducirnos con humildad que tanto aprecia, valora y premia el Señor. David sabe y está convencido de los grandes beneficios que trae consigo la mansedumbre y la calma en nuestra vida porque trae consigo una tranquilidad que equipara a la que vemos en un niño que ha sido amamantado.

David sabía perfectamente de lo que habla cuando le pide a su pueblo y nos pide a nosotros que aprendamos a esperar en el Señor. Es una disciplina donde la impaciencia no cabe, donde la arrogancia tampoco tiene espacio porque se necesita mucha, pero mucha humildad para permitir que sea el Señor quien actúe y no nosotros.

Señor, anímame en mi peregrinar a la patria celestial
Salmo 131: Para aprender a esperar
A. Sin orgullo
B. Con humildad

Los cánticos graduales o cantos de las subidas se entonaban cuando los peregrinos acudían a Jerusalén a alguna de las fiestas nacionales que Israel tenía. Recitarlas o repetirlas de memoria servían para meditar, reflexionar, hacer una introspección sobre su fe y sobre todo recordar que su vida, en términos espirituales, es un recorrido hacia la patria celestial.

El salmo ciento treinta y uno es un salmo que servía para reflexionar sobre la necesidad que se tiene de esperar en el Señor. Cuando las cosas no cambian, cuando las circunstancias son adversas o cuando las cosas van de mal en peor, estamos obligados a esperar que Dios siempre sabrá obrar.

David es un claro ejemplo de esta verdad. Había vencido a Goliat, su nombre se había vuelto famoso, pero comenzó a padecer una terrible persecución de Saúl que parecía no acabar nunca, pero resistió, soportó todo lo que vino a su vida, merced a una gran victoria que él no asumió suya sino del Señor y del pueblo de Israel.

La palabra esperar que usa en el tercer verso David procede de la raíz hebrea “yachal” que literalmente quiere decir “quedarse” o “permanecer” en un lugar o con un persona. La idea es de alguien que persevera en la espera, en este caso de lo que Dios hará para atender una problemática en particular.

A. Sin orgullo

David tenía muchas razones para sentirse orgulloso. Era no solo un guerrero valiente, sino que era a la vez un magistral músico que componía salmos o cantos para sí y para su pueblo. Esta era una rara combinación porque era feroz a la hora de defender el honor del Señor, pero extremadamente sensible ante la presencia del Señor.

Pero en el primer verso dice de la siguiente forma: Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí.

David se presenta ante Dios para decirle que no ha hecho tres cosas relacionadas con la soberbia: 1. No ha sido altivo. 2. No ha sido altanero y 3. No ha sido pretencioso. David podía regodearse de lo que era y lo que había hecho. Generalmente quienes superan el promedio de lo que alguien puede hacer siempre tienen la tendencia a sentirse superior a los demás.

Pero David se presenta ante Dios y le dice que él no ha sido así. Y lo hace para hacernos a nosotros partícipes de la necesaria capacidad de evitar la altivez. El orgullo es un pecado que nace en el corazón. Allí se planta la falsa idea de que somos superiores o mejores a los demás. Allí se cultiva el equivocado pensamiento de que somos autosuficientes.

Allí se origina el error que nos separa y aparta de Dios y David luchó bravíamente para que su corazón se mantuviera sin soberbia.
Luego le dice que sus ojos no han sido altivos. Una manera poética para señalar que no exteriorizaba el orgullo. David sabía apaciguar los terribles efectos o manifestaciones de la soberbia como cuando se sintió ofendido grandemente por Nabal, pero se calmó luego de la intervención de Abigail, consorte del varón que maltrató al monarca.

Pero el orgullo siempre tiene diferentes facetas y otra de ellas es cuando una persona es pretenciosa. No he sido pretencioso, le dice David al Señor. David no anduvo en grandezas ni en cosas demasiado sublimes, dice la versión Reina Valera 1960. “No he aspirado a cosas grandes, ni a cosas elevadas sobre mi capacidad, traduce la versión Torres Amat.

B. Con humildad

En el otro extremo del orgullo está la humildad. David habla de su experiencia en esta virtud que tanto agrada al Señor. David que ha renunciado a sentirse mejor que los demás o superior a su semejante, le presenta al Señor la manera en que se ha comportado a lo largo de su vida.

El verso dos de nuestro estudio dice de la siguiente manera: En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma.

David acude a Dios para sincerarse y decirle como se ha conducido. Él ha hecho dos cosas que escribe: 1. Se ha mantenido callado y 2. Se ha comportado con calma.

El ejemplo que pone para decirle a Dios esto es muy ilustrativo. Le dice que se ha comportado como un niño destetado. Algunas versiones optan por traducirlo de la siguiente manera: soy como un niño al que han recién dejado de alimentar. Eso quiere decir o presentar su condición como la de alguien que está satisfecho y descansando o en calma.

David se compara con un niño en su docilidad. Un pequeño se calma y tranquiliza cuando come y deja de llorar para conformarse con el alimento que ha recibido.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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