La Biblia dice en el Salmo 132:

Cántico gradual. Acuérdate, oh Jehová, de David, y de toda su aflicción; 2 de cómo juró a Jehová, y prometió al Fuerte de Jacob: 3 No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado; 4 no daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento, 5 hasta que halle lugar para Jehová, morada para el Fuerte de Jacob. 6 He aquí en Efrata lo oímos; lo hallamos en los campos del bosque. 7 Entraremos en su tabernáculo; nos postraremos ante el estrado de sus pies. 8 Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo, tú y el arca de tu poder. 9 Tus sacerdotes se vistan de justicia, y se regocijen tus santos. 10 Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro. 11 En verdad juró Jehová a David, y no se retractará de ello: de tu descendencia pondré sobre tu trono. 12 Si tus hijos guardaren mi pacto, y mi testimonio que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre. 13 Porque Jehová ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí. 14 Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido. 15 Bendeciré abundantemente su provisión; a sus pobres saciaré de pan. 16 Asimismo vestiré de salvación a sus sacerdotes, y sus santos darán voces de júbilo. 17 Allí haré retoñar el poder de David; He dispuesto lámpara a mi ungido. 18 A sus enemigos vestiré de confusión, mas sobre él florecerá su corona.

Introducción

El salmo ciento treinta y dos es el salmo más largo de los quince salmos llamado cánticos graduales. Algunos comentaristas piensan que su autor fue Salomón porque relata los esfuerzos del rey David, su padre, para construir una casa digna al Señor, pero que finalmente le correspondió a él su edificación.

Es un salmo que nos recuerda el esfuerzo de David por construir un lugar digno para adorar al Señor y también su gran compromiso con Dios, a David nunca le pareció bien que el arca del pacto no tuviera un lugar digno y se dio a la tarea de juntar todos los insumos para que su hijo Salomón lo construyera.

El corazón de David era un corazón conforme al de Dios y por su piedad y la gracia divina fue escogido para que de su descendencia viniera a la tierra el Ungido, Mesías o Cristo y este salmo nos recuerda justamente tanto su profunda determinación para edificar el templo del Señor y el pacto que Dios hizo con él.

El esfuerzo y empeño por la casa del Señor por parte de David era un ejemplo alentador para los peregrinos que subían de todas partes de Israel al templo del Señor. ¿Cómo quejarse si el constructor o quien proyecto la edificación de ese santo lugar puso tanto esfuerzo de su vida para alcanzar su anhelo?

¿Con qué argumento los peregrinos podían negarse a continuar en su viaje a Jerusalén si antes de ellos había existido alguien a quien no le importó de ninguna manera cansarse o fatigarse hasta el extremo con tal de construir la casa del Señor?

Este es un salmo que nos compromete con la causa del Señor, que nos desafía porque nos recuerda la historia de un hombre comprometido con la obra de Dios. Alguien que hasta su último aliento procuró por el bien del templo del Señor, alguien que no escatimó ni sus fuerzas ni sus bienes.

Nos asomamos así a la biografía de un hombre que amó la casa de Dios que quiso construirla, pero que no se le permitió y sin embargo no por esa causa dejó de hacer su mayor esfuerzo ni dejó de participar, sino al contrario acumuló materiales para que su hijo fuera el encargado de tal obra.

Señor, anímame en mi peregrinar a la patria celestial
Salmo 132: Para amar tu casa
A. Con un compromiso indeclinable
B. Con humildad
C. Con respeto
D. Con esperanza

Después de que llegaron a la tierra prometida pasaron muchos años para que pudieran edificar el templo de Jerusalén. Ni todos los Jueces que gobernaron después de Josué se preocuparon por contar con una casa digna para el Señor, ni el propio Saúl, que fue el primer rey, se ocupó de esta necesidad. Fue el rey David quien tuvo esa inquietud.

A. Con un compromiso indeclinable

Del verso uno al verso cinco encontramos el gran esfuerzo de David por la casa del Señor:

Acuérdate, oh Jehová, de David, y de toda su aflicción; 2 de cómo juró a Jehová, y prometió al Fuerte de Jacob: 3 No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado; 4 no daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento, 5 hasta que halle lugar para Jehová, morada para el Fuerte de Jacob.

David vivía afligido porque el arca del pacto, símbolo de la presencia de Dios, no tenía un lugar digno para el Creador. La palabra aflicción puede entenderse aquí como una clase de pesar por la falta de algo o la ausencia de alguien. A David le pesaba mucho que Dios no tuviera un lugar digno para adorarlo.

Pero ese pesar no se queda en un mero sentimiento o en meras palabras. No. David al ver esa situación juró al Señor, es decir hizo un voto y un compromiso con Dios. El pesar sin acción es mero remordimiento, pero el pesar con acción es un compromiso para hacer algo para transformar lo que está mal.

David hizo estos compromisos: 1. No entraré en la morada de mi casa. 2. No subiré sobre el lecho de mi estrado. 3. No daré sueño a mis ojos. 4. No daré a mis párpados adormecimiento.

Con estas cuatro frases David se comprometió a trabajar sin descanso con tal de tener un lugar para el Señor. Hasta el último gramo de fuerza, David, se lo entregó a Dios. Renuncio a su propia comodidad, a su propio interés, a sus placeres con tal de hacer un lugar digno de la presencia del Señor.

B. Con humildad

Del verso seis al verso diez nuestro salmo dice de la siguiente forma:

He aquí en Efrata lo oímos; lo hallamos en los campos del bosque. 7 Entraremos en su tabernáculo; nos postraremos ante el estrado de sus pies. 8 Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo, tú y el arca de tu poder. 9 Tus sacerdotes se vistan de justicia, y se regocijen tus santos. 10 Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro.

El imponente templo de Jerusalén albergaba la presencia del Señor y al llegar a ese lugar deberían hacerlo con humildad. La mejor actitud que se espera de quienes llegan o están ante la presencia del Señor es que se postren en el estrado de los pies del Señor, una manera de llamar a la tierra.

La casa del Señor merece nuestra mejor actitud. Merece que lleguemos allí con sencillez porque si bien Dios no habita en templos hechos por manos de hombre, en Jerusalén el templo simbolizaba su presencia y ante tal hecho los peregrinos debían acudir con un corazón muy modesto.

El salmista exclama la actitud con la que deben participar todos quienes acuden a ese lugar: piedad de los sacerdotes y alegría de los que llegaban a adorar por una razón primordial en ese lugar se encontraba el arca del pacto, fiel representación de la grandeza y el poder de Dios sobre esa tierra.

C. Con respeto

El autor del salmo recuerda el compromiso que Dios hizo con David, luego de que el rey mostrara una gran disposición para edificar el templo.

En verdad juró Jehová a David, y no se retractará de ello: de tu descendencia pondré sobre tu trono. 12 Si tus hijos guardaren mi pacto, y mi testimonio que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre. 13 Porque Jehová ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí.

Dios le dijo a David que si sus hijos guardaban el pacto y el testimonio que habían recibido, sus descendientes se sentarían para siempre sobre su trono. Todo dependía que respetaran lo que Dios había ordenado. Dios se comprometió con David por el interés del monarca para construir el templo.

David sentía un profundo respeto por el Señor y Dios esperaba que sus descendientes tuvieran el mismo talante que el rey, pero lamentablemente no fue así. Los hebreos se dividieron y primero diez tribus fueron llevadas cautivas a Asiria, de donde no se supo más de ellas y luego las dos tribus de Judá y Benjamín fueron exiliadas a Babilonia.

La casa del Señor merece honor y respeto. No se puede jugar con algo tan sagrado como el recinto donde reposaba la presencia del Creador.

D. Con esperanza

Del verso catorce al dieciocho nuestro salmo concluye de la siguiente forma:

Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido. 15 Bendeciré abundantemente su provisión; a sus pobres saciaré de pan. 16 Asimismo vestiré de salvación a sus sacerdotes, y sus santos darán voces de júbilo. 17 Allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. 18 A sus enemigos vestiré de confusión, mas sobre él florecerá su corona.

En estos cinco versos encontramos al menos ocho promesas promesas: 1. Aquí habitaré. 2. Bendeciré abundantemente. 3. Saciaré de pan. 4. Vestiré de salvación. 5. Darán voces de júbilo. 6. Haré retoñar el poder. 7. Vestiré de confusión y 8. Florecerá su corona.

La casa del Señor es un lugar de bendición porque Dios habita allí. David sabía que la presencia de Dios es transformadora, protectora y productora de grandes bendiciones. Por esa razón quería construirla para que todo el pueblo de Israel pudiera tener acceso a todos los beneficios que tiene el rostro de Dios en la vida de las personas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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