La Biblia dice en 1º de Crónicas 16:4

“David nombró entre los levitas a los que habían de servir delante del arca del Señor, para que se encargaran de celebrar, dar gracias y alabar al Señor, Dios de Israel.”

Trasladada el arca del pacto a Jerusalén e instalada en el monte de Sion, David comenzó a organizar los servicios litúrgicos que habrían de celebrarse con motivo de la presencia de Dios entre los hebreos que se representaba con ella y que a criterio de David era necesario contar con una adoración permanente.

Para esa labor eligió a levitas cantores y estableció grupo de ellos encabezados por responsables, entre ellos encontramos mencionado a Asaf, Hemán y Etán, a quienes se les entregó la responsabilidad de mantener la exaltación a Dios constantemente, a través de suss propias composiciones de David y la de ellos mismos.

Descubrimos así que esta actividad era un servicio, una labor, una actividad que debía hacerse con toda dedicación. Cantar a Dios es un servicio. La palabra servicio que usa la versión Dios Habla Hoy procede de la raíz hebrea “sharath” que se traduce como sirviente, ayudante o asistente. Algunas versiones lo traducen como ministro.

Esencialmente servimos a Dios, entonces, cuando celebramos su nombre, cuando damos gracias y cuando lo alabamos, tres actvidades que desarrollamos cuando nos reunimos como pueblo escogido por Dios y en privado cuando oramos o cantamos en nuestros hogares levantando nuestra voz.

Algunas versiones en lugar de celebrar traducen como conmemorar que significa recordar un hecho singular y en el caso de nuestro Dios siempre será muy valioso poder traer a nuestra memoria todo lo que el ha hecho a nuestras vidas y lo que ha hecho a lo largo de toda la historia de su pueblo.

La gratitud es también una muestra inequívoca que nuestro corazón ha sido transformado porque elevamos nuestras voces para reconocer que todo lo bueno y malo que hemos recibido en esta vida forma parte de un plan divino para bendecir nuestras vidas y construir en nosotros su carácter bondadoso.

Y alabar a Dios es una forma de reconocer que Él es el único ser digno de ser bendecido en esta vida y que al hacerlo encontramos sentido y razón para nuestras vidas que lejos de su presencia naufragan como un barco en medio de una tempestad o como una ola llevada por todo viento de aquí para allá.

Servimos a Dios, entonces, cuando conmemoramos sus grandes hazañas, le agradecemos todo lo que hace y alabamos su bendito nombre.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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