La Biblia dice en Jonás 1:4

“Pero el Señor hizo que soplara un viento muy fuerte, y se levantó en alta mar una tempestad tan violenta que parecía que el barco iba a hacerse pedazos.”

Jonás no quería ir a Nínive a predicar. Se le hacía que esos paganos, violentos y sin conocimiento del Señor eran indignos de su mensaje y tomó la decisión de ira Tarsis, el punto más lejano de Jope, donde estaba cuando recibió la encomienda de trasladarse a ese lugar. Algunos arqueólogos e historiadores piensan que Tarsis estaba en España.

La decisión de Jonás tenía una motivación nacionalista y prejuiciada sobre cualquier nación que no fuera la de Israel. Para él como para muchos hebreos todas las naciones paganas eran merecedoras del castigo divino, no de su gracia y favor y no tendría sentido ir a Nínive a predicar a un pueblo rebelde, pero además cruel y despiadado con sus adversarios.

Sin embargo, los planes del Señor eran completamente diferentes a los pensamientos equivocados de Jonás y esa fue la razón por la que lo lanzó a esa ciudad, pero Jonás huyó de la presencia del Señor, como si eso fuera posible. En realidad una vez llamados por Dios los hombres no podrán jamás escapar de su destino.

Ante la obstinación de su profeta Dios levantó un viento muy fuerte y una tempestad muy violenta que parecía que el barco donde Jonás huía se iba a despedazar que el viaje se hizo imposible y en plena alta mar la embarcación se detuvo para mostrarle a Jonás y a todos nosotros que los planes de Dios se cumplen. Que sus instrucciones son impostergables.

Que siempre será mejor atender sus palabras y ordenes porque jamás podremos hacerle frente cuando usa su fuerza para mostrarnos quién es él y quiénes somos nosotros. Que su poder sobre todo lo creado lo usa para recordarnos que el mar, las nubes, los ríos son sus servidores incondicionales. Ellos son usados por él para ejecutar muchos de sus planes.

A veces tenemos que recordarlo cuando somos llamados o enviados a una tarea o misión que no resulta de nuestro agrado o cuando nuestros prejuicios son tan grandes que creemos que son más importantes que las indicaciones que Dios nos ha dado y que debemos cumplir a cabalidad.

La historia de Jonás siempre será útil para traer a nuestra memoria y corazón que servir a Dios tiene como punto de partida hacer a un lado por completo lo que nosotros pensamos, creemos o hemos construido en nuestra mente sobre tal o cual persona. El llamado de Dios para nosotros debe estar por encima de nuestras absurdas conclusiones.

Y también ese pequeño libro de la Biblia nos recuerda que nunca podremos derrotar a Dios ni hacerle cambiar de parecer cuando ha tomado una decisión para salvar a las personas. Nos muestra que nosotros somos sus servidores, no sus consejeros.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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