La Biblia dice en Josué 12: 24

“Treinta y un reyes por todos.”

Este es el número de reyes que derrotó Josué para asentar a las doce tribus de Israel en la tierra que Dios le había prometido que les daría. Antes de presentar la lista de todos los monarcas vencidos, el libro de Josué enlista también a los gobernantes que los hebreos derrotaron dirigidos por Moisés. Fueron dos: Seon y Og. 

Por supuesto que de inmediato se nota la diferencia entre lo que logró Josué y lo que logró Moisés, sin embargo, el legislador de Israel no entró a la tierra prometida, solo la contempló y fue Josué quien tomó el liderazgo para librar cruentas y prolongadas batallas que lo desgastaron considerablemente. 

El hijo de Nun se hizo viejo peleando, pero cumplió la encomienda que se le dio. Fue una tarea ardua y aunque no logró expulsar a todos los pueblos que habitaban Canaán, si hizo lo que le tocaba hacer. El tiempo no le alcanzó porque hasta sus últimos días tuvo el compromiso de servir a Dios.

Las lista de los reyes derrotados por Josué nos recuerda que la vida es una batalla permanente para vencer en primer lugar a nosotros mismos, que somos los más grandes enemigos que cada uno de nosotros tenemos. Son múltiples batallas las que tenemos que enfrentar con nuestros vanos deseos, nuestros malos hábitos, etcétera. 

Luego tenemos que luchar contra los diversos engaños que el mundo nos ofrece. En fin, la vida es una permanente batalla de la que tenemos que salir airosos y nunca debemos doblar las manos, ni decaer porque hasta el último suspiro nuestros debemos mantenernos en alerta. 

Josué fue incansable guerrero desde joven. Su temple no decayó nunca. Vivió ciento diez años y hasta sus últimos días permaneció fiel a su llamado y vocación que le encomendó Dios. Se dedicó a ello en cuerpo y alma y cuando ya no pudo más siguió fiel a su llamamiento. No terminó ni frustrado ni decepcionado. 

Se desgastó, se consumió y sus años de vida se le fueron en esa labor, pero no terminó enfadado, al contrario de haber tenido más fuerzas hubiera mantenido su récor de batallas en Canaán. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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