La Biblia dice en Salmos 117: 2

“La fidelidad del Señor es para siempre”

Dios es fiel. Esta frase de apenas tres palabras tiene una carga espiritual profunda, intensa y muy fuerte. Es la síntesis de la esencia de Dios. La frase se puede poner a la inversa y sigue significando lo mismo: Fiel es Dios. Estas tres palabras nos lleva a considerar un atributo divino que nos consuela, alienta y fortalece: la inmutabilidad del Creador.

Dios no cambia. No pasa de un humor a otro. No varía en sus estados de ánimo. Dios es el mismo siempre. Esta verdad nos debe llevar a la certeza de que estamos frente a un ser que es vertical, congruente y leal a sí mismo y se mantiene en lo que ha dicho y en lo que es sin ninguna transformación posible. 

La experiencia del pueblo de Israel con la afirmación: Dios es fiel es ejemplar. Israel después de siglos sigue allí como nación. Perseguido como ningún otro pueblo ha prevalecido, se ha sostenido y ha sobrevivido a persecución infames en todo el mundo. Hoy mismo enfrenta a casi todo el mundo por los sucesos en Gaza, en Palestina. 

Pero suceda lo que suceda ellos experimentarán la fidelidad de Dios y a pesar de las circunstancias complejas que enfrenten saldrán adelante porque Dios le prometió a Abraham hace cientos de años que su pueblo habitaría en el lugar que le mostró y Dios lo ha cumplido y lo cumplirá. 

La razón de esta aseveración es que la fidelidad de Dios no tiene fecha de caducidad. Es atemporal. De hecho algunas versiones en lugar de “para siempre” traducen como eterna, que es una expresión más significativa porque la eternidad ni tiene punto de partida, ni tiene punto final. No tiene principio ni fin. 

Esa es la razón por la que podemos confiar siempre en Dios. Esa es la causa que nos hace esperar en el Señor. No cambia ni cambiará jamás sus planes para con nosotros. Nos llamó a servirle y él se hará cargo de los inconvenientes que surjan en ese trayecto. A nosotros solo nos debe importar cumplir con nuestra misión. 

Cuando menos nos demos cuenta el transformará nuestra sequedad en verdor. Cuando menos lo pensemos él se habrá hecho cargo de nuestras ansiedades, angustias y temores, porque para él nada es imposible con tal de mostrarnos y demostrarnos que su fidelidad es eterna. 

Gracias que Dios no cambia. Bendito el nombre de quien es el mismo de ayer, hoy y siempre.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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