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jueves, mayo 13, 2021
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Sin vergüenza porque hemos sido alumbrados

Dice la Biblia en Salmos 34:5 

Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.

Uno de los fenómenos más maravillosos ocurre cuando nos encontramos en total oscuridad y de pronto una luz se enciende. La vemos expandirse y de alguna manera nuestro corazón se siente confortado. 

Algo similar ocurre cuando venimos a Cristo, por ello el maestro decía: «Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas.» Cuando nos encontramos con él, la luz, su luz, lo abarca todo y ocurren tres consecuencias importantes: 

Cuando su luz se ha instala en nuestra vida, somos alumbrados, por primera vez llegamos a casa, su calidez llena nuestro corazón de alegría y los temores se disipan, es entonces cuando por fin podemos ver claramente todas aquellas cosas en las que nos equivocamos, todas las cosas en las que debemos parecernos más a él. 

El efecto es similar al amanecer, conforme el sol va saliendo, va alcanzando cada lugar y cosa a su paso. Queda a la vista toda la amplitud de los cielos, su creación maravillosa queda en total evidencia, pero también alcanzamos a percibir toda la suciedad que nos rodea. 

Esa es la razón por la que el salmista declara con tanta seguridad que no seremos avergonzados. Porque si su luz está en tu vida, cada circunstancia es vista con la claridad que nos da su gracia. Con su luz somos capaces de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo que nos conviene y lo que no. 

Por el contrario si vienes a su luz cada tanto, si en ocasiones prefieres la oscuridad y la aprovechas para retroceder en tu vida cristiana, entonces con frecuencia, vendrán a tu vida momentos en los que sientas vergüenza, eso es más que seguro. 

Muchas veces confundimos o malinterpretamos los momentos vergonzosos, creemos (casi siempre) que somos discriminados por ser seguidores de Jesús, pero más veces de lo que imaginas quedamos en evidencia porque estamos lejos de su luz. 

Así que acerquémonos a él, pero no de manera momentánea. Vengamos a su luz, para mantenernos en ella. La promesa es que mientras seamos parte de su luz no seremos avergonzados.

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