La Biblia dice en Mateo 1:18

“El origen de Jesucristo fue éste: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes que vivieran juntos, se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo.”

Mateo y Lucas escribieron el evangelio de Jesús por revelación del Espíritu Santo y plasmaron una verdad que a muchos les sigue causando dificultades para aceptarla: el nacimiento de Jesús fue sobrenatural: en su concepción no medió la intervención humana para que María quedara embarazada.

Mateo nos presenta el grave conflicto que significó para José aceptar este hecho. Él era el esposo de María y aunque materialmente el matrimonio no se había consumado pues era su prometida, cuando se enteró que estaba encinta sencillamente la quiso dejar porque le resultaba a todas luces increíble que estuviera en estado de gravidez sin relaciones carnales.

Pero el nacimiento o la concepción de Cristo fue el resultado de la intervención divina para que una virgen, tal y como estaba escrito en libro del profeta Isaías, concibiera al Hijo de Dios, quien habría de traer la salvación a la humanidad, perdida y condenada al eterno castigo del infierno.

José aceptó esa verdad. Mateo y Lucas la escribieron porque la creyeron y así millones de personas aceptan por la fe que ese milagro ocurrió de esa forma porque para Dios no hay nada imposible, sin embargo para muchas personas les resulta muy difícil aceptar esta verdad porque piensan que eso no puede ocurrir.

La encarnación de Cristo está ligada, atada y encadenada a esta verdad: Jesús fue concebido de manera sobrenatural y la fe es la que nos ayuda a aceptarlo, creerlo, confesarlo y compartirlo con quien abre su corazón y acepta de manera sencilla esta verdad que tiene como virtud traer una gran paz a la vida de quienes lo creen.

La intervención del Espíritu Santo fue fundamental para que María quedara embarazada y es ese mismo Espíritu el que nos ayuda a creer que en efecto es fue la manera que Dios determinó que el Salvador del mundo viniera a la tierra a salvar todo lo que se había perdido a causa del pecado.

Celebrar la Navidad es acercarnos a lo sobrenatural. Es una celebración que nos eleva por encima de lo mundano y nos instala justamente en el terreno de lo que para los hombres es imposible, pero para Dios no.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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