La Biblia dice en 1ª Corintios 13:11-12

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

Introducción

Después de definir qué no es el amor, qué sí es el amor y qué hace el amor, Pablo está consciente del gran desafío que implica amar. La virtud del amor es profunda, es desafiante y retadora porque implica una negación absoluta de nuestro egoísmo y la supresión de todo orgullo y altivez, dos características que los hombres tienen muy arraigadas.

Amar con nos enseña el capítulo trece de la primera carta a los Corintios es una exigencia a la que muchos no están dispuestos porque tiene implicaciones insospechadas, sobre todo porque nos confronta con la razón, qué difícil es amar y tratar de entender porque lo debemos hacer.

Por eso Pablo pone un ejemplo muy sencillo: los niños no hablan como adultos, no piensan como adultos y tampoco juzgan como adultos. Ellos son menores de edad y carecen de la capacidad para que puedan entender todas las cosas que se les presenta en la vida y viven de esa manera.

Sin embargo cuando se vuelven adultos dejan las actitudes infantiles y comienza a hablar, pensar y juzgar como personas adultas. Es un proceso que tarda el tiempo en que dejan de ser niños y se convierten en mayores de edad. Pablo se pone de ejemplo en el cambio radical que opera el paso de la infancia a la adultez.

Lo hace para que los cristianos de Corinto y por supuesto nosotros comprendamos que al amar habrá muchas cosas que nosotros no entenderemos, en muchas ocasiones parecerá que estamos haciendo algo fuera de toda lógica y en otras situaciones pensaremos que al amar estamos perdiendo nuestro tiempo.

El apóstol Pablo sabe perfectamente las grandes contrariedades que traerá consigo imitar a Jesús, por ejemplo, que en el umbral de su muerte, perdonó a sus acusadores, captores y asesinos ante el Padre para que no les considerará ese pecado atroz que estaban cometiendo con el Hijo de Dios.

El amor es una virtud que se confronta seriamente con la lógica o la razón. Lógicamente o razonablemente hay personas a las que no debemos amar, pero Dios no llama a hacerlo.
No lo vamos a entender. Va a resultar inexplicable, pero lo tenemos que hacer por eso Pablo usa el ejemplo del niño-adulto. Lo que él niño no entiende lo entenderá cuando sea grande, como decimos en Oaxaca. Por eso en los dos versos que meditaremos en esta ocasión Pablo les habla del hoy y del futuro.

Les dice “ahora” y luego les señala “entonces” para hacerles comprender que si bien ahora no logren entender las consecuencias de amar, en el futuro lo comprenderán cabalmente, igual que un niño deja de lo que es de niño para convertirse en un adulto. El hecho de no comprender no nos exime de amar.

Solo les faltaba amor

Porque amar va más allá de lo comprensible
A. Nos confundimos
B. Tenemos grandes limitaciones

Durante la infancia hacemos muchas cosas que no entendemos. Nuestra memoria se pierde al momento de tratar de recordar, por ejemplo, como nos comportamos el primer día de clase en la primaria. Pero tenemos más vívida la primera vez que nos presentamos en la preparatoria o universidad. Lo que hicimos hace veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años, apenas si lo recordamos, pero seguramente no fue igual cuando ya éramos grandes.

Así lo plantea Pablo en nuestro pasaje que meditaremos:

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Con este preámbulo Pablo nos ayuda a entender el significado del amor en la vida práctica de las personas: un ejercicio complejo, con contrariedades, con grandes desafíos y a veces con muchas cosas inexplicables, con muchas preguntas sin respuesta y con planteamientos difíciles de darle sentido coherente.

A. Nos confundimos

Pablo sabe perfectamente que a la hora de poner en práctica la humildad, la mansedumbre y la bondad tendremos interrogantes que no tendrá una contestación satisfactoria. Sencillamente no habrá una réplica convincente para lo que sucede cuando amamos bíblicamente.

El verso doce dice así en su primera parte:

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara.

Pablo se planta en el presente y compara la práctica del amor con una persona que se ve en un espejo. Hay que aclarar que los espejos de ese tiempo eran muy rudimentarios, no como los de ahora y las imágenes que emitía o que daba era un tanto borrosas. Algunos historiadores piensan que eran espejos de cobre, no de cristal como ahora.

Y ese ejemplo le sirve al apóstol para decirnos que ahora no logramos bien a bien ver el resultado del amor que profesamos a nuestros enemigos, a quienes nos aborrecen o a quienes nos persiguen. Pero eso terminará cuando Jesús vuelva o cuando lleguemos a su presencia.

Cuando lleguemos ante él, se porque venga o sea porque vayamos, todo será aclarado y entonces veremos de manera directa la trascendencia para nuestra vida de haber practicado el amor y haber dejado el egoísmo y el orgullo para dar paso a la bondad y humildad en nuestras vidas.

B. Tenemos grandes limitaciones

Para entender un hecho o entender una persona debemos tener todas las aristas del suceso o toda la información sobre un hombre o mujer y eso es muy complicado de obtener porque los seres humanos tenemos grandes limitaciones a la hora de conocer un hecho o una persona.

Así lo plantea Pablo: Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

Nuestros conocimiento es parcial, imperfecto y en consecuencia limitado para saber por qué debemos amar y cuál será el resultado de amar a quienes se oponen a nosotros. Quisiéramos saber que el resultado cuando tenemos ante nosotros la obligación de amar de acuerdo a la definición que Pablo nos ha dado. Pero no lo alcanzamos.

Pablo subraya la frase “ahora” para enlazar con “entonces”, en otras palabras hoy no lo conozco todo, pero mañana conoceré incluso como fui conocido, es decir sabré como me veía Dios cuando amaba, sabre con exactitud la opinión que él tenía de mí cuando practicaba el amor ágape.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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