La Biblia dice en 1ª Corintios 9: 24-27

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Considerar a los demás, renunciar a nuestros “privilegios” y se condescendientes con nuestros semejantes requiere, reclama, exige y demanda esfuerzo. No es una cuestión de buena voluntad o que nazca con solo desearlo. Y el apóstol lo sabe perfectamente y para reafirmar esta idea recurre a un sólido y conocido ejemplo de sus lectores.

Los griegos y luego los romanos le dieron a la actividad física, el ejercicio y el deporte un valor sin igual en su cultura. Las estatuas de deportistas rescatadas por arqueólogos en las diferentes ciudades del imperio nos muestran el culto a la perfección del cuerpo que la cultura grecorromana tenía.

Y ni que decir de las competencias deportivas que instalaron y que luego de siglos continúan vigentes como las Olimpiadas a las que acudían a competir jóvenes de todas las poblaciones, primero de los griegos y luego de los romanos. Los coliseos o estadios construidos y preservados hasta nuestros días son una muestra fehaciente de esta verdad.

Se premiaba en esos tiempos el esfuerzo, la dedicación, el empeño y sobre todo la disciplina para regular y tornear o tonificar su cuerpo para hacerlo competitivo en las diferentes disciplinas que existían en las competencias, particularmente los juegos Olímpicos inventados por los griegos y retomados por los romanos.

Los jóvenes de esa época era extremadamente disciplinados y esforzados. Para muchos de ellos era toda una profesión, que aunque no alcanzaba los niveles que hoy tiene, sí les permitía un poco de fama y reconocimiento en sus ciudades, ya que en ese tiempo no habían medallas de oro, plata o bronce, sino una corona de olivo que les daba estatus.

Y ese es justamente el ejemplo que el apóstol Pablo usa para recordarle a los cristianos de todos los siglos que condescender con los demás, hacer a una lado los legítimos derechos requiere y reclama esfuerzo. Ser empáticos con los hermanos de débil conciencia o una fe débil, exige algo más que buenos deseos.

Pablo nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de tomar como un reto o como una competencia entender la manera de pensar de los demás y no querer siempre imponer nuestros criterios o nuestra forma de pensar sobre éste o aquel tema, sino siempre con humildad y compresión.

Pablo se apresta a enseñarnos cómo debemos actuar para lograr poner por obra la difícil actitud de ser solidario con los que no han alcanzado nuestro nivel de fe.

Solo les faltaba amor
Porque les faltaba esforzarse
A. Para ser premiados
B. Para no ser eliminados

Pablo emplea dos ejemplos de las muchas competencias que existían en las justas deportivas de su tiempo. Las carreras y las luchas. Corredores y luchadores eran conocidos en su tiempo porque dedicaban muchas horas a perfeccionar su disciplina. Desde ese tiempo ya se corría la maratón consistente en recorrer cuarenta y dos kilómetros.

También ya existía lo que ahora conocemos como la lucha grecorromana, que exigía a los practicantes o deportistas mucha dedicación para tener fuerza y técnicas que les permitieran pelear contra sus adversarios y por supuesto un físico que les pudiera dar resultados a la hora de combatir.

Pablo dice que los creyentes deben imitar en su esfuerzo a los deportistas que iban a esas competencias.

A. Para ser premiados

En los versos veinticuatro y veinticinco Pablo describe lo que se vivía en un estadio como él le llama al lugar donde la gente se reunía para ver a los atletas competir.

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

La palabra estadio procede de la raíz griega “stadion” que más que un lugar, espacio o edificio era una competencia de carreras entre atletas y debido a esta carrera el lugar donde se llevaba a cabo recibió el nombre de estadio que hoy utilizamos en diversos deportes.

La preparación de quienes corrían el stadion era largo. Meses de preparación para competir. Fuerza para resistir y vencer a sus adversarios. La recomendación de Pablo a los creyentes de Corinto es una analogía de lo que acontecía en ese lugar es sencilla: corran así, de la misma manera como los atletas corren.

En las competencias no se premiaba a quien perdía. No se galardonaba a quien llega en último lugar, se reconocía a quien llegaba en primer lugar. Los corintios sabían perfectamente de que hablaba Pablo. Si ellos querían un reconocimiento de parte del Señor debían imitar el esfuerzo de los corredores.

A la par de los corredores, Pablo utiliza también a los luchadores o gladiadores que peleaban en las competencias y ellos se abstenían de muchas cosas. Es decir anteponían su disciplina deportiva ante cualquier placer que los llevara a descuidar o relajar la disciplina con la que se entregaban a su deporte.

Ellos lo hacían por una corona corruptible, es decir un corona de olivo que algunas semanas después se secaba y terminaba destruida, en cambio los creyentes tendremos una corona incorruptible que durara por la eternidad.

B. Para no ser eliminados

Pablo nos presenta el peligro que tenían todos los atletas a la hora de competir, podrían ser eliminados o sancionados por los árbitros o referís que vigilaban que los participantes cumplieran con las reglas que cada actividad deportiva tenía.

Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Siguiendo con los ejemplos de la carrera y la lucha o pelea grecorromana, Pablo dice dos cosas valiosas sobre la forma en la que él trataba a toda costa de ser sancionado por los árbitros de la competencia.

El no corría a la ventura. La palabra ventura procede del griego “adélos” que literalmente significa incierto o sin un objetivo determinado. Pablo tenía un propósito o dirección. Sabía a donde iba. No caminaba o no corría sin tener clara su meta. Al igual que los atletas que sabían dónde habían comenzado a correr y tenían perfectamente claro donde terminaban.

Pero también Pablo les dice que él no peleaba como quien golpea al aire, una manera de señalar que no daba pasos en falso, no perdía el tiempo, evitaba al máximo vivir sin objetivos o metas muy claras.

Pablo era sumamente disciplinado y no dejaba que su cuerpo lo dominara y lo ponía al servicio del Señor, porque solo de esa manera podía evitar la eliminación de la competencia siendo como era, un heraldo del Señor.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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