La Biblia dice en 1ª Corintios 14: 39-40

Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; 40 pero hágase todo decentemente y con orden.

Introducción

Era tal el desorden que vivían en la iglesia de Corinto con el don de lenguas que Pablo concluye su misiva llamándolos a esforzarse en la búsqueda de la profecía y no impedirse hablar en lenguas, pero en un marco de sobriedad, sensatez y de manera apropiada privilegiando el respeto y el orden.

Con ello nos deja claro que la iglesia no es un lugar cualquiera, no es un mercado, no es un espacio donde cada quien puede hacer lo que le venga en gana o lo que le parezca acertado, sino un grupo de creyentes que se deben manejar con los más altos estándares de concordia, buena voluntad y sobre todo sujetos a la máxima autoridad que es Cristo.

No es que Pablo les impusiera reglas humanas o estableciera criterios legalistas para regular su conducta, sino que apela a dos principios esenciales para la sobrevivencia de toda comunidad de hombres y mujeres que cohabitan en un mismo espacio a fin de lograr sus fines u objetivos.

Se trata de enseñarles y enseñarnos a nosotros que no podemos bajo ninguna razón dejarnos arrastrar por antivalores o actitudes que han probado una y otra vez su perniciosa y destructiva capacidad para dañar a un grupo de personas que se reúnen cotidianamente o que conviven de manera periódica.

Pablo nos lleva al orden y a la decencia. Dos términos que algunas versiones vierten de manera distinta. De manera correcta y ordenada, dicen unas. Con decoro y orden, señalan otras. Respeto y orden, mencionan algunas más. En tanto que otras dicen: de forma apropiada y con orden. De forma conveniente y ordenada, apuntan algunas más.

Llaman la atención que en todas las versiones la palabra respeto se utiliza permanentemente y también que la palabra decentemente que usa la versión Reina Valera 1960 se traduce como corrección, decoro, respeto, forma apropiada y conveniente, lo que nos hace pensar seriamente en los excesos a los que se puede llegar en la iglesia.

Pablo sabe que una comunidad cristiana que pierde el orden y el respeto entre ellos es un lugar donde pueden suscitarse los más descabellados hechos contrarios totalmente a la naturaleza de la iglesia. Prueba de ello son las historias espeluznantes como lo acontecido en Waco, Texas con David Koresh, en la Guyana con Jim Jones y otros tantos casos de caos.

La iglesia tiene parámetros que nunca se deben rebasar, que se deben respetar siempre a fin de evitar caer en excesos o en prácticas que en lugar de honrar a nuestro bendito Salvador provoquen la mofa y el escarnio de su bendita obra por la que pagó con su preciosa sangre vertida en la dolorosa cruz del calvario.

El amor hace que nos conduzcamos de manera apropiada. La falta de misericordia unos a otros nos puede llevar al explosivo, peligroso y dañino terreno del desorden y conducta inapropiada como vivían los Corintios a los que Pablo tuvo que corregir.

Solo les faltaba amor

Porque se conducían de manera impropia
A. Sin orden
B. Sin decencia

A. Sin orden

La palabra griega de la que se deriva del vocablo “taxis” tenía diferentes usos en los tiempos de Pablo. Se usaba para señalar un arreglo visual donde cada parte de un adorno ocupaba un lugar específico. También era un término del ejército romano para precisar los rangos que hacían posible movilizar a miles de hombres. Desde el centurión hasta el soldado.

El orden no es una camisa de fuerza, sino la ubicación adecuada de las partes de un todo. Se trata de colocar de manera adecuada en una casa por ejemplo los cuchillos, cucharas, platos y tazas en la cocina y el menaje de los baños en el lugar que les corresponde y no en la sala, por ejemplo.

Pablo quería que los hermanos de la iglesia de Corinto comprendiera cabalmente que cada persona que llegaba a la iglesia cumple con una función primordial e indispensable y sobre todo único, es decir nadie más tiene esa capacidad que Dios les ha dado. Quería que todos
comprendieran que nadie está demás dentro de la iglesia y tampoco nadie es menos.

El orden, como ya lo hemos visto en otra ocasión, trae para la iglesia muchos beneficios porque ubica y sitúa a cada quien en el lugar que le corresponde, pero la ausencia de ese principio puede ser muy lamentable porque lo que nace de su falta es el caos, la confusión y la anarquía.

No estaba mal que hablaran en lenguas, lo que estaba mal es que no se aplicara con rigor el principio de orden. Allí residía el problema porque todos hablaban al mismo tiempo y nadie podía entender. Pablo quería, además de que buscaran el don de profecía, se tuvieran en cuenta la necesidad de regular hablar en lenguas. No prohibirlas.

Así se entiende cuando dice: Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas. Se trataba de esa forma de que no cayeran en una conducta impropia distante al estilo de vida que Jesús quería y quiere que practiquemos.

B. Sin decencia

El término decencia que usa el apóstol Pablo surge de la raíz griega “euschémonós” que se usa solo tres veces en todo el Nuevo Testamento. Se usa en Romanos 13: 13 así: Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, ni en lascivias y libertinaje, ni en pleitos y envidia.

Y en 1ª de Tesalonicenses 4:12 que dice así: a fin de que andéis honradamente para con los extraños, y no tengáis necesidad de nada.

Se usa como honestamente y honradamente, dos palabras que nos llevan a pensar en una persona que se conduce con estándares comprometidos con un estilo de vida distinto al de la mayoría de la gente porque evita los excesos y porque sus actos se sujetan a un vida honrada delante de los demás.

La decencia es un tipo de conducta contraria al descaro y a la vida sinvergüenza. Es interesante notar que los creyentes de la iglesia de Corinto habían caído en esta actitud, distante y lejana a la sinceridad y decoro que Cristo espera que manifestemos sus seguidores adentro y fuera de la congregación.

La palabra decencia nos lleva a pensar seriamente del cuidado con que debemos tratar a quienes nos rodean. El respeto a los demás, la honestidad, el recato y la modestia, son prendas que nace de una vida decente o una existencia en la que reconocemos la dignidad de las personas.

Pablo quería que los hermanos de Corinto entendieran que la iglesia no es un lugar común y que hay valores que se deben privilegiar al reunirnos a adorar al Señor. El amor nos hace vivir ordenada y decorosamente. La falta de amor nos vuelve irrespetuosos con los demás y eso no corresponde a nuestra condición de hijos de Dios.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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