La Biblia dice en la 1ª Corintios 6:9-11

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Introducción

El auto engaño es la peor forma de la mentira. Uno sabe que la gente miente y con toda probabilidad nos pueda engatuzar y hacernos creerle alguna de sus historias o algunas de sus palabras, pero mentirnos a nosotros mismos resulta simplemente la peor forma de la falsedad.

Desde que el hombre está en esta tierra el autoengaño ha existido y de no tratarse o atenderse puede resultar muy dañino para la persona. Por ejemplo: Adán cuando Dios lo confronta para decirle que si había comido el fruto prohibido, él le responde: la mujer que me diste me dio de comer. Típico caso de autoengaño. Yo no comí, me dieron a comer.

Engañarnos a nosotros mismos tiene mucha presentaciones porque se recurre a esa actitud para negar o no aceptar nuestra realidad. Otro ejemplo: Una zorra ve un racimo de uvas e intenta alcanzarlas. Al darse cuenta de que está demasiado alto, desprecia las uvas diciendo: “¡No están maduras!”.

Los hermanos de la iglesia de Corintio estaban en esa situación: querían negar la realidad y se autoengañaban y por eso Pablo les dice “no erréis”, que se traduce como no se engañen, no se mientan o no vivan con falsedades porque esa clase de vida no corresponde a quienes han creído en Jesús, Verdadero Dios.

Los Corintios se mentían a sí mismo sobre quienes habrían de heredar el reino de Dios. Ellos sabían que los pecadores habituales y sin remordimiento o arrepentimiento no eran candidatos a ir al cielo porque vivían de manera natural sin sentir ninguna clase de pesar por su conducta.

Los injustos como les llama Pablo a los inconversos no heredarán el reino de los cielos, pero los justos sí. Los que habían sido lavados, santificados y justificados.

Pablo busca que los Corintios no se engañe a sí mismo en una verdad que no permite ninguna clase de confusión: la vida eterna, aquí llamada reino de Dios. Pablo aclara categóricamente que es incompatible aspirar al reino de Dios, reino de los cielos o reino de Cristo viviendo sin ninguna clase de mesura.

Enlista diez pecados o diez clase de pecadores que no heredarán el reino de los cielos y pone tres acciones del Señor sobre quienes sí heredarán el reino de Dios. Esa distinción busca que los Corintios dejen de engañarse a sí mismos.

Solo les faltaba amor

Porque vivían engañándose ellos mismos
A. Sobre quienes no heredarán el reino de Dios
B. Sobre quienes sí heredaran el reino de Dios

Dos veces usa Pablo la expresión heredarán. La palabra procede de la expresión griega “kléronomeó” que literalmente significa asignación específica de una porción de una cosa”, la palabra devino en una institución jurídica en la que por filiación los padres heredaban o dejaban a su muerte posesiones o bienes a sus descendientes.

Pablo usa esa palabra para hacer notar que los creyentes tienen una herencia, pero al igual que en el ámbito jurídico no todos tienen derecho sobre ella. Solo a quienes cumplen con los requisitos que el testador haya dejado, en este caso que sean hijos o que por alguna razón en el testamento, aun sin ser hijos, hayan sido nombrados como tales por el testador.

A. Sobre quienes no heredarán el reino de Dios

En los versos nueve y diez, el apóstol es muy claro sobre quienes no heredarán el reino de Dios y lo manifiesta de la siguiente manera:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

Queda claro que Pablo deja firme y sin ambiguedades a quienes el reino de los cielos esta vedado o no tienen derecho a él.

  1. Fornicarios
  2. Idólatras
  3. Adúlteros
  4. Afeminados
  5. Los que se echan con varones
  6. Ladrones
  7. Avaros
  8. Borrachos
  9. Maldicientes
  10. Estafadores

Esta lista es enunciativa no conclusiva, es decir solo se mencionan algunos de los muchos pecados que viven las personas alejadas de Cristo. Se trata de personas que viven en esas maldades y no tiene la menor intención de cambiar o dejar de practicar lo que ofende la santidad de Dios.

Estas personas no pueden reclamar ninguna clase de herencia espiritual porque no reunen los requisitos como hijos de Dios. Carecen de derechos porque no cumplieron con sus obligaciones y si bien pudieron haber sido adoptados su conducta nunca reflejó su condición de hijos del Señor.

Los Corintios vivían engañándose a sí mismos porque sabían que estas personas no podían entrar en el reino de los cielos, pero al ignorar su conducta pensaban que haciendo eso el problema acababa, pero no. Pablo les aclara y puntualiza que eso no dejará de ser solo porque se ignore.

B. Sobre quienes sí heredarán el reino de Dios

El verso once es uno de esos versos fundamentales de la vida cristiana porque establece con toda claridad quienes habrán de celebrar su ingreso al reino de los cielos. El verso dice de la siguiente forma:

Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

El reino de Cristo, el reino de los cielos y el reino de Dios en esencia son lo mismo y lo comprendemos bien cuando leemos los evangelios donde descubrimos que se citan de manera indistinta. Cristo habló mucho de los reino de los cielos. Todas sus parábolas generalmente comenzaban con una pregunta: ¿A qué compararé el reino de los cielos?

Para el apóstol Pablo saber quienes sí han de heredar ese reino es fundamental y por eso les aclara a los miembros de la iglesia de Corinto que no se trata de lo que sientan o piensen, más bien se trata de tres hechos concretos sobre los que se basa la certeza de la herencia celestial.

En primer lugar les dice: ustedes vivían como estos diez pecadores citados, pero hubo y hay tres acciones que los sacaron de esa condición: fueron lavados, santificados y justificados por medio de Cristo a través del Espíritu Santo que hizo una labor de regeneración en sus vidas dándoles nueva vida y en consecuencia haciéndolos nacer de nuevo.

La palabra lavados procede de la raíz griega “apolouó” que significa limpiar una ropa o prenda usando agua o alguno otro material que le quite suciedad o impurezas. Pablo la utiliza aquí en sentido figurado para decirle a los creyentes que ellos ya han sido lavados, limpiados de toda la suciedad moral que tenían.

Luego usa la expresión “santificados” que se origina del vocablo “hagiazó” que literalmente significa apartado o separado. En el sentido bíblico se usa para señalar el hecho de que Dios apartó o consagró a un lugar o una persona para dedicarse a su servicio. En este caso los creyentes de Corinto y de todas las edades fueron apartados para servir a Dios.

Finalmente utiliza la expresión “justificados” que estudiada en otras ocasiones simplemente significa declara a alguien inocente o sin culpa. En Cristo las personas fueron declaradas justificadas por la muerte vicaria o en su lugar de parte del Señor que fue a la cruz no por sus pecados, sino por los nuestros.

Estas tres obras fueron hechas por Cristo, a través de su Espíritu Santo, como lo precisa el propio apóstol Pablo para señalar que esa es la razón por la que puede asegurar que una persona es heredera del reino de Cristo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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