Diosiblia dice en 1ª Corintios 13:13

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres, pero el mayor de ellos es el amor.

Introducción

Conocidas como las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y el amor son reunidas por el apóstol Pablo en el último verso que le dedica al tema del amor y las hace igual al decir que permanecen, una expresión que otras versiones traducen como permanentes, subsisten, duran para siempre, tenemos.

En ese sentido, fe, esperanza y amor son idénticas porque están entre nosotros, son vitales para la vida cristiana y las requerimos para proseguir en nuestro camino a la patria celestial de manera conjunta y como una especie de tridente para derrotar las adversidades que se nos presentan en este mundo.

Sin embargo, Pablo destaca y coloca al amor como algo mayor. Esa expresión se traduce como mayor, grande, sublime, importante, excelente y hasta sublime. El vocablo procede del griego “meizón” que se asocia con el término griego mega que quiere decir grande o inmenso.

Se puede entender, entonces, que el amor tiene un tamaño o nivel extremadamente superior a los otros dos. El amor ágape que explicó Pablo tiene una relevancia extrema en la vida del creyente. Debemos aclarar que la fe y la esperanza no dejan de tener su sitio, sin embargo al hablar del amor estamos hablando de un asunto vital para la vida espiritual.

La iglesia se sostiene por la fe, por la esperanza y por el amor. Pero el amor le da el sentido exacto o la dimensión precisa de su función en este mundo. Pablo está diciéndole a la cristiandad que el amor tiene una preeminencia o superioridad dentro del cuerpo de Cristo que debe valorarse siempre.

De esta forma Pablo nos ofrece una dimensión exacta, precisa y esclarecedora de la relevancia del amor que ha explicado a lo largo de todo el capítulo trece de la carta a los Corintios para subrayar lo vital que representa amar porque si el amor tiene esa relevancia amar no puede tener menos de esa importancia.

Solo los faltaba amor

Porque ignoraba la grandeza de amar
A. La fe tiene presencia, pero no es tan grande como el amor
B. La esperanza tiene presencia, pero no es tan grande como el amor

La fe y la esperanza tienen fecha de caducidad. El amor no. La fe y la esperanza son necesarias ahora, pero llegará el momento en el que no serán necesarias, en cambio el amor será fundamental siempre porque trascenderá no solo a la fe y la esperanza, sino a la vida misma porque el amor es eterno porque Dios es amor y Dios es eterno.

El amor es más grande justamente por esa razón. Pablo usa la expresión “ahora” de nueva cuenta para hacer exactamente una comparación entre el hoy y el mañana o el futuro y coloca a la fe y esperanza en el hoy junto con el amor, pero en futuro solo queda el amor porque va más allá de este tiempo.

A. La fe tiene presencia, pero no es tan grande como el amor

Hebreos 11:6 dice categóricamente: Sin fe es imposible agradar a Dios.

Si hemos de acercarnos a Dios debe ser con la certeza y convicción de que el premia a quienes confían absolutamente en su persona. La fe es una necesidad básica, tan básica que se nos pide pedir con fe sin dudar nada porque el que duda es semejante a las olas del mar.

Cuando Jesús hablo de la fe dijo se maravilló del centurión romano que le dijo que era indigno de que entrará en su casa y que bastaba con que dijera su palabra para que su criado sanara y Jesús le concedió el deseo de su corazón. Ni qué decir de la mujer sirofencia que se acercó a él y le pidió por su hija endemoniada.

No es bueno dar la comida de los hijos a los perrillos y ella contestó, pero aún los perrillos se sacian de las migajas que caen de la mesa y también sorprendió al Señor que quería encontrar esa clase de fe en su pueblo, pero encontró dureza y una profunda incredulidad para aceptarlo.

La fe en ese sentido es importante e indispensable para todos los que creemos en Dios. En todas sus expresiones: la fe como medio para salvarnos, la fe como don para operar milagros y señales, la fe como un cuerpo doctrinal y la fe como la confianza y seguridad que Dios hará lo que nos ha prometido.

La fe, en ese sentido, va a estar siempre presente, va a requerirse permanentemente y va a ser extremadamente útil para quien la ejerza porque es la llave para consolidar nuestra vida cristiana, para crecer, para desarrollarnos espiritual y dejar de ser niños fluctuantes llevados por toda clase de doctrina.

B. La esperanza tiene presencia, pero no es tan grande como el amor

La esperanza es un virtud teologal que nos hace perseverar. Va ligada a la fe porque la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. La esperanza tiene la bendición de alentarnos para seguir hacia algo que no vemos, pero que estamos seguros que vendrá.

La esperanza es una especie de combustible que nos mueve y es muy valiosa porque sin ella la vida cristiana se detiene o se inmoviliza porque si no esperamos nada para qué adoramos, para qué servimos, si nosotros no esperamos nada esta vida estamos condenados a sobrevivir solo esperando la muerte como salida o fin de una vida sin sentido.

Eso es lo que hace muy valiosa a la esperanza porque conforta, porque nos hace resistentes a los males que encontramos en este mundo. Nos resguarda y vacuna contra el pesimismo y falta de interés en la vida y ante el dolor nos proporciona una eficaz y potente fuerza para pelear y no decaer.

Sin embargo, frente a la esperanza el amor es superior o más grande porque nos envuelve con Dios y nos hace conocer a Dios de manera más directa y personal en cualquier circunstancia y situación que se presente en nuestra vida. El amor es la manifestación misma de Dios en nuestras vidas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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