La Biblia dice en Deuteronomio 20:8

“Después los jefes se dirigirán de nuevo al ejército y dirán: ‘Si alguien tiene miedo y le falta valor que se vaya a su casa para que no acobarde también a sus compañeros’.”

Al salir a la guerra los generales hebreos debían seguir unas recomendaciones para cerciorarse que las batallas solo iban hombres conscientes de su responsabilidad, personas concentradas en su labor para evitar que personas sin los arrestos suficientes estuvieran en el frente de batalla.

El libro de Deuteronomio registra el procedimiento a seguir antes de salir a batallar contra los enemigos. Nos detenemos hoy en la solicitud dirigida a dos clases de personas que podían ir a la guerra sin la actitud correcta: los miedosos y los pusilánimes, que parecen dos términos iguales, pero son distintos.

El miedoso es aquel que se aterra con lo que ve, oye o escucha. Le causa tanto temor que queda paralizado sin saber que hacer ante las horrorosas escenas que se presenta en un conflicto militar. Los miedosos no pueden ni deber ir a la guerra porque sufrirán mucho y no podrá colaborar en nada.

Luego están los pusilánimes que son aquellos que se apocan ante los conflictos, que se hacen menos cuando se presenta una adversidad y a pesar de que tiene las condiciones físicas para actuar no lo hacen porque consideran que no pueden o que no lo lograrán. Son esa clase de personas que saben hacer las cosas pero se detienen por miedo.

Esta clase de personas no podían ir a la guerra por una razón fundamental: podían contagiar a los demás de ese miedo y esa pusilanimidad y eso daría al traste con cualquier ejército porque a la guerra se va con valor, con ánimo, resueltos y convencidos de que saldrán vencedores, aunque el enemigo parezca invencible.

La lección de este verso es sencillo: los miedosos y pusilánimes no puede pelear en una guerra. Deben separarse porque su problema radica no tanto en que no puedan luchar, sino que su actitud es contagiosa.

Era una pena para la familia que regresaran a alguien de la guerra por esas razones, pero en el ejército judío no podía haber cabida para esta clase de personas porque no tenían el talente que se necesitaba y era preferible su retorno que llevarlos a un lugar donde no podrían rendir absolutamente nada.

En la vida se necesitan valientes, valientes que luchen por sí mismos y por los suyos. Los cobardes no tienen cabida ni el reino de los cielos porque Dios no nos ha dado espíritu de cobardía.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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