La Biblia dice en 1ª de Pedro 1: 13

“Por eso, estén preparados y usen de su buen juicio. Pongan toda su esperanza en lo que Dios en su bondad les va a dar cuando Jesucristo aparezca.”

Las dificultades que tenemos en la vida nos hacen perder de vista los grandes bienes que tenemos en el mundo venidero. A pesar de que sabemos que nos esperan moradas celestiales preparadas por el Señor Jesucristo para que donde él esté nosotros también estemos, en muchas ocasiones la realidad de este mundo nos ahoga. 

Los cristianos del tiempo del apóstol Pedro estaban viviendo tiempos de gran tensión provocados por la persecución que comenzaba contra las iglesias en el imperio romano. El clima de intolerancia contra el naciente pueblo de Dios se incrementaba día con día, de tal manera que proclamarse cristiano resultaba todo un riesgo. 

La carta que les escribe Pedro tiene el objetivo de animarlos, alentarlos y recordarles que los padecimientos por Cristo forman parte de la fe. El Maestro sufrió mucho en esta tierra, sus seguidores no pueden esperar menos. Sufrir por el Señor no es un castigo, al contrario es un privilegio que se le da a muy pocos y a unos cuantos morir por él. 

Pero cuando pasamos ese tiempo de persecución, hostigamiento y maltrato nos apocamos, sentimos que algo está fallando o que el Señor se ha olvidado de nosotros, pero en realidad lo que debemos hacer en esos momentos es seguir el consejo que nos da en este verso el apóstol Pedro. 

Nos pide, en primer lugar, que estemos preparados y usemos el buen juicio, en otras palabras que seamos razonables. Eso significa que no nos debemos dejar llevar por nuestras emociones que son traicioneras, sino que hagamos un ejercicio de raciocinio. Pensemos y meditemos lo que nos está sucediendo: no es algo que no haya pasado el Señor. 

Todo lo que nosotros enfrentamos el Señor lo vivió cuando estuvo en este mundo. Lloró, sintió hambre, se sintió traicionado, se burlaron de él y finalmente lo ejecutaron en un cruz en la que murió torturado. Que no vivió él que no pueda entendernos. Todo le aconteció y todo lo soportó por amor a nosotros. Eso los debemos tener presente siempre. 

Y luego, Pedro nos exhorta a poner toda nuestra esperanza en lo que habremos de recibir cuando Cristo vuelva o cuando nosotros vayamos al encuentro con él. Nuestra esperanza completa se debe colocar en Cristo, no en los hombres, no en la justicia de este mundo, tampoco en los bienes o el dinero, sino en la persona de quien nunca falla. 

Sí, tendremos diferentes dificultades, sí padeceremos, pero debemos ser racionales y meditar que Cristo sufrió mucho más que nosotros y que al fin de cuentas nos dará lo que nos prometió cuando se fue al cielo. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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