La Biblia dice en Jeremías 1: 8

No tengas miedo de nadie, pues yo estaré contigo para protegerte. Yo, el Señor, doy mi palabra.

El llamamiento de Jeremías fue espectacular: Dios le dijo que lo conoció antes de que fuera formado en el vientre de su madre y luego antes de llegar a este mundo, es decir mientras estaba en el seno materno, lo apartó y al nacer estaba decidido que sería profeta a las naciones. 

Dios había decidido que ese hombre de la familia sacerdotal sería su instrumento para llevar la palabra de Dios en un momento de crisis nacional, en medio de un pueblo obstinado y obsesionado con el pecado y Jeremías sabía que la tarea era ardua, difícil, compleja y peligrosa por eso le dice que es muy joven para esa clase de encomienda. 

Pero Dios le contesta que no debe tener miedo a nadie. La razón de no dejarse invadir por el temor radicaba en que Dios estaría con él. Es muy importante entender que no le dijo que el peligro cesaría o que sus adversarios serían eliminados. No. Le dijo que lo que sucedería es que él estaría con su persona. 

Y eso sería suficiente. Suficiente para resistir los embates de los adversarios. Sus enemigos, que serían a muerte no desaparecerían, pero en cambio Dios lo acompañaría en la tarea de hablar en su nombre. En la labor de hacer ver al pueblo escogido su pecado y su maldad y recibir por eso injurias, amenazas, cárcel y hasta atentados contra su integridad. 

El llamamiento de Jeremías nos enseña mucho a todos nosotros que hemos abrazado la fe en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob por medio de Jesucristo. Los males y los malvados no desaparecerán, incluso en ocasiones se multiplicarán, pero la presencia de Dios nos garantiza la victoria sobre ellos. 

Es su presencia lo realmente valioso en esta vida porque a través de ella no solo derrota a nuestros enemigos, sino que nos colma de su paz, nos satura de su calma cuando el mundo parece derrumbarse y nos llena de la tranquilidad necesaria para despertar a hacer su obra e irnos a dormir con la conciencia tranquila de hacer lo que Dios ha ordenado. 

Él estará con nosotros en los tiempos adversos, en las ocasiones cuando la maldad parece ganar todas las partidas y cuando los malvados se regodean de sus infernales actos pensando que jamás serán llamados a cuentas. En ese momento Dios estará con nosotros para consolarnos y alentarnos para no doblegarnos ante el mal y los malvados. 

A Jeremías lo acompañó siempre. Nunca lo dejó y al final si bien padeció por sus adversarios vivió en paz, mientras sus enemigos fueron llevados cautivos a Babilonia. Dios siempre cumple sus promesas y nunca olvida lo que hacemos por su obra y sobre todo jamás deja pasar nuestro esfuerzo sin galardón por cumplir lo que nos ha encomendado.  

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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