La Biblia dice en Mateo 2:18

“Se oyó una voz en Ramá, llantos y grandes lamentos. Era Raquel, que lloraba por sus hijos y no quería ser consolada porque ya estaban muertos.”

El 27 de enero de cada año, la comunidad internacional conmemora el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto porque en esa fecha del año 1945 se cumple un aniversario más de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por el Ejército Rojo.

La fecha fue fijada por la Organización de las Naciones Unidas para recordar que la Alemania Nazi mató a más de seis millones de judíos en un hecho que jamás había ocurrido en la historia y que dio origen al término genocidio que se utilizó por primera vez para definir el intento de desaparecer un grupo racial usando métodos de muerte masiva.

Las historias que han surgido de ese episodio violentísimo son infinitas porque el dolor y sufrimiento de muchos seres que lograron sobrevivir a los campos de concentración tanto de Auschwitz como otros más que se instalaron en Alemania y otras naciones de Europa son incontables.

Mateo usó el trágico relato de los niños menores de dos años que Herodes ordenó matar en Belén para citar al profeta Jeremías que habló sobre el inmenso dolor que los judíos vivieron en la época de Nabucodonosor que maltrató, exilió y asesinó a miles de judíos en el siglo quinto antes de Cristo.

El ejemplo que emplearon tanto Mateo como Jeremías no puede ser mejor: el dolor que vivieron los hebreos en Alemania fue idéntico al de una madre que pierde a un hijo porque no hay dolor más inmenso, tan invasivo, tan intenso como el ver a una mamá que contempla a su hijo muerto.

El padecimiento es inherente al pueblo de Israel desde siempre y la iglesia comparte con ellos en cierta medida esa clase de sufrimientos y nos consuela saber que solo Dios consuela los corazones y restaura las vidas de quienes por concebir de una manera distinta al Creador son perseguidos y asesinados.

La fecha del 27 de enero de cada año nos recuerda que los seres humanos somos capaces de hacernos sufrir tanto entre nosotros mismos que vale la pena traer a la memoria estas fechas para luchar contra todo aquello que implique afectar a los demás por sus convicciones o creencias.

Debemos luchar siempre para consolar a quienes sufren persecución por causa de su identidad.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario