La Biblia dice en la 2ª carta de Pablo a los Corintios 1:5

“Porque así como los sufrimientos de Cristo se desbordan sobre nosotros y nosotros sufrimos con él, así también por medio de Cristo se desborda nuestro consuelo.”

El sufrimiento en Cristo, dice Pablo, se desbordaba sobre su vida y la de sus colaboradores que lo acompañaban en la misión de anunciar las buenas nuevas de salvación en todo el imperio romano, que entre la ignorancia y el recelo los hacían padecer toda clase de padecimientos no solo físicos, sino aun morales y emocionales.

Pero en la misma proporción de sus sufrimientos por Cristo venía a sus vidas el consuelo de nuestro Señor Jesucristo que se desbordaba en sus vidas para poder hacer frente a todas las dificultades que les venían por dedicar sus vidas a hacer la voluntad del Señor, encargandose de predicar a Jesús.

Nos queda claro que si no de manera explícita, si implícitamente, el apóstol hace una clara y perfecta división entre los sufrimientos que nacen de servir a Jesús y los padecimientos que nacen por el pecado o por vivir separados de Dios. El origen del dolor en la vida de los creyentes puede tener cualquiera de estas dos razones.

Pablo dice claramente que los padecimientos por Jesús tienen totalmente garantizado el consuelo del Señor. La palabra “consolar” que el apóstol utiliza profusamente en el primer capítulo de la segunda carta a los Corintios procede de una raíz griega que se puede traducir también como “ánimo” o “ayuda”.

En medio de la aflicción que tal vez no desaparezca, el Señor nos animará y ayudará a sobrellevarla, tal como lo prometió en la bienaventuranzas como cuando dijo: Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación, una bendición que garantiza totalmente su auxilio, pero no que acaben o finalicen las causas del dolor.

La vida del apóstol Pablo es la muestra inequívoca que Dios siempre nos consuela cuando por llevar a cabo su trabajo sufrimos ultrajes, maledicencias y toda clase de improperios e incluso padecimientos físicos y que no quedamos abandonados nunca por el Señor que usa diversos medios para mostrarnos su auxilio.

Lo obra de Cristo conlleva dolor, persecuciones, maltrato, pero también el consuelo, ánimo y ayuda del Señor que conoce cuando hacemos de todo nuestro corazón y tenemos como único fin ser parte de su labor para llevar a los perdidos la salvación que Cristo ganó para nosotros en la cruz del calvario.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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