La Biblia dice en Romanos 5: 3

Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia. 

Que difícil resulta sentirnos bien cuando las dificultades, problemas y sufrimientos nos atrapan. Pablo va más allá al decirnos que el dolor y tribulación lo hacen sentirse satisfecho de profesar la fe en Cristo Jesús, el Hijo de Dios, en una actitud que resulta complicado entender porque padecer cualquier adversidad siempre es complejo. 

¿Por qué Pablo encontró en las adversidades una manera de sentirse hasta orgulloso de confiar en Cristo? La respuesta la encontramos en que él y nosotros seguimos a un hombre que sufrió y de qué manera. Un varón experimentado en dolores, dice el profeta Isaías cuando lo retrata como alguien que fue despreciado y desechado. 

Cuando padecemos compartimos el mismo destino de Cristo. Me refiero a los sufrimientos causados por creer en él. El dolor producto de nuestras malas decisiones o del pecado en nuestras vidas no aplica aquí porque es obvio que lo merecemos por desobedientes, pero la tribulación que vivimos por la fe es motivo de orgullo y no pena. 

Mirar a Cristo en esos momentos nos ayuda mucho porque nuestro bendito Salvador según Isaías sufrió mucho de tal forma que lo tuvimos por azotado, herido de Dios y abatido, sin haber hecho ningún mal sino solo bienes a quienes le pidieron que les ayudara. 

Pero Pablo nos dice en este texto que además de las tribulaciones o sufrimientos sirven para producir paciencia. Algunas versiones traducen paciencia como perseverancia y otros como resistencia o soportar. Lo que nos aclara mejor el verso que hoy meditamos porque las dificultades tienen como objetivo ayudarnos tener firmeza. 

Todas las dificultades que enfrentamos en nuestra vida debemos mirarlas o considerarlas como una razón para ayudarnos a madurar y no como un motivo de desanimo o desaliento. Pablo padeció de todo hambre, peligros de espada, naufragios, amenazas, persecuciones y toda clase de contrariedades. Sabe de lo que hablaba.

En un mundo que rechaza el sufrimiento porque el placer es el signo de éxito, padecer se convierte en una rareza, pero padecer con una actitud resignada o satisfecha es todavía más raro, pero al final de cuentas es el resultado natural de seguir las pisadas del maestro que padeció para salvarnos. 

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