La Biblia dice en 1ª Samuel 4:11

También capturaron el arca de Dios, y mataron a Hofní y Finees, los dos hijos de Elí.

El fracaso más grande de Israel sucedió cuando los filisteos capturaron el arca del pacto, símbolo de la presencia de Dios entre los israelitas luego de una batalla en la que los judíos fueron derrotados estrepitosamente por los filisteos lo que los dejó sumamente consternados y avergonzados por haber perdido su estandarte nacional.

Desesperados y temerosos la habían llevado de Silo a Eben-ezer y si bien su llegada los ánimo y los llenó de alegría, que incluso atemorizó a los filisteos, lo cierto es que fue insuficiente para que pudieran derrotar a sus declarados enemigos, lo que los puso en una compleja situación.

¿Qué había pasado? ¿No se suponía que el arca representaba la presencia de Dios? ¿Por qué perdieron? Fueron unas de las muchas preguntas que se hicieron ante la debacle que vivieron, pero la respuesta era sencilla y simple: Dios no estaba con ellos porque se habían apartado de sus caminos.

La historia de la captura del arca del pacto es bien triste porque nos deja bien en claro que ningún proyecto, ninguna batalla, ningún plan saldrá bien si Dios no nos acompaña, si el Señor se ausenta nada estará bien, pero sobre todo nos muestra que la relación con Dios es directa y personal y en el caso de Israel nacional.

Nos queda claro que a Dios no le agrada que usemos objetos santos como fetiches. Los hebreos del tiempo de Samuel habían tomado el arca simplemente como una reliquia que no les decía nada o que no les movía a nada, pero su función era traer a su memoria que Dios es real y por esa verdad debían vivir de acuerdo a sus preceptos.

Dios diseñó el tabernáculo y todos los utensilios para mostrarles a sus hijos que era importante cuidar la forma de adorarlo, pero de ningún modo les enseñó que bastaba con portarlos para garantizar que todo les saldría bien. Dios no diseñó el arca del pacto para suplantar la necesaria relación con él.

En otras palabras no podemos ni debemos permitir en nuestra vida que los medios se conviertan en fines y sobre todo no debemos dejar que las cosas ocupen en lugar que Dios merece en nuestros corazones.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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