La Biblia dice en Apocalipsis 3: 16

“Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

En su muy conocida obra, La divina comedia, el italiano Dante Alighieri, noveló la constitución del infierno y lo imaginó con nueve círculos donde se castigaba desde la avaricia, codicia, lascivia y hasta la traición, entre otros grandes pecados, sin embargo el autor de esa obra clásica de la literatura universal escribió que antes de los círculos había un vestíbulo. 

Ese vestíbulo o lo que algunos han llamado el anti infierno era un lugar donde se encontraban o se concentraban los pusilánimes, los neutros, los que nunca comprometieron su vida con ninguna clase de causa que los pusiera en una posición incómoda, los cobardes que nunca tomaron una posición definitiva ante una injusticia, ni a favor ni en contra. 

Allí estaban, según Dante, los tibios, los que acomodaticios, los veletas, que se mueven según el viento sople, los que son incapaces de asumir una actitud radical por miedo, precaución o simplemente por desinterés, pensando que de esa forma no tendrían ninguna clase de problema o nadie les diría nada. 

Mil años antes de que Dante escribiera La divina comedia, el apóstol Juan habló sobre esta clase de personas y fue durísimo con ellos. Los llamó tibios, los que no se declinan por ninguna causa, los que ni están aquí ni están allá, los que no son ni blanco ni negro, los que no son fríos ni calientes, sino tibios. 

Los hizo para recordarle a la iglesia de Laodicea y a todo la cristiandad que ante Jesús no podemos ser neutrales. No podemos seguirlo con tibieza o a veces con compromiso y otras veces no. Juan quería que los creyentes entendiéramos que a Jesús se le sigue con pasión, entrega y sin concesiones. 

La historia nos muestra lo que sucede cuando los seguidores de Cristo son leales a toda prueba. No importa lo que venga, lo que padezcan, lo que sufran. Su determinación es clara: no defraudarán al Señor, se entregarán incondicionalmente a su causa, sin cortapisas, sin ninguna clase duda.

Los tibios, en cambio, no caben en la iglesia porque serán vomitados. Son moralmente despreciables porque se cuidan tanto que les da temor dar la cara por su fe o por sus convicciones y la vida cristiana es una perpetua declaración de nuestro testimonio ante Cristo, sin importar lo que pueda venir en nuestra contra. Somos hijos de Dios de tiempo completo, no solo cuando no hay presiones. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario