Traidores castigadosLa Biblia dice en 2º Samuel 4: 11

“¡Con mayor razón haré eso mismo con ustedes, malvados, que han asesinado a un hombre inocente mientras éste se hallaba acostado y en su propia casa! Por lo tanto, ¡voy a hacerles pagar su muerte! ¡Voy a borrarlos de este mundo!”

A la muerte de Abner, que fue privado de la vida por Joab y Abisai, soldados de David, quedaron al frente del ejército de Is-boset, hijo de Saúl dos personajes de nombre Baana y Recab, hijos de Rimón que eran capitanes de bandas de merodeadores para intentar que el reino del recién fallecido Saúl quedara en  manos de su hijo Is-boset.

Sin embargo, Baana y Recab en lugar de defender al descendiente del monarca Saúl, lo que hicieron fue matarlo mientras dormía y luego lo decapitaron y partieron hasta Hebrón para mostrarle a David lo que habían hecho con el hermano de su gran amigo Jonatán, lo que provocó la molestia del nuevo rey. 

Estos dos hombres fueron con David pensando que su acción sería recompensada, pero en lugar de eso se encontraron con la ira del nuevo gobernante de Israel porque lo que hicieron fue inhumano, cruel e indigno de una persona a la que se le confía una labor y resulta un fiasco por solo ve por sus intereses. 

La historia de Baana y Recab muestra en toda su dimensión el corazón de un traidor. El traidor nunca queda bien con nadie. A esta clase de personas los mueve exclusivamente sus propios intereses. Ellos no tienen más objetivo que beneficiarse a sí mismos y no importa si para ello deben faltar a la confianza que se les ha depositado. 

David no les pidió que mataran a Is-boset. Pero así son los traidores, ofrecidos, buscan quedar bien y si para ello tienen que hacer algo vergonzoso no le importa, incluso si han de hacer el ridículo ellos lo hacen porque piensan que de esa forma compran una nueva lealtad para que les traiga bienes. 

Pero un traidor está condenado a la ruina. Podrá por algún tiempo tal vez disfrutar del fruto de su traición, pero tarde o temprano pagara por su felonía, tal y como le ocurrió a Baana y Recab que al llevar la cabeza de Is-boset a David pensaron que obtendrían el favor del monarca, pero ocurrió todo lo contrario. 

David premiaba la lealtad, claro que sí, pero no la lealtad que para demostrarse cometiera injusticia como la de estos dos hombres y por eso los castigó porque estaba en completo desacuerdo con ellos que mataron mientras dormía a quien dijeron que defenderían en un hecho sin nombre.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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