La Biblia dice en Salmo 81:16

“Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, y con miel de la peña les saciaría.”

Esta es una promesa que Dios le hizo a Israel cuando vagaron por el desierto cuarenta años, pero nunca pudieron acceder a ella porque se rebelaron y en lugar de obedecer a Dios luego de su sorprendente y maravillosa liberación de la esclavitud en Egipto se obstinaron en seguir sus propios caminos.

Es sumamente interesante que Dios tenía reservado para ellos lo mejor del trigo y saciarlos también con miel. La dieta de los países del medio oriente es justamente el trigo como base y el Señor les quería dar exactamente ese producto y no cualquier clase sino el mejor y además miel un artículo de grandes beneficios dietéticos.

El único requisito es que le obedecieran. Que escucharan su voz y ajustaran su vida a las santas demandas de Dios, pero ellos no quisieron. Rechazaron a Dios y prefirieron vivir según sus pobres conceptos y en lugar de disfrutar las bendiciones materiales que Dios les iba a dar se conformaron con migajas. Eso sí, viviendo como se les antojaba.

Dios tenía y tiene para sus hijos grandes promesas. La base de ellas es la obediencia. La generación que salió de Egipto no llegó a la tierra prometida. Murieron en el trayecto de cuarenta años y fueron sus hijos los que ingresaron a lugar que Dios le dijo a Abraham, Isaac y Jacob que les daría.

La lección es que nos deja esta historia es muy importante. Los hebreos fueron liberados. Dejaron la esclavitud, pero no alcanzaron a tener lo que Dios les había preparado, una existencia con lo mejor para disfrutar la vida y gozar de la libertad que ahora tenía. Ellos solo se quedaron con la mitad.

Pudiendo tenerlo todo, disfrutarlo todo, decidieron desobedecer a Dios y como consecuencia de esta decisión no probaron lo que Dios había diseñado para ellos. No pudieron vivir probando lo mejor del trigo y disfrutando de la dulce miel.

El trigo y la miel siguen allí como promesa de Dios para todos, solo nos pide que nos rindamos a su persona para poder vivir disfrutando sus promesas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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