La Biblia dice en Juan 16:20

“Les aseguro que ustedes llorarán y estarán tristes, mientras que la gente del mundo se alegrará. Sin embargo, aunque ustedes estén tristes, su tristeza se convertirá en alegría.”

Jesús estaba muerto para sus discípulos. Finalmente lo que tanto se negaron a creer y esperar ocurrió: su maestro padeció, fue torturado y finalmente llevado a la inimaginable cruz romana y desde el punto de vista humano nada se podía hacer, al parecer todo había acabado y no restaba nada más que olvidarse de todo y regresar a su vida anterior.

La tarde del viernes y el sábado fueron dos de los días más tristes que pudieron tener los seguidores de Jesús porque su Maestro renunció a todos los poderes que tenía para evitar la penosa cruz y se dejó matar por los romanos y la clase gobernante judía cuando podía enfrentarlos y derrotarlos fácilmente.

Días antes Jesús había anticipado ese escenario funesto, les había dicho a sus seguidores que la desolación los alcanzaría en tanto que el mundo, en este caso escribas, fariseos, sacerdotes y parte del pueblo hebreo estarían felices y dichosos de haber acabado con quien consideraban su enemigo.

Pero que deberían de aguardar porque su sacrificio era parte del plan divino no su culminación. La cruz era un paso necesario, pero no necesariamente el fin. Aun así los apóstoles experimentaron una profunda tristeza porque quien los vinculaba, unía y daba sentido a su existencia había muerto.

Sin embargo, esa tristeza sería temporal, corta, breve porque ellos experimentarían alegría, júbilo y gozo que les haría olvidar esas horas aciagas, llenas de incertidumbre y cargadas de dolor como cuando fallece una persona que apreciamos mucho y amamos con intensidad, tras esos momentos vendría un cambio radical.

Jesús les mostró a sus discípulos y a nosotros que el único que tiene la capacidad de transformar nuestras tristezas en alegría es él. Su poder transformador es inigualable. Nadie como él para colmarnos de esperanza. La fuerza del Señor para mudar nuestros corazones y pasar del abatimiento a una vida llena de aliento es incomparable.

La tristeza es un estado de ánimo que si el cristiano experimenta debe ser breve porque tiene un Señor que desborda alegría aun en las condiciones más adversas y las situaciones más caóticas. Al llegar a su presencia con toda seguridad Dios le levantará el ánimo como ocurrió con los apóstoles que se alegraron demasiado cuando supieron que Jesús vivía.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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