La Biblia dice en Apocalipsis 1: 1

“Ésta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan.”

La palabra revelación procede del vocablo griego apocalipsis que significa literalmente quitar el velo, en otras palabras descubrir, percatarse y en consecuencia conocer algo que por su propia naturaleza está o estaba velado a los ojos y que para conocerlo era indispensable que se manifestara.

Justamente con esa palabra comienza el último libro de la Escritura. El Apocalipsis en español y Revelación en las versiones ingleses. Volumen que asusta a algunos, a otros confunde y a muchos más trastorna porque sus figuras retóricas les parecen extraídas de un libro de terror, pero definitivamente estas apreciaciones son completamente erráticas. 

El objetivo de este libro está claramente planteado desde el comienzo. El versículo que hoy meditamos nos dice con toda claridad que lo revelado a Juan y escrito por él tiene como finalidad mostrar “lo que pronto ha de suceder”. Apocalipsis es un libro profético para auxiliar a su pueblo en un tema que siempre despierta incertidumbre: el futuro. 

Nos debería quedar claro que el futuro está en manos del Señor. Que el mañana no debería de preocuparnos porque Dios ya estuvo allí, de hecho está allí porque a diferencia de nosotros el tiempo no limita a Dios. Él es Eterno. Vive en el pasado, en el presente y el futuro y por esa razón tiene la capacidad de hablarnos con solvencia de lo que sucederá mañana.

En lugar de que nuestro corazón zozobre con el último libro de la Biblia deberíamos vivir confiadamente que Dios ya diseñó de manera perfecta como será el fin de este mundo y cómo habrá de ser la vida perdurable que le ha prometido a todos los que en él han creído y creerán. 

Dios siempre habla y ha hablado para decirnos y mostrarnos que está en control de todo, que nada, ni siquiera el futuro, está fuera de su dominio y esa verdad debe llenarnos de paz y tranquilidad en un mundo tan convulsionado y agitado que a veces nos arrastra en su inestabilidad. 

Nuestro corazón puede y debe estar tranquilo: el futuro es del Señor y nosotros del Señor. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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