La Biblia dice en Proverbios 9:6

“Dejen de ser imprudentes, y vivirán; condúzcanse como gente inteligente.”

El libro de Proverbios es un tratado sobre la prudencia. La prudencia entendida como la capacidad de advertir un riesgo para nuestra reputación, nuestro hogar, nuestro futuro y nuestra propia persona y evitarlo o buscar a toda costa enfrentarlo con astucia, con sabiduría y sobre todo con ayuda del Señor.

En sentido contrario la imprudencia es la incapacidad de advertir riesgos o conocerlos y a pesar de ello no hacer nada por evitarlos cayendo en yerros, dañando nuestra imagen y destruyendo nuestro futuro al dejarnos llevar por nuestros sentidos sin reparar en la necesidad de vivir cuidando lo que hacemos y decimos.

En el verso que hoy meditamos, Salomón nos pide a todos dejar de ser imprudentes y vivir. Eso quiere decir que el imprudente no vive, sino sobrevive y a veces su imprudencia lo lleva a la muerte. Aquí hemos de advertirlo al hablar de prudentes e imprudentes no estamos hablando de gente con formación académica o sin ella.

En realidad la prudencia o imprudencia no resultan de cuántos grados académicos tenga la persona. Hay gente que ha cursado doctorados, maestrías y licenciaturas y es tremendamente imprudente y hay personas que no han concluido ni su educación básica, pero son altamente prudentes. La prudencia se aloja en quienes le dan la bienvenida.

Salomón escribió los proverbios justamente para encontrar en ellos consejos, recomendaciones, mandatos y toda clase de llamados de atención para aprender a conducirnos con propiedad, sabiendo dónde y con quiénes estamos hablando, departiendo o conviviendo.

La gente inteligente de la que habla el rey sabio de Israel es justamente la que abraza la prudencia, que jamás debe confundirse con el miedo o con la pusilanimidad, sino con la manera de conducirnos en esta vida, pensando, razonando y reflexionando seriamente sobre lo que hacemos y decimos.

Salomón hace un llamado a todos a dejar la imprudencia porque todos en algún momento vivimos de esa manera y eso tarde o temprano afectará nuestra existencia.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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