La Biblia dice en Romanos 14: 1

“Reciban bien al que es débil en la fe, y no entren en discusiones con él.”

En la iglesia vamos a encontrar personas débiles en la fe y fuertes en la fe. Esas dos categorías se desprenden de epístolas como 1ª Corintios y Romanos. Pablo estaba consciente de que en las congregaciones cristianas van a existir estas dos clases de seguidores de Jesús. 

Una persona débil en la fe es aquella con problemas de conciencia sobre diversos asuntos. En el tiempo de Pablo eran hombres y mujeres que no podían consumir cierto tipo de carne aunque no había ninguna clase de prescripción al respecto, pero ellos se negaban a comer ese tipo de alimentos. También tenían problemas con el vino.

Pablo recomienda tener cuidado con la conciencia de ellos y evitar a lo sumo hacer o practicar lo que hacía tropezar a ese tipo de personas, pero también en el verso que hoy meditamos se nos piden dos cosas: 1. Recibirlo y 2. No discutir con ellos. Amor y unidad parecen ser los motivos para este mandamiento. 

El hecho de que haya personas que digan que ciertas cosas que no están prohibidas en la Escritura deban evitarse no se ha de tomar como ignorancia, fanatismo o cerrazón, mientras sean creyentes en Cristo Jesús uno debe ser respetuoso de quienes tienen ese tipo de creencias. 

Enseguida, el apóstol Pablo pide que no se debe discutir con ellos. Las discusiones no llevan a ningún lugar. En otras palabras Saulo de Tarso nos demanda tolerancia ante quien no ve asuntos colaterales de la vida cristiana igual que nosotros. No quiere que nos burlemos de ellos, ni tampoco desea que los evitemos. 

Pablo nos lleva a pensar y actuar como él: Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Así escribe en la 1ª Carta a los Corintios 9: 22. Ese es un testimonio de su carácter tolerante con esa clase de hombres y mujeres. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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