La Biblia dice en Marcos 1:35

“De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar solitario.”

Antes que el alba despuntara Jesús oraba. Pedro lo descubrió y luego los otros once apóstoles y le pidieron que les enseñaba a orar. Les desconcertaba que el Señor tomase ese tiempo que el sueño reclama para sí y lo dedicase a una actividad que parecería que él no necesitaba.

Pero Cristo les mostró y nos mostró a todos la profunda necesidad que todos tenemos de orar y nos mostró algunas técnicas o principios básicos de este ejercicio fundamental para la vida espiritual que nos ayudaran grandemente para profundizar en nuestra relación con el Creador.

La primera es que Jesús apartaba un tiempo del día para esta actividad. El día tiene veinticuatro horas y entre todas ella uno debe buscar el tiempo que mejor se acomode para orar. Se trata de comprender que esta actividad es vital y que debe llevarse a cabo diariamente para beneficio de nuestra alma.

La segunda característica que vemos en Jesús es que él buscaba la soledad para encontrarse con Dios. Él se iba a los lugares desiertos y allí tenía comunión con el Padre para evitar las interrupciones, el ruido y cualquier clase de distracción. La oración es un ejercicio delicado que requiere alta concentración para saber lo que le estamos diciendo a Dios.

Una tercera enseñanza de esta práctica de Jesús es que dependía por completo del Padre. La oración es la expresión más pura que nuestras decisiones y acciones son sometidas al Creador para rogarle y suplicarle que nos ayude a tomar determinaciones correctas para no afectar nuestra vida.

Jesús nos enseña que la oración es fundamental, que no debemos obviarla o que no debemos abstenernos de ella, que debemos apartar un tiempo especial para disfrutar de la comunión con el Padre y debemos valorarla tanto que debemos reservar para ella un lugar y un tiempo muy especial.

La oración es el combustible que nuestra alma necesita para derrotar nuestras pasiones, es la fuerza para aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas y el único instrumento capaz de llenarnos de paz en medio de la incertidumbre que a veces llega a nuestra vida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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