La Biblia dice en Santiago 3: 9-12

9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? 12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.

Introducción

Los hombres de fe no pueden bendecir a Dios y al mismo tiempo maldecir a los hombres hechos a la semejanza de Dios. Esa es la enseñanza con la que Santiago concluye el tema de la lengua, los labios o nuestras palabras, a fin de que sus lectores comprendan el tamaño de la incongruencia cuando no logramos dominar nuestras palabras.

Bendecir a Dios y maldecir al prójimo es una contradicción enorme que se debe evitar a toda costa. Es un acto que perjudica el evangelio de Cristo, pero sobre todo perjudica severamente a quien lo hace porque demuestra claramente que no ha comprendido el amor y la compasión divina.

Quien hace o cae en esa conducta tristemente expresa una gran hipocresía porque por una parte se torna muy espiritual cuando lanza alabanzas a Dios, pero al mismo tiempo habla mal de su hermano en Cristo o de otra persona y eso le resta sinceridad a su fe y en consecuencia lo vuelve un incongruente.

Seguramente Santiago había escuchado a los creyentes adorar, bendecir y exaltar a Dios y luego esos mismos hombres destruían con sus palabras la honorabilidad de quienes les rodeaban y eso le hizo escribir esta carta para que los seguidores de Cristo evitaran a toda costa ese mal hábito.

El autor de la epístola quería que los discípulos fueran consecuentes con su fe. Quería y quiere que nosotros nos comportemos como corresponde a personas que se dicen hijos de Dios y no caigamos en lo mismo que caen los gentiles o quienes no conoce a Dios que lo mismo bendicen a Dios y maldicen a los hombres.

Dios no quiere creyentes incoherentes entre lo que hacen y dicen. Y bendecir a Dios y maldecir a los hombres creados a su imagen y semejanza lo único que hace es revelar la triste condición espiritual de una persona.

Una fe práctica para una vida práctica

Controla nuestras palabras

A. Para bendecir a Dios
B. Para no maldecir a nuestro semejante

Con tres ejemplos muy claros Santiago nos demuestra lo inconsecuente que resulta por un lado bendecir al Señor y por otra parte lanzar maldiciones contra nuestros semejantes. Es inconcebible que eso lo haga una persona que se dice seguidora de Jesucristo y por eso lanza su voz de alarma.

El primer ejemplo que utiliza es el de una fuente o manantial de agua. En la tierra hay dos clases o tipos de agua. El agua dulce que es la que consumimos los hombres y el agua salada que es inútil para el consumo humano. No existe en la tierra una fuente o un manantial que un día lance agua dulce y otra lance o haga brotar agua salada.

Y así como no existe un manantial de esa naturaleza así tampoco debe existir un creyente que maldiga y bendiga al mismo tiempo porque es antinatural como antinatural es una fuente con ambas aguas.

El segundo ejemplo que Santiago ofrece es el de la higuera que no puede producir aceitunas. La higuera producía higos y nunca podría hacer brotar aceitunas. Eso era imposible como imposible es que alguien que sabe de la palabra de Dios no tenga cuidado a la hora de abrir sus labios y dirigirse a un semejante.

El tercer y último ejemplo, lo encontramos parecido al anterior. Una vid no produce higos. La vid produce uvas porque esa es su naturaleza y de idéntica manera un creyente no puede producir bendiciones y maldiciones al mismo tiempo porque va contra su naturaleza.

Son tres ejemplos que Santiago utiliza para enseñar sobre una sola verdad, lo que tiene gran relevancia porque bastaba con un ejemplo, pero al usar tres significa que el problema es grave y que la práctica de muchos creyentes de la época de Santiago caían con fácilidad en este problema.

De allí la necesidad de clarificar este importante tema con el que cierra sus palabras sobre la lengua o lo que decimos con nuestros labios. Debemos ser muy cuidadosos, entonces, con lo que hablamos y sobre todo con el uso que le damos a nuestras expresiones para evitar dañar con ellas.

A. Para bendecir a Dios

Santiago dice que nuestros labios pueden y deben bendecir a Dios. Ese es el mejor uso que le podemos dar a nuestras palabras. Bendecir significa hablar bien, quiere decir que alabamos o ensalzamos a nuestro Creador y ese debe ser la principal razón de lo que sale de nuestros labios.

No debemos olvidar nunca que fuimos creados para exaltar a Dios. Lo que decimos de Dios debe ser siempre adoración, exaltación y alabanza a quien es el único digno de recibir toda gloria, toda honra y toda alabanza. Creo que todos cumplimos bien con esa parte que nos corresponde hacer.

B. Para no maldecir a nuestro semejante

Decir que adoramos a Dios y maldecir a nuestro prójimo no tiene sentido. Es absurdo caer en esta conducta porque sencillamente nos muestra como personas sin el menor asomo de sinceridad, ni honestidad. Eso es lo que Santiago quiere que comprendamos con lo que nos escribió.

La palabra “maldición” que usa Santiago procede de la raíz griega “kataraomai” que tiene el sentido de alguien que lanza una condenación o imprecación contra una persona. La palabra tiene el sentido de lanzar palabras durísimas de condena y maldición contra una persona.

No se trata de cualquier tipo de expresión sino de aquellas que van directo a tratar de destruir a alguien ya sea porque hizo algo indebido o porque sencillamente nos hizo enojar y entonces enfurecidos lanzamos contra él una serie de palabras que desahogan nuestra furia, pero que a él lo perjudican seriamente.

Esa es la razón por la que no debe salir de nuestra boca bendición y maldición al mismo tiempo.

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