La Biblia dice en Santiago 4: 11-12

11 Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. 12 Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?

Introducción

Hablar de los demás, murmurar, criticar y juzgar al prójimo es muy antiguo y la Escritura de manera reiterativa nos llama a evitarlo. Santiago nos recuerda este mensaje que Cristo predicó a través de una hipérbole en Mateo 7:1-5 que dice así:

No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 !!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Santiago nos recuerda la predicación de Cristo sobre un tema que es importante para la vida espiritual de las personas porque hablar mal de los demás es un defecto que se debe corregir porque nos lleva a la hipocresía y dejar de ver por nuestra vida y ocuparnos de la de los demás.

El autor de la carta nos ofrece un ángulo diferente sobre este tema. La iglesia del primer siglo necesitaba escuchar este mensaje porque juzgar a los demás y condenarlos en nuestro particular tribunal es una equivocación muy grande y sobre todo es una afrenta al Creador según nos revela la epístola.

Nos acercamos de esa manera a una extraordinaria enseñanza sobre la clase de ética cristiana, entendiendo ética como costumbre o buenos hábitos y uno de ellos es precisamente lo que hablamos de los demás. Pablo escribió que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

Una fe práctica para una vida práctica

Evita que juzguemos a los demás

A. Porque al juzgar hablamos mal de Dios
B. Porque al juzgar usurpamos el trono de Dios
C. Porque al juzgar pecamos de arrogantes

Santiago le pide a los creyentes del primer siglo que no hablaran mal de sus hermanos. Dicho mandamiento sigue vigente para todos nosotros porque las razones por las que pide esa abstención siguen vigentes para todos nosotros, quienes en pleno siglo XXI debemos cuidar lo que hablamos.

A. Porque al juzgar hablamos mal de Dios

El autor de la carta dice categórico: El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley. Este planteamiento nos debe llevar a una profunda reflexión y a un cambio de conducta a la hora de hablar de los hermanos. La mención de la palabra ley la he explicado en otros estudios.

En los tiempos del Nuevo Testamento los creyentes judíos seguían leyendo la Torá judía. Aún no existía la Biblia como nosotros la conocemos ahora y ellos leían los rollos que tenían y a partir de allí, bajo la dirección del Espíritu Santo, interpretaban la palabra de Dios a luz de la manifestación de Cristo a Israel.

Al hablar mal de un hermano el infractor estaba cayendo en una lamentable situación porque en realidad no estaba juzgando, criticando o condenando a algún miembro de la congregación o alguna hermana, sino que estaba criticando y hablando mal de la revelación divina.

Al juzgar a nuestros hermanos en la fe lo que en realidad estamos haciendo es hablar mal de Dios porque ellos son sus hijos. Nosotros no tenemos ningún derecho para criticar a los demás. La mayoría de las veces no sabemos nada de lo que están pasando en la vida de las otros y solo juzgamos las apariencias.

B. Porque al juzgar usurpamos el trono de Dios

Dios es el único Juez sobre esta tierra. Él tiene la facultad y todas las atribuciones para someter a un juicio no solo a cualquiera de sus hijos, sino también a cualquier ser humano. Pero cuando alguien juzga a los demás lo que está haciendo es usurpar el lugar que solo el Creador tiene en su trono.

No es una cosa menor lo que Santiago señala. La realidad es que criticar a nuestros hermanos en Cristo o a nuestro prójimo supone una conducta totalmente equivocada y también una acción que atenta contra el carácter de Dios.
Santiago dice claramente que “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder.” Se refiere a Dios como quién entregó la ley para tener un parámetro para medir la conducta de cada persona. Y también es el único que puede salvar o perder a las personas, pero un ser humano corriente no puede hacer nada porque no tiene ningún mérito.

Estamos frente a una verdad que Santiago remacha porque sabe que hablar mal de los demás produce una profunda división en la iglesia. Cuando alguien murmura contra un hermano o hermana de la iglesia genera una falsa apreciación que resulta en una separación los creyentes.

C. Porque al juzgar pecamos de arrogantes

¿Por qué hablamos mal de los demás? ¿Por qué criticamos a los demás? Porque nos sentimos superiores. Porque el juicio nos da o nos pone en una posición en la que los demás parecen tan pequeños que nos sentimos grandes, pero eso no resulta del agrado de Dios, él desea que todos los hombres respetemos a nuestros semejantes.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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