La Biblia dice en Santiago 4: 9-10

Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10 Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

Introducción

La humildad es una de las actitudes que más agradan a Dios porque es lo opuesto a la altivez, conducta que el Creador detesta porque convierte a los seres humanos en personas autosuficientes, incapaces de reconocer su profunda necesidad de acercarse a Dios y que los hace soberbios, altivos, arrogantes y creídos.

El primer gran pecado en la creación ocurrió cuando el querubín protector de las moradas de Dios se llenó de arrogancia y fue expulsado de ese lugar por pretender usurpar el lugar de Dios, todo ello movido por soberbia que definitivamente nada bueno ha traído a este mundo.

El autor de la carta que estamos estudiando sabe de todo esto y por eso le pide a la iglesia del primer siglo que tengan la humildad necesaria y sobre todo que busquen a toda costa evitar el orgullo y por eso les da cuatro mandamientos relacionados con la necesidad de ser humildes.

Cristo les dijo a sus seguidores: Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso para su alma. La humildad que es reconocer a los demás como superiores a uno mismo, sin que eso signifique en absoluto renunciar a nuestra dignidad como seres humanos, sino más bien a pensar con cordura de nosotros mismos.

La raíz del vocablo “tapeinos” que es de donde procede la palabra humilde en la versión Reina Valera 1960 denota algo que esta abajo. Cuando se aplica a una persona desde el punto de vista bíblico quiere decir alguien que depende por completo de Dios y no de sí mismo.

En sentido contrario, la altivez es una actitud en la que no se depende de Dios, sino de uno mismo y quien depende de sí mismo generalmente fracasa como vemos a lo largo de toda la Escritura.

Una fe práctica para una vida práctica

Hace que nos humillemos ante Dios

A. Para reconocer nuestras necesidades
B. Para evitar el sufrimiento
C. Para ser exaltados

No debemos perder de vista que Santiago se está dirigiendo a la iglesia. No le está hablando a los incrédulos sino a los creyentes, lo que quiere decir que al interior de la congregación cristiana había personas que necesitaban más humildad y sencillez a la hora de relacionarse con Dios y con los hermanos.

Son unas palabras duras que les dirige porque necesitan urgentemente cambiar de actitud, requieren un cambio de forma de pensar y actuar y dejar de ser pretenciosos y cuando alguien es pretencioso u orgulloso su fracaso y tropiezo es inminente.

A. Para reconocer nuestras necesidades

Los primeros tres verbos del verso nueve: aflíjanse, lamenten y lloren es una expresión típicamente de los profetas del Antiguo Testamento cuando llamaban al pueblo de Israel a una conversión genuina ante sus graves pecados con una urgencia como si en ello se les fuera la vida.

La intención de los hombres de Dios que el Creador enviaba a su pueblo era hacer ver a Israel su gran necesidad y su enorme orfandad sin Dios. Y es que reconocer nuestra necesidad es una de los grandes problemas que surgen cuando nos llenamos de arrogancia pensado que todo lo podemos por nosotros mismos.

La primera grande característica de una persona con humildad es justamente que reconoce que necesita de Dios y de otras personas. El altivo y soberbio cree y actúa como si jamás fuera a necesitar de nadie. Se cree tan autosuficiente que vive como si durante toda su vida no requiera ayuda.

Santiago pide, entonces, que se aflijan, lamenten y lloren, es decir admitan su gran necesidad y gigante incapacidad de poder resolver todo lo que puede llegar a su vida ante la ausencia de Dios. Afligirse, lamentar y llorar es un llamado a reconocer que carecen de poder para sostenerse en esta vida.

La historia de Israel es muy aleccionadora en ese sentido porque cuando reconocían su necesidad y se humillaban Dios los salvaba de todos su enemigos, pero cuando se empecinaban en su maldad eran derrotados. La frase duro de cerviz es exactamente lo contrario a la humildad.

B. Para evitar el sufrimiento

Santiago dice claramente que la risa de los altivos se convertirá en lloro y su alegría en tristeza, en una clara manifestación que los creyentes pueden vivir alejados de Dios, sintiéndose autosuficientes, disfrutando de la vida, ese es el sentido de las expresiones risa y alegría, pero tarde o temprano eso acabará.

Este verso nos enseña una gran verdad. O nos afligimos, lamentamos y lloramos por nosotros mismos o tarde o temprano lo tenemos que hacer por causa de una calamidad que llegue a nuestra vida.

Llegamos así al tema de la humillación. Tenemos múltiples ejemplos de hombres y mujeres que se humillaron ante Dios, que se afligieron, lloraron y lamentaron y Dios los oyó y los salvó. Uno de ellos fue el rey Ezequías cuyo relato encontramos en Isaías 38:1-8.

C. Para ser exaltados

El verso diez de nuestro estudio dice así:

Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

La versión Biblia de América lo traduce de la siguiente manera: “Humíllense ante el Señor y él los engrandecerá.” Cuando Dios pide que dependamos totalmente de él o seamos humildes, lo que en realidad está haciendo es preparando el camino para darnos lo que necesitamos.

No se trata de ningún modo de que Dios nos quiera ver siempre humillados, al contrario el quiere vernos engrandecidos, pero para que eso llegue debemos aprender a ser sencillos para que a la hora que llegue la exaltación no perdamos nunca de vista que tenemos lo que tenemos o somos lo que somos gracias a Dios.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario