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lunes, junio 21, 2021
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Una fe práctica para una vida práctica nos exhorta para dejar el favoritismo

La Biblia dice en Santiago 2:1-4

Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. 2 Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, 3 y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; 4 ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?

Introducción

La iglesia no puede ser un lugar donde haya distinción de clases sociales. La iglesia es el cuerpo de Cristo que recibe a todos dándoles el mismo trato. Santiago quiere erradicar de las congregaciones cristianas todo rasgo de discriminación, distinción o trato preferencial ante creyentes que no habían comprendido bien el mensaje de Cristo.

Una lectura simple de los evangelios nos permite comprender qué Jesús se acercó a los marginados sociales. Tuvo un palabra para las mujeres, para las mujeres pecadoras, para los samaritanos, para los publicanos y para todos aquellos que la sociedad judía había excluido por considerarlos impuros o indignos del amor de Dios.

En las palabra del autor de esta epístola hay una clara intención de precisar entre los creyentes la perniciosa y equivocada idea de que los seres humanos valen más o son distintos en función de lo que tienen materialmente. Eso es un error que se tenía y se tiene que corregir al interior de la iglesia.

El cuerpo de Cristo no puede construirse sobre esta tierra con esa clase de ideas que hacen distingos entre las personas. El mensaje de Cristo fue claro: todos los hombres son iguales ante Dios, necesitados de su gracia, perdidos por el pecado y redimidos por el mismo precio: la muerte de Cristo en la cruz.

Si de algo nos debe curar el cristianismo es de diferenciar entre las personas e inclinarnos por quién pensamos es más digno de nuestra atención o nuestro afecto. Necesitamos curar nuestros pensamientos e ideas que tenemos ante la discriminación racial o económica.

Una fe práctica para una vida práctica nos exhorta para dejar el favoritismo

A. Por la condición económica de las personas
B. Para no juzgar equivocadamente

La discriminación ha existido prácticamente desde que el hombre comenzó a llenar la tierra y es un mal extendido por todo el mundo. La idea equivocada de que hay hombres mejores que otros ha llevado a la humanidad a grandes conflictos bélicos que han matado a muchos seres inocentes.

En la iglesia primitiva esa enfermedad del alma se introdujo y Santiago la contrarrestó de inmediato debido a que pensar de esa manera causa divisiones y segrega a las personas causando grandes males no solo a la iglesia, sino a toda la sociedad en su conjunto porque separa a los hombres.

La palabra acepción que utiliza Santiago se traduce como parcialidad o favoritismo. Se usa cuatro veces en el Nuevo Testamento en Romanos 2: 11, Efesios 6: 9, Colosenses 3: 25 y Santiago 2: 1 y nos muestra que Dios no tiene favoritos o personas a las que trata de un modo distinto que otros.

Y eso es lo que quiere enseñarnos en estos versos que hoy estudiaremos en nuestra serie una fe práctica para una vid práctica.

A. Por la condición económica de las personas

Tener preferencia por una persona por su condición económica o despreciar a un ser humano solo por lo que tiene o no tiene es una de las más graves equivocaciones o más lamentables actitudes que una persona puede cometer en esta vida. Entre los creyentes es inaceptable porque renuncia a mirar el corazón de las personas antes que lo externo.

Santiago pone el ejemplo de una persona rica y una persona pobre que entran a una congregación y el trato que se les da en la iglesia. Es un grave error tratar bien al rico y tratar mal al pobre. Es una favoritismo dañino no solo para quien lo sufre, sino particularmente para la iglesia que debe mirar con amor a todos.

No podemos ni debemos tener como referente que tiene una persona o que no tiene para tratarlos. En realidad debemos trata de igual forma a todas las personas porque al final de cuentas delante de Señor todos los seres humanos somos iguales. Nadie es más, ni nadie es menos.

En la época de Santiago las personas ricas se les daba un trato distinto que a las pobres y eso fue censurado por el escritor de la epístola porque va en contra de los principios del cristianismo.

B. Para no juzgar equivocadamente

Los seres humanos hacemos a diario juicios de valor. Juzgamos a las personas con las que interactuamos, pero solemos equivocarnos cuando se trata de encasillar o colocar a un individuo en función de sus bienes materiales. Santiago dice que cuando tratamos bien a un rico y mal a un pobre estamos juzgando equivocadamente.

Santiago les dice lo siguiente: “ustedes se convierten en jueces con malos pensamientos”.

El favoritismo en una manera de juzgar indebidamente a los demás. Juzgar es prerrogativa exclusiva de Dios porque él es el único que sabe perfectamente todas las motivaciones del corazón de cada una de las personas. Nosotros solo juzgamos superficialmente o por encima y eso es totalmente erróneo.

Actuar de esa manera hace que nuestra mente se llene de malos pensamientos que dañan nuestra vida y dañan la vida de los demás.

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