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lunes, junio 21, 2021
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Una fe práctica para una vida práctica nos hace apreciar a los pobres

La Biblia dice en Santiago 2: 5-9

5 Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? 6 Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? 7 ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? 8 Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.

Introducción

El tema de los ricos y los pobres, Santiago lo desarrolla a lo largo de toda su carta. Se trata de un tema central en su escrito para hacer ver la gran diferencia entre los ricos y los pobres. De hecho lo hizo desde el primer capítulo, lo hace en el segundo y finalmente en el capítulo cinco lo reafirma.

En los tiempos del autor de la carta estaban muy marcadas las clases sociales . Imagínense, estamos hablando de una etapa de la historia donde la esclavitud no solo era aceptada, sino que promovida como un medio para obtener riquezas y los pobres eran vistos como desechos sociales.

La intención de Santiago es más que clara y evidente: quiere que la iglesia sepa inclinarse hacia los pobres. Que procure atenderlos y ante la disyuntiva de preferir a un rico de un pobre la iglesia se solidarice con los menesterosos y explica las razones de esta determinación, no lo hace por lastima.

Es un hecho que siempre habrá más pobres que ricos. Si en aquellos tiempos era una verdad innegable, en nuestros tiempos el número de pobres frente a los que detentan el dinero en el mundo y México es abismal. Las riquezas del mundo están en manos de unos cuantos frente a miles de millones de seres sin dinero.

La carta nos lleva a una de las verdades que se ha ido perdiendo y es la conciencia social de mirar a los necesitados y optar por ellos sabiendo que los creyentes pobres Dios ha depositado en ellos una gran fe y son herederos del reino de los cielos que Dios ha prometido a los que le aman.

Santiago fija claramente la diferencia entre los pobres y los ricos. De los ricos dice que son lo que se oponen a la iglesia y que esta oposición hace que los lleven a los tribunales, pero sobre todo porque los ricos de los que habla blasfeman el nombre de Dios en una clara manifestación de su actitud desafiante contra Dios.

La iglesia debe tener en consideración estas verdades a la hora de tener ante sí la necesidad de decidirse entre un pobre y un rico. Una disyuntiva muy básica a la hora de hacer a un lado nuestros grandes prejuicios y nuestras inclinaciones por quienes tienen dinero y pueden hacer algo por nosotros.

Una fe práctica para una vida práctica nos hace apreciar a los pobres

A. Porque son ricos en fe y herederos del reino
B. Para no afrentarlos
C. Porque los ricos blasfeman
D. Para no ser convictos de la ley

Santiago quiere que los creyentes no tengan dudas a la hora de decidirse por los pobres frente a los ricos. Esa es su principal meta para con los seguidores de Jesús que leerán su carta.

A. Porque son ricos en fe y herederos del reino

El primer verso de este texto dice de la siguiente manera:

5 Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

La respuesta a esta interrogante es sí. Los pobres han sido elegidos por Dios para que sean rico en fe. La razón de este pasaje se explica cuándo comprendemos que a falta de recursos los pobres deben depositar toda su fe en el Señor Jesucristo. No hay alternativa porque no tienen recursos económicos y al no tenerlos deben confiar totalmente en Dios.

Es un abandono completo a la voluntad de Dios para que los ayude a sortear las más diversas necesidades que viven cotidianamente. A diferencia de los ricos que en cuento tienen un problema de inmediato miran en su dinero la posibilidad de resolverlo sin acudir a Dios.

Aunque son términos muy distintos la bienaventuranza de los pobres en espíritu, el principio es básico e idéntico: el pobre en espíritu es aquel que no tendiendo ningún bien recala en Dios como su única ayuda y su único auxilio en medio de grandes carencias y dificultades.

Pero además de ser ricos en fe, los pobres también son herederos del reino que Dios ha prometido a los que le aman. Es muy probable que Santiago está pensando en la parábola del rico y Lázaro relatada en el evangelio de Lucas 16: 19-31 donde queda claro que en medio de su pobreza Lázaro abrazó la fe y fue premiado con el paraíso.

No es que los pobres en automático alcancen la salvación. Santiago está hablando aquí de los pobres que han creído en Cristo Jesús. No está hablando de los pobres por el solo hecho de ser pobres. En ese caso, la redención en Cristo estaría basada en la condición social de las personas y ese no es el punto.

B. Para no afrentarlos

Santiago acusa a sus lectores de haber afrentado al pobre. La afrenta a la que se refiere por el contexto que tenemos es la discriminación. La iglesia a la que escribe el autor de la carta había cometido un falta sumamente grave, había hecho a un lado a los necesitados y había optado por quedar bien con los ricos.

La palabra “afrentar” se traduce de las más diversas maneras: “maltratar”, “menospreciar”, “humillar” y “despreciar”. Eso era lo que habían hecho con los menesterosos los lectores de Santiago. Habían cometido una grave equivocación contra ellos, intolerable, inaceptable y censurable.

Los pobres que han creído en Cristo no merecen esa clase de trato. Hacerlos a un lado y optar por los ricos no debe agrada a Dios que mira siempre el corazón, más que lo exterior de una persona.

C. Porque los ricos blasfeman

El verso siete de nuestro estudio es claro cuando señala lo siguiente:

7 ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?

Los ricos de los que habla Santiago no creen en el Señor. Al contrario blasfeman el nombre de Dios. Esa palabra es durísima. No se trata de cualquier falta. La palabra “blasfeman” que usa el autor de la epístola aquí procede de la raíz griega “blasphemeó” que se traduce como alguien que habla mal o insulta lo sagrado o lo que merece veneración, en este caso Dios.

Los ricos no tienen cuidado de lo que hacen o dicen. Son insensatos e imprudentes y al hablar de las cosas de Dios lo hacen con tal ligereza que al optar por ellos en lugar de los pobres estamos incurriendo en una grave falta.

D. Para no ser convictos de la ley

Los últimos dos versos de nuestro estudio dicen de la siguiente manera:

8 Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.

El favoritismo hacia los ricos en menoscabo de los pobres convierte a quien lo practica en convicto por transgredir la ley.. Un convicto es una persona culpable. Amar al prójimo como a uno mismo como manda Jesús se debe traducir en amar a los pobres.

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