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jueves, mayo 13, 2021
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Una fe práctica para una vida práctica nos permite conocer al Padre de las luces

La Biblia dice en Santiago 1: 16-18

Amados hermanos míos, no erréis. 17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. 18 El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Introducción

Pensar que Dios nos mete en tentaciones es algo equivocado y debe corregirse porque es un auto engaño para evitar nuestra responsabilidad cuando somos tentados y pecamos. Santiago quiere que sus lectores comprendan claramente la naturaleza del Padre al que llama de las luces.

Algunas versiones traducen en lugar de “las luces” como “el que creó las lumbreras celestes” o también “quien creó todas las estrellas del cielo” que sirven para definir el poder del Padre, un poder que está mucho más allá de lo que podemos imaginar o comprender y ese Padre con esa potencia o ese poder es el que tenemos todos los hijos de Dios.

Hay tres aspectos muy claros que Santiago quiere abordar respecto al padre de las luces. En primer lugar quiere que sepamos lo que él hace o lo que él ofrece a quienes creen en su nombre: ofrece regales y obsequia dones a sus hijos que llegan ante su presencia con el corazón abierto. El no envía tentaciones, el envía regalos y dones.

En segundo lugar el autor de la carta nos lleva a pensar que el Señor tiene una naturaleza completamente distinta a la que nosotros entendemos. El padre de las luces no cambia, ni varía. Se mantiene fiel a sus promesas y compromisos que tiene con su creación y con sus criaturas.

Y en tercer lugar ese Padre nos hizo nacer. Nos engendró y en consecuencia nos dio vida a todos nosotros. Cuando estábamos muertos en delitos y pecados él nos dio la vida espiritual, es ilógico pensar entonces que el promueva la tentación en nuestra vida para que caigamos en pecado y la muerte venga a nuestra existencia.

Santiago tiene la clara intención de corregir una idea equivocada respecto a lo que Dios sí da y lo que Dios no envía. Jamás Dios nos va a incitar al mal, al contrario lo que va a hacer por nosotros y hace es prodigarnos con bienes gracias a su poder infinito comenzando con hacernos nacer de nuevo.

Una fe práctica para una vida práctica

Nos permite conocer al Padre de las luces

A. Un Padre obsequioso
B. Un Padre que no cambia
C. Un Padre que nos engendró

Al hablar del Padre de las luces, Santiago comienza llamando a sus lectores como “amados hermanos míos”, una frase que repite a lo largo de la carta 1: 19, 2: 1, 14, 3: 1. Para luego decirles que no deben errar o equivocarse. La palabra “erréis” procede de la raíz griega “planaó” y se traduce como “extraviarse del camino” por eso algunos la vierten como vagar.

La versión Reina Valera 1960 la presenta como errar porque quien pierde el rumbo o la dirección generalmente se equivoca o yerra y los creyentes de la época de Santiago estaban llegando a esa condición al pensar que Dios les enviaba las tentaciones y por eso lo corrige de manera inmediata.

Y por eso presenta a Dios como un Padre. Aquí hablamos de un padre presente en la vida de los hijos, no un padre ausente como el que muchos de nosotros tuvimos. Dios de ningún modo puede ser un padre así, al contrario es un papá que se ocupa de cada una de las necesidades de sus hijos.

Y así es como nos lo va a presentar el autor de la carta para corregir los errores en la concepción de Dios por parte de los cristianos del primer siglo, que por cierto estaban aprendiendo a ver a Dios como un padre.

A. Un Padre obsequioso

Dios en un Padre cortés y dadivoso. No se comporta con los hijos ni distante ni mucho menos insensible y para ello Santiago nos dice que ese padre que nosotros tenemos nos da dos cosas o nos entrega un par de bendiciones a nuestra vida

Nos da toda buena dádiva

La palabra dádiva que usa aquí el Nuevo Testamento procede de la raíz griega “aghatos” que se traduce como bueno. El Padre nos da lo toda clase de bien porque no puede hacer otra cosa porque esa es su naturaleza. El Padre tiene para nosotros toda cosa buena, como el papá humano que si su hijo le pide pan le da un pan no una serpiente.

Cristo dijo en Mateo 7: 9-11 lo siguiente:

9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Nos da todo don perfecto

La palabra don que se utiliza en este texto solo se menciona dos veces en todo el Nuevo Testamento y tiene la idea de un regalo generoso. No propiamente a un don espiritual que en griego es “karisma”, sino en el sentido de un obsequio que requería la persona que lo recibe por eso se acompaña de la expresión “perfecto” que se traduce como maduro.

Dios le da a sus hijos obsequios que necesitan y por eso son perfectos. Dios jamás nos dará algo que no necesitamos. A veces disputamos con el Señor porque pensamos que no nos da lo que necesitamos, pero la realidad es que él sabe perfectamente que es lo que requerimos en las diferentes etapas de nuestra vida.

B. Un Padre que no cambia

Dios no cambia de parecer. Si ha dicho algo lo va cumplir. Una de las verdades que Santiago quiere que los creyentes sepan es que tenemos un Padre inmutable o que es el mismo de ayer, hoy y para siempre. No cambia de parecer como los dioses griegos que se comportaban caprichosamente. Dios no es así.

No hay mudanza

La palabra mudanza que usa el Nuevo Testamento en esta frase procede de la raíz griega “parallagé” que litealmente significa que no varia. Dios no tiene variaciones. Se mantiene igual siempre. Para entender mejor el término variar podemos utilizar la energía eléctrica. Para que los focos de la casa mantenga su potencia la energía no debe variar.

Si varia, la luz va y viene porque los focos están fabricados para recibir cierta cantidad de wats de potencia. Cuando la Escritura dice que Dios no varia lo que esta diciendo es que no cambia. Es siempre el mismo. El Padre que nosotros tenemos es un Padre que se mantiene firme en lo que ha dicho.

No hay sombra

La palabra sombra es un referente a los objetos frente al sol. El sol va avanzando y conforme camina los objetos reciben su luz y van proyectando una sombra. De la mañana a la tarde el mismo objeto tiene diferentes sombras. Dios no tiene ese tipo de cambios. El permanece idéntico.

El Padre que tenemos nos se mueve de un lado a otro para evadir lo que nos ha prometido. Al contrario siempre se mantiene en una constante manifestación de amor y compasion para con todos nosotros.

C. Un Padre que nos engendró

El último verso de nuestro texto en estudio dice así: El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Santiago termina el tema del Padre de las luces haciéndonos ver que Dios nos hizo nacer o nos dio vida a través de la palabra de verdad. Dios es veraz, nunca miente y siempre hace brillar su veracidad porque esa es su esencia. El creyente nace de nuevo cuando cree las palabras de Cristo.

La idea que Santiago tiene es que no podemos caer en mentiras como la de creer que la inclinación al mal surge de Dios. Eso no viene de Dios, sino de nosotros mismos. Él nos dio vida y el pecado nos provoca la muerte. Si Dios nos inclina al mal para que entoces nos hizo nacer.

Finalmente el autor de la carta nos presenta el propósito por el cual tenemos vida: somos primicias de sus criaturas.

La Nueva Versión Internacional traudce este texto de la siguiente manera: 18 Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores frutos de su creación.

Los creyententes nacieron de nuevo como una demostración que son lo más valioso para Dios y son valiosos, cómo alguien puede pensar que la tentación proviene de Dios, por eso les pide que no se equivoquen.

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