La Biblia dice en Santiago 5:4-6

He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. 5 Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. 6 Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.

Introducción

El avaro convierte al dinero en su dios. Por eso Pablo dice que la avaricia es una forma de idolatría. Los avaros se rinden incondicionalmente a las riquezas, los dominan y controlan de tal manera que todo lo que hacen, lo hacen en función de lo que perderán o ganarán en términos materiales.

Santiago dirige expresiones muy fuertes contra ellos. Les reprocha su insensibilidad y luego de anunciarles lo que les vendrá debido a su codicia, pasa ahora a advertirles que Dios ha conocido las vilezas que han cometido para hacerse de su dinero o de sus tesoros. También para señalarles que el uso de sus bienes es algo reprobable.

No es que Dios esté contra las personas que tienen muchos bienes. Nada de eso. El Creador está en contra de aquellos que para aumentar sus bienes se valen del dolor ajeno o de no pagar lo correspondiente a los trabajadores que emplearon en una actitud por demás insensible y ventajosa.

Los ricos que condena Santiago son aquellos que en su avaricia retienen salarios mientras disfrutan placeres y deleites como si nada debieran o como si su dinero tuviera un origen lícito sin saber lo inapropiado de esta clase de conducta.

Al más puro estilo profético del Antiguo Testamento, Santiago les habla para anunciarles el severo juicio de Dios que les vendrá porque con su actitud han condenado y matado a seres inocentes sin que ellos les opusieran resistencia, hecho que efectivamente ocurrió porque Santiago no habló por hablar.

Una fe práctica para una vida práctica

Nos separa de la avaricia

A. Que nos daña y daña a otros
B. Que nos hace nuestros propios dioses
C. Que nos lleva causar grandes males

La codicia y avaricia son hijas de los mismos padres: la ambición y el amor al dinero, con tal gen las personas solo viven para buscar lo material sin importar lo que se tenga que hacer, son amorales porque las riquezas mal habidas y quien se deja controlar por ellas, carecen de valores.

Además este tipo de personas resultan repulsivas para Dios porque hacen de lo material, los bienes, las riquezas, tesoros y dinero un dios que domina absolutamente sus vidas, pierden su alma con tal de tener mucho dinero.

A. Que nos daña y daña a otros

El verso cuatro de nuestro estudio es contundente en la acusación contra los ricos porque señala con toda claridad su pecaminosa conducta.

He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.

El autor de la carta dice con toda claridad que han engañado a los trabajadores con respecto a su pago. No les han querido pagar argumentando que no hay ganancias. Es obvio que el problema radica en que sí hay dinero, pero no quieren ejercerlo para cumplir con sus obligaciones patronales.

No es que vayan a regalarles el dinero. No. Tampoco se trata de un acto benefactor. Se trata de darles lo que les corresponde porque ya recogieron sus cosechas, pero simplemente estas personas que estaban en la iglesia del primer siglo no cumplian con el pacto que habían hecho con sus jornaleros.

Estamos hablando de una injusticia colosal que Dios escucha, ve y conoce. Esa clase de injusticia no puede pasar por alto nunca por parte del Creador porque constituye un agravio en contra de personas que carecen de formas para sobrellevar sus necesidades y porque han trabajado ya.

Dios se convierte en automático del defensor de esa clase de personas que son vejadas y el castigo que se cierne sobre quienes perpetran esa clase de maldad es grande e inimaginable de tal manera que les espera situaciones sumamente dolorosas por actuar de esa manera con la gente necesitada.

B. Que nos hace nuestros propios dioses

El verso cinco de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza.

Así traduce este verso la versión Dios Habla Hoy: “Aquí en la tierra se han dado ustedes una vida de lujo y placeres engordando como ganado, ¡ya llega el día de la matanza!”.

De esta manera Santiago nos ofrece lo que los ricos que no pagaban a sus trabajadores hacían con ese dinero. En lugar de usarlo para una causa benéfica o por alguna gran urgencia suya, en realidad lo utilizaban para vivir una vida ostentosa a costa de los obreros que ya habían laborado.

La avaricia convierte a las personas en sus propios dioses porque solo viven para sí. El autor de la epístola es particularmente duro con ellos porque los compara con ganado engordado exclusivamente para el día de la matanza cuando los carniceros escogen lo mejor que tienen para sacrificarlo.

La avaricia es idolatría dice Pablo en Colosenses 3:5 para mostrar que un avaro convierte el dinero en su dios y vive solo para él. Le rinde pleitesía y sucumbe a todos sus deseos, incluso aquellos que perjudican a los demás, pero como es su dios no repara en ello y se siente mal por hacerlo.

C. Que nos lleva a causar grandes males

El verso seis de nuestro estudio dice así:

Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.

La avaricia puede llevar a una persona a matar a otro con tal de seguir teniendo dinero. Santiago plantea que algunos de quienes leerían la carta habían condenado y dado muerte al justo sin que éste pudiera resistirlo porque no tenía la fuerza económica para enfrentar la injusticia que contra ellos se cometía.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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